Por qué baja el riesgo país: una buena del exterior y ayuda interna

Fuente: AP - Crédito: Richard Drew
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19 de enero de 2019  

Hasta en los despachos oficiales admiten que la fuerte baja de la sobretasa de riesgo país desde fin de diciembre debe atribuirse principalmente al comportamiento de los mercados externos. No obstante, algunos factores internos también contribuyeron para que esta semana lograra ubicarse por debajo de los 700 puntos básicos, que parecían un piso imposible de perforar hasta hace menos de dos meses.

Los mercados internacionales habían sufrido una alta volatilidad en vísperas de la última Navidad, a tal punto que Wall Street registró la mayor caída en 100 años para una jornada, en una de las peores semanas desde la crisis de 2008 que consumió buena parte de las ganancias del año. Luego repuntó con la mayor suba en 9 años.

Esto ocurrió pocos días después de que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) subiera la tasa de referencia a un rango de entre 2,25 y 2,50% por cuarta vez en 2018. No era una buena noticia para los mercados emergentes, ni mucho menos para la Argentina con su vulnerabilidad externa. Así, el 27 de diciembre el índice de riesgo país que elabora el banco JP Morgan (EMBI AR) llegó a un pico de 837 puntos básicos, el más alto en la gestión de Cambiemos.

La calma llegó a los mercados cuando ese día la Casa Blanca respaldó la continuidad del presidente de la Fed, Jerome Powell, quien había sido blanco de duras críticas de Donald Trump por su política de suba gradual de tasas para evitar un rebrote inflacionario. También comenzaron a procesar que el anuncio de la Fed incluía una moderación en la frecuencia de ajustes para este año, lo cual incentiva la búsqueda de oportunidades en activos de países emergentes, que sufrieron el año último una fuerte reversión de sus flujos de capitales hacia los mercados de países desarrollados.

Este punto de inflexión distendió el clima financiero y bursátil, que, de rebote, alcanzó marginalmente ahora a los activos argentinos que se desplomaron durante la crisis de 2018.

Hasta entonces, de nada había servido que en junio la Argentina fuera elevada a la categoría de mercado emergente justo cuando volvió a ser un país poco confiable por su excesivo endeudamiento externo. Por eso debió recurrir al auxilio financiero del Fondo Monetario Internacional, a través de dos acuerdos sucesivos, y al reemplazo de otros tantos presidentes del Banco Central (Federico Sturzenegger y Luis Caputo). La desconfianza de los fondos de inversión llegó a tal extremo, que ni el apoyo de Estados Unidos ni el refuerzo del crédito del FMI para cubrir con creces los vencimientos de deuda para todo este año alcanzaron para reducir el riesgo país. La incertidumbre electoral y el peso recargado de las futuras obligaciones externas (especialmente para 2022 y 2023, cuando deberá reembolsarse el crédito stand- by del Fondo) pasaron a ser los argumentos de los analistas para justificarla. No son factores que hayan desaparecido.

Sin embargo, en el arranque de 2019 los bonos soberanos de menor plazo comenzaron a repuntar desde sus mínimos; presumiblemente porque algunos fondos habrían vuelto a incluir una mínima proporción de títulos argentinos en sus carteras de mayor riesgo, aprovechando la categorización del mercado local como emergente. Además, en la última licitación de Letes en dólares en el mercado local, el Tesoro logró cubrir el total de vencimientos a una tasa de 4,75% anual y plazos posteriores a las PASO de agosto.

Aquí comenzaron a jugar a favor otros factores domésticos que contribuyeron a inclinar la curva de riesgo hacia abajo. Por un lado, la estabilización del dólar con el esquema de banda cambiaria móvil y la expansión cero de la base monetaria, que acaba de pasar su primer test de compra de reservas por parte del BCRA. Por otro, el ministro Nicolás Dujovne anunció ayer el sobrecumplimiento de la meta de reducción del déficit fiscal primario (sin intereses de la deuda) fijada para 2018. Y todo indica que el programa financiero para este año electoral tiene altas chances de ser cubierto sin sobresaltos, de no mediar otros shocks externos.

Por cierto que una sobretasa de riesgo país superior a los 600 puntos básicos (ayer quedó en 672) no es para festejar, ya que implica un costo de financiamiento cercano al 10% anual en dólares. Y mantiene a la Argentina alejada de un retorno a los mercados financieros externos para el roll over de los vencimientos de capital tras el pago de intereses, como lo hace la mayoría de los países del mundo. Sin ir más lejos, Uruguay acaba de colocar bonos a 12 años de plazo a una tasa de 4,75% anual, que le permite refinanciar obligaciones contraídas al 7%.

En este terreno, cumplir la meta de déficit fiscal primario cero prevista en el Presupuesto 2019 pasa a ser crucial para reducir el desequilibrio de la cuenta corriente externa. No es sencillo en un año electoral, y menos con final abierto. Pero el escenario futuro compromete tanto al oficialismo como a la oposición, a menos que algún sector político apueste irresponsablemente a otro default de la deuda. La baja del riesgo país no será abrupta, ni mucho menos está asegurada en el plano interno. Como diría Reynaldo "Mostaza" Merlo, habrá que lograrla paso a paso.

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