Brasil, de ejemplo de conservación a ver cómo se acelerala deforestación

El presidente Jair Bolsonaro está dando marcha atrás con medidas que eran consideradas ejemplares
El presidente Jair Bolsonaro está dando marcha atrás con medidas que eran consideradas ejemplares Fuente: Archivo - Crédito: Reuters
Ernesto Londoño
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2 de agosto de 2019  

BRASILIA.- La destrucción de la selva tropical en el Amazonas brasileño aumentó con rapidez en los meses que ha gobernado Jair Bolsonaro, que redujo los esfuerzos para combatir la tala, minería y explotación ganadera ilegales.

Proteger el Amazonas fue el centro de la política ambiental de Brasil durante gran parte de las últimas dos décadas. En algún momento, el éxito de Brasil al lentificar la tasa de deforestación convirtió al país en un ejemplo.

Sin embargo, con la elección de Bolsonaro, Brasil ha virado considerablemente al retirarse de los esfuerzos que alguna vez hizo por reducir el calentamiento global.

Durante su campaña para la presidencia en 2018, Bolsonaro declaró que las amplias tierras protegidas de Brasil eran un obstáculo al crecimiento económico y prometió abrirlas a la explotación para fines comerciales. Tras siete meses de mandato, eso ya está sucediendo.

La parte brasileña de la Amazonía perdió más de 3000 km2 de área boscosa desde que Bolsonaro asumió el cargo en enero, un aumento del 39% respecto del mismo período del año pasado, según la agencia del gobierno que monitorea la deforestación. Tan solo en junio, cuando empezó la temporada más seca y templada que facilita la tala, la tasa de deforestación aumentó de manera drástica: alrededor de 80% más pérdidas que en junio de 2018.

Estos aumentos se registran en momentos en que el gobierno de Bolsonaro ha retirado medidas medioambientales como las multas, advertencias y la confiscación o destrucción de equipo ilegal que haya en áreas protegidas.

Un análisis de registros públicos encontró que las acciones de aplicación por parte de la principal agencia medioambiental brasileña cayeron en 20% durante el primer semestre de este año en comparación con el mismo período de 2018. La baja significa que amplios sectores de la selva pueden derribarse sin mayor resistencia de las autoridades.

Las dos tendencias -el aumento de la deforestación y la renuencia del gobierno a lidiar con la actividad ilegal- tienen en estado de alarma a investigadores, ambientalistas y exfuncionarios que afirman que el mandato de Bolsonaro significará pérdidas enormes para uno de los recursos naturales de mayor importancia para el mundo.

Bolsonaro minimizó los datos nuevos respecto de la tala al calificar de "mentiras" las cifras de la agencia de su propio gobierno, una aseveración que los expertos dijeron no tiene fundamentos. Durante una reunión con periodistas internacionales a mediados de julio, el presidente comentó que la preocupación por el Amazonas se debe a una "psicosis medioambiental" y dijo que lo que sucede ahí no le compete a los extranjeros.

Esa postura desató fuertes críticas entre líderes de Europa, poco después de la firma de un acuerdo de libre comercio de Brasil y otros tres países sudamericanos con la Unión Europea, pacto que incluye compromisos ambientales.

Durante una visita reciente a Brasil, el ministro de Cooperación y Desarrollo Económico alemán, Gerd Müller, dijo que proteger el Amazonas es un imperativo global, especialmente debido a que tiene un papel vital en la absorción y retiro del dióxido de carbono emitido a la atmósfera; de modo que esa selva tropical es esencial en el esfuerzo por frenar el calentamiento global. Cuando hay tala, quema o derribo, ese dióxido de carbono es liberado de nuevo hacia la atmósfera.

Alemania y Noruega ayudan con el financiamiento de un fondo de conservación amazónico de 1300 millones de dólares, pero el gobierno de Bolsonaro ha cuestionado si el fondo es efectivo, lo que sugiere que podría poner fin al esfuerzo.

En la campaña, Bolsonaro prometió incluso eliminar el Ministerio de Medio Ambiente, aunque al final no lo hizo por la presión del sector agrícola del país, que temía que tal acción resultara en un boicot a productos brasileños.

Unas semanas antes de su toma de posesión, Brasil se retiró de manera abrupta de su compromiso para ser sede de una cumbre sobre el cambio climático. Luego, ya en el cargo, Bolsonaro redujo en 24% el presupuesto de la agencia medioambiental, parte de un esfuerzo general por reducir los costos del gobierno.

Bolsonaro también ha denunciado que las multas ambientales son una "industria" que necesita eliminarse, y su gobierno ha dicho que planea debilitar la autoridad que tienen los agentes de protección medioambiental para quemar vehículos y equipo que pertenezcan a mineros y taladores ilegales en áreas protegidas.

El presidente brasileño ha minimizado las críticas internacionales a tales posturas con el argumento de que los llamados para preservar esas partes de Brasil son solo un plan global para frenar el desarrollo de su país. Este julio acusó a los líderes europeos de buscar la conservación del Amazonas porque ellos son quienes quieren usarla en el futuro. "Brasil es como una virgen cotizada que todos los pervertidos extranjeros desean", afirmó Bolsonaro.

En el pasado, Brasil había intentado presentarse como líder en la protección de la Amazonia y en el combate al calentamiento global. Entre 2004 y 2012 el país creó nuevas áreas de conservación, incrementó las medidas de monitoreo y les quitó los créditos públicos a productores rurales que fueran capturados intentando derribar áreas protegidas. La deforestación alcanzó su nivel más bajo desde que hay registros.

The New York Times

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