Un costo de oportunidad significativo
Miguel G. Peirano Para LA NACION
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El desenvolvimiento del país se vería favorecido con un plan económico explícito y de largo plazo, donde todas las decisiones se analicen en sus efectos conjuntos. Nuestro presente permite observar los costos de oportunidad que se afrontan por la existencia de una sumatoria de medidas desarticuladas, que intentan lograr objetivos específicos, pero que en su totalidad no responden a una planificación global de la economía.
Una muestra evidente de ello es el elevado nivel de inflación que se registró en 2009, en un contexto de dificultades significativas en los niveles de actividad y caída del tipo de cambio real. Es una consecuencia de problemas estructurales en el funcionamiento de la economía y pone de relieve los costos que se afrontan por la falta de un abordaje integral del tema.
Inflación y campo
La inflación no debe enfocarse desde la tradicional y restrictiva visión monetarista, y tampoco su análisis puede centrarse en los niveles salariales o de tipo de cambio real. También es claro que lejos está de ser resuelta con acuerdos de precios o restricciones a las exportaciones.
Estos son instrumentos que sólo pueden utilizarse para situaciones específicas, dimensionando sus efectos limitados, y aplicados con análisis consistentes que prioricen el incremento de la producción futura. Por tanto, la disminución de la inflación debe encararse en el marco de una estrategia global del funcionamiento de la economía, donde la política cambiaria, fiscal, monetaria, comercial y las decisiones sectoriales se articulen conjuntamente, con el objetivo de priorizar crecimiento, estabilidad y mejora de la distribución del ingreso.
El conflicto con el campo es otra muestra de dificultades a la hora de planificar el largo plazo y profundizar los análisis sectoriales. De hecho, la resolución 125 implicaba que los incrementos de costos debían ser absorbidos por los productores, mientras la mayor parte del crecimiento de precios internacionales correspondía a incrementos de retenciones.
Muy distinto era el objetivo racional de vincular el mayor o menor nivel de retenciones a la evolución de precios internacionales, pero debía considerarse la evolución de los costos, los mercados a futuros y la escala de marginalidad de las retenciones. Incluso fue reconocida de inmediato por las autoridades económicas la existencia de errores en la fórmula, que podrían haber cambiado el espíritu de la discusión.
Además, se demoró en encarar una estrategia de segmentación de las retenciones, que entidades como la Federación Agraria planteaban de forma muy consistente.
Heterodoxia y planificación
Hacia futuro es determinante enfatizar que la efectividad de los enfoques económicos heterodoxos requiere que se articulen en políticas ordenadas de largo plazo, con reglas de juego estables, que otorguen certidumbre en los agentes económicos.
Frente a un Estado que promueve políticas sectoriales, debe prevalecer el desafío para que todas las reglas sean expresas, tengan el desarrollo normativo adecuado y prioricen el consenso. De ninguna manera este consenso debe ser interpretado como un mecanismo en el que las decisiones se toman de común acuerdo, sino como una forma de profundizar el análisis de las decisiones.
Asimismo, la planificación de la economía debe surgir de una amplia convocatoria académica y política y, fundamentalmente, requiere la existencia de áreas del Estado jerarquizadas y específicamente dedicadas a este objetivo.
Estrategia y futuro
La falta de un plan global y sus costos para la economía no deben llevar a desvalorizar decisiones del Gobierno. En el corto plazo, no puede minimizarse el hecho de que la Argentina ha enfrentado la crisis mejor de lo previsto por muchos analistas. Para esta realidad han colaborado medidas adoptadas, tales como la existencia de un sistema financiero no dolarizado, un tipo de cambio flotante, la política comercial de resguardo frente a las importaciones de los sectores de mano de obra intensiva, estrategias frente a negociaciones comerciales internacionales, el objetivo explícito de recuperar financiamiento en el mercado voluntario de deuda, el esfuerzo por sostener el mercado interno y la instrumentación de la asignación universal por hijo. Es claro también que el bajo nivel de endeudamiento de empresas y particulares que caracteriza a nuestro país favoreció en mucho el desenvolvimiento frente a la crisis internacional.
De todos modos, esta enumeración no elude los costos que se originan por la falta de un plan económico integral.
Respecto del futuro podemos encararlo con optimismo, ya que existe un horizonte promisorio siempre que se logren enriquecer las políticas sobre la base del análisis de las experiencias de estas últimas dos décadas, evitando visiones neoliberales, ortodoxas e inconsistentes o sesgos que lleven a concepciones de intervencionismo poco eficiente y sin planes explícitos de largo plazo.
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