Bolivia: Evo, el presidente que busca batir todos los récords

Si en octubre fuera reelegido, se convertiría en el mandatario con más tiempo en el poder; los opositores advierten sobre una autocracia
Adriana Riva
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2 de agosto de 2014  

El primer presidente indígena de América latina, a quien sus opositores no le daban más de seis meses en el cargo, está a un paso de convertirse en el mandatario que más tiempo gobernó Bolivia, con un grado de estabilidad política y continuidad sin precedente en el país. Y por eso, Evo Morales se ríe.

Le parece gracioso que sus rivales políticos crean que pueden arrebatarle el poder en las elecciones presidenciales y legislativas de octubre próximo. "Me causa risa cuando dicen «Vamos a derrotar al MAS [Movimiento al Socialismo, su partido]»", expresó en junio.

Lo dice con la seguridad de quien ganó cada una de las seis elecciones a las que se presentó desde 2005 y a quien ahora las encuestas dan como amplio favorito. Lo dice con la seguridad, además, de quien controla todos los poderes del Estado, en un país que muchos temen se encamine a un gobierno autocrático.

Pero a Morales ya no le alcanza con ganar sin despeinarse. Quiere arrasar. Y por eso, llamó a sus bases a votar en masa para superar la barrera del 70% en las urnas, aquellas que consolidaron su hegemonía política e institucional. En 2005, ganó con el 54% de los votos; en 2009, con el 64%. Ahora, va "por el 74%".

Independientemente de este desafío personal, si el 12 de octubre consigue su tercer mandato consecutivo, Morales sumará otro hito a su carrera política: tendrá el récord de ser el presidente democrático boliviano que más tiempo duró en el poder, por delante de Víctor Paz Estenssoro. Y todo parece jugar a su favor para que ello ocurra.

Gracias al boom de los precios de las commodities, que garantizaron altos índices de crecimiento (entre 4 y 6% anual), y un manejo cuidadoso de la macroeconomía, que generó un nivel de reservas récord (casi 15.000 millones de dólares), Morales cuenta con recursos públicos con los que ninguno de sus antecesores jamás siquiera imaginó.

El presidente es además respaldado, según la última encuesta de Ipsos, Apoyo, Opinión y Mercado, por el 73% de la población, debido, en parte, a su extraordinaria mezcla de retórica radical con políticas ortodoxas. Su base electoral es hoy mucho más amplia que la que tenía en 2005: lo respaldan movimientos sociales e inversores extranjeros; dirigentes sindicales y banqueros; agricultores cocaleros indígenas y empresarios santacruceños. Todos apoyan con igual entusiasmo al presidente más radical de los conservadores; al presidente más conservador de los radicales.

En esa mezcolanza hay varios sectores que preferirían no tener que tragarse a Evo, pero los beneficios que obtuvieron durante sus años de gobierno son tan grandes que difícilmente optarían por algo que no les garantizara estabilidad.

Después de ocho años de gobierno, Morales tiene, asimismo, un poderoso aparato comunicacional, una enorme capacidad de movilización social y un fuerte control del Estado. Frente a todo ello, una oposición desarticulada, débil y sin norte parece apostar al mal menor: evitar que Morales se adueñe de la mayoría parlamentaria, capaz de modificar otra vez la Constitución para hacerlo reelegible "for ever", como dicen sus "enemigos" yanquis. "La oposición aún no logró recomponerse y sólo vive de la crítica al gobierno. No está en condiciones de vencer, porque no logra demostrar que es capaz de gobernar, algo que para Bolivia es muy importante", explicó a LA NACION el analista Jorge Lazarte. "A falta de ese máximo, las distintas oposiciones buscan el mínimo: limitar el poder del gobierno", agregó.

Convencidos de que en política hay sumas que restan, los adversarios de Evo decidieron invertir por separado y presentaron cuatro candidaturas para competir contra el "Jefazo", entre las que se destaca la del empresario Samuel Doria Medina, respaldado por el gobernador de la región de Santa Cruz, Rubén Costas, y la del ex alcalde de La Paz y ex aliado del oficialismo, Juan del Granado.

"En los últimos años, las fuerzas opositoras fueron muy volátiles. Y conformar un frente amplio les cuesta mucho, porque lo único que tienen en común es su oposición a Evo. Fuera de ello, tienen distintas ideologías, distintas bases sociales y un aislamiento geográfico que dificulta su unión", señaló a LA NACION el sociólogo Fernando Mayorga.

Ante este panorama, el desafío para la oposición, coinciden analistas, será amarrarle las manos al gobierno para impedir que vuelva a tener el control en ambas cámaras. "Despojarle al MAS los dos tercios que ostenta en la Asamblea Legislativa será decisivo para evitar la concentración absoluta del poder. Es importante recuperar los pesos y contrapesos de una democracia", dijo a LA NACION la escritora Susana Seleme, que teme que si ello no sucede, Evo vaya por la reelección indefinida. "Debemos evitar que consolide una autocracia en Bolivia."

Morales tiene otra mirada: "Primero dijeron: «Este indio no dura más de seis meses». Ahora dicen: «Este indio se quiere quedar 50 años en el poder»". Así resumió alguna vez el presidente la visión que las viejas elites bolivianas tienen sobre él. La primera premisa fue falsa. Habrá que esperar unos años para ver qué ocurre con la segunda.

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