
Así es el portaaviones Charles de Gaulle que Francia envió al Mediterráneo por la guerra en Irán
En plena escalada internacional y con el estrecho de Ormuz bloqueado, París envió al Mediterráneo su principal plataforma militar
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PARÍS.- En medio de la escalada abierta tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, Europa parece haber despertado. Emmanuel Macron ordenó mover una de sus piezas más pesadas: el portaaviones nuclear Charles de Gaulle dejó el Mar del Norte y puso rumbo al Mediterráneo.
La decisión va mucho más allá de un simple despliegue naval. París intenta posicionarse como garante de la seguridad marítima en un momento de máxima tensión global.

El cierre del estrecho de Ormuz disparó los precios del petróleo y volvió a colocar en primer plano el control de las rutas energéticas. En ese contexto, Macron impulsa una coalición internacional para “asegurar las vías marítimas esenciales”, una estrategia que algunos analistas describen como una forma de disuasión avanzada.
Macron indicó que el Charles de Gaulle estará escoltado por su escuadrón aéreo y por las fragatas que lo acompañan.
“Di la orden al portaviones Charles de Gaulle, a sus medios aéreos y a su escolta de fragatas de emprender camino hacia el Mediterráneo”, afirmó el mandatario en un discurso transmitido por televisión.
Macron también anunció que enviará aviones Rafale, sistemas de defensa antiaérea y de radar aerotransportado, que fueron desplegados “en las últimas horas”; y que enviará a Chipre la fragata Languedoc y medios antiaéreos.
Símbolo
El Charles de Gaulle no es un buque cualquiera. Es el único portaaviones de propulsión nuclear fuera de la Marina de Estados Unidos y uno de los pilares de las fuerzas armadas francesas. Bautizado en honor al general que refundó la Francia contemporánea, el navío encarna la ambición de París de proyectar poder militar sin depender de terceros.
A diferencia de los portaaviones británicos o italianos, que utilizan rampas tipo “ski-jump” para lanzar sus aviones, el R91 pertenece a la categoría CATOBAR: despegue asistido por catapultas y aterrizaje mediante cables de frenado. Esa arquitectura permite lanzar aeronaves con su carga máxima de combustible y armamento.

Un gigante de 42.000 toneladas
Las cifras ayudan a dimensionar el tamaño del buque. A plena carga desplaza unas 42.500 toneladas y mide 261 metros de eslora. Su sistema de propulsión se basa en dos reactores nucleares Areva K15, capaces de impulsar al navío a velocidades cercanas a los 27 nudos (alrededor de 50 kilómetros por hora).
La ventaja clave de la propulsión nuclear es la autonomía. El barco puede operar durante cinco años sin repostar combustible, aunque la tripulación –de más de 1900 personas– debe reabastecer víveres aproximadamente cada 45 días.

Sobre su cubierta de vuelo, de unos 12.000 metros cuadrados, opera un ala aérea de entre 30 y 40 cazas Rafale M, la versión naval del principal avión de combate francés, capaz de misiones de ataque y reconocimiento. El grupo se completa con aviones de alerta temprana E-2C Hawkeye, que funcionan como radares aerotransportados capaces de vigilar cientos de kilómetros de espacio aéreo, y helicópteros NH90 Caïman y Dauphin para operaciones antisubmarinas y de rescate.
Un buque interoperable con la OTAN
Una de las características más valoradas del Charles de Gaulle es su interoperabilidad con la Marina estadounidense. Sus catapultas de vapor –derivadas del modelo C13 utilizado por Estados Unidos– permiten que aviones como los F/A-18 Super Hornet operen desde su cubierta. En términos prácticos, eso facilita operaciones conjuntas con Washington y con la OTAN cuando la situación lo exige.
El buque también incorpora sistemas de estabilización avanzados como el SATRAP, que utiliza aletas activas y contrapesos para mantener la cubierta lo más nivelada posible incluso con mar agitado. Esa tecnología permite que los aviones despeguen y aterricen en condiciones que obligarían a otros portaaviones a suspender operaciones.
El camino hasta su entrada en servicio estuvo lejos de ser sencillo. La construcción del portaaviones comenzó en 1989 en los astilleros de Brest, pero el final de la Guerra Fría y las restricciones presupuestarias retrasaron el proyecto durante años. El buque finalmente entró en servicio en 2001.
De Afganistán a la lucha contra ISIS
Desde su entrada en servicio, el Charles de Gaulle participó en varias operaciones militares relevantes. Tras los atentados del 11 de Septiembre contra las Torres Gemelas en Nueva York, desempeñó un papel clave en Afganistán durante la operación Heracles. Una década más tarde fue central en la operación Harmattan de 2011, cuando la OTAN impuso una zona de exclusión aérea sobre Libia.

Más recientemente, el buque sirvió como plataforma para los ataques contra el Estado Islámico en Siria e Irak en el marco de la operación Chammal, lanzada tras los atentados terroristas que golpearon París en 2015.
Tras una modernización de media vida finalizada en 2018, el Charles de Gaulle atraviesa uno de sus momentos de mayor capacidad tecnológica. Sus nuevos sistemas electrónicos y radares –como el Thales SMART-S Mk2, capaz de detectar amenazas a más de 250 kilómetros— lo convierten en una verdadera fortaleza flotante.

Sin embargo, París sabe que depender de un solo portaaviones es una vulnerabilidad estratégica. Por eso el gobierno francés ya aprobó el proyecto PANG (Porte-Avions Nouvelle Génération), un futuro portaaviones nuclear de 78.000 toneladas que debería entrar en servicio hacia 2038.
Hasta entonces, el Charles de Gaulle seguirá siendo el principal símbolo del poder naval francés y, en la actual crisis internacional, una pieza clave en el intento europeo de proteger sus intereses en alta mar.
Agencias AFP y AP
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