Cómo la guerra en Irán pasó de los bombardeos a una prueba de voluntades
El conflicto deriva en un pulso volátil en el estrecho de Ormuz, con costos económicos en alza y presión política creciente para Donald Trump
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El jueves por la mañana, hora de Washington, un alto funcionario iraní escribió en X que los combatientes del país estaban ocultos en cuevas marinas cerca del estrecho de Ormuz, preparándose para “devastar a los agresores”.
Dieciocho minutos después, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó en Truth Social: “He ordenado a la Armada de Estados Unidos que dispare y mate a cualquier embarcación” que esté “colocando minas en las aguas del estrecho de Ormuz”.
La guerra de Trump contra Irán, interrumpida por un alto el fuego que esta semana extendió de manera indefinida, pasó de un bombardeo total a un pulso volátil y costoso en la boca del golfo Pérsico.

Ninguna de las dos partes parece ansiosa por volver a la violencia que atrapó a gran parte de Medio Oriente antes del alto el fuego del 7 de abril, aunque ambas insisten en que están preparadas para hacerlo. Y ninguna muestra señales de ceder ante las demandas del otro. El resultado es una sucesión de provocaciones, amenazas e incidentes marítimos, con gran parte de la tensión trasladada a las redes sociales, mientras los costos económicos se acumulan y Trump enfrenta un creciente costo político interno.
Suzanne Maloney, especialista en Irán y vicepresidenta de la Brookings Institution en Washington, dijo que había supuesto que un acuerdo diplomático resolvería rápidamente el enfrentamiento, dado el costo económico y estratégico para Estados Unidos de que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado. Pero ahora ajusta sus expectativas ante la determinación de Irán de mantener el control del paso como herramienta de presión y el dilema estratégico en el que se encuentra Trump.
“Está atrapado en esto mientras el estrecho siga cerrado”, dijo Maloney. “La velocidad con la que esto se convirtió en un pantano para Estados Unidos también ha sido bastante sorprendente”.
Trump insistió el jueves en que tiene “todo el tiempo del mundo, pero Irán no”, en el pulso por el estrecho. También difundió una columna del comentarista Marc A. Thiessen, quien sostuvo que debería darle a Irán 72 horas antes de reanudar las hostilidades y abrir por la fuerza el estrecho de Ormuz.
“Si no quieren llegar a un acuerdo, lo resolveré militarmente”, dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca.
Pero en la práctica, el presidente enfrenta una serie de malas opciones, según los expertos. El bloqueo estadounidense al transporte iraní en el estrecho —combinado con el contraataque iraní sobre otras embarcaciones— sigue presionando a los mercados globales de energía y materias primas, con el riesgo de impulsar aún más la inflación en Estados Unidos, en un contexto en el que el Partido Republicano afronta unas elecciones legislativas exigentes.
Irán parece decidido a arrancarle concesiones a Trump —como el alivio de sanciones y un compromiso sobre su programa nuclear— antes de aceptar una salida diplomática. Según Maloney, todo indica que los líderes iraníes creen que su tolerancia al dolor económico es mayor que la de Trump.
Buscar una solución militar podría ser aún más costoso para Estados Unidos. Los ataques aéreos por sí solos difícilmente dañen lo suficiente al aparato militar iraní como para impedirle responder, señaló Seth G. Jones, presidente del área de defensa y seguridad del Center for Strategic and International Studies. Reabrir el estrecho por la fuerza es posible, pero implicaría el riesgo de que grandes buques de guerra estadounidenses sean hundidos y de que “marines o soldados del Ejército tengan que tomar una isla o una costa y mueran en el intento”.
Trump también enfrenta el dilema de qué hacer con las 970 libras de uranio altamente enriquecido de Irán, cantidad que podría alcanzar para una docena de bombas nucleares. El mandatario reiteró que está decidido a impedir esa capacidad, y advirtió que la alternativa podría ser un “holocausto nuclear” en ciudades europeas al alcance de los misiles iraníes.
Irán también enfrenta decisiones difíciles. Sus ataques contra bases estadounidenses y contra países árabes del golfo Pérsico resultaron efectivos para que Trump declarara el alto el fuego. Pero, según Jones, lograr más mediante la fuerza será complicado, sobre todo teniendo en cuenta el bloqueo y los daños ya sufridos por su aparato militar.
“Es una especie de juego de gallina en este momento”, dijo Jones. Tanto en Washington como en Teherán, agregó, los mandos militares probablemente advierten a los líderes políticos que “la herramienta militar difícilmente permita alcanzar una solución permanente”.
Dado el estancamiento militar y el costo económico para ambas partes, una salida negociada aparece como la opción más lógica, coincidieron Jones y otros analistas. Sin embargo, la tensión en el estrecho de Ormuz puede escalar rápidamente, ya que tanto Irán como Estados Unidos buscan demostrar firmeza en ese angosto paso marítimo mientras mantienen abiertas las vías diplomáticas.
“No es una situación de equilibrio”, dijo Brian Katulis, investigador del Middle East Institute, en alusión al contraste entre los esfuerzos diplomáticos y la “prueba de voluntad” en el mar.
El miércoles, Irán difundió un video en el que su Guardia Revolucionaria intercepta dos buques de carga cerca del estrecho, con fuerzas encapuchadas abordando uno de ellos por una escalera. El jueves, el ejército estadounidense publicó su propio video, mostrando a efectivos de la Armada descendiendo desde helicópteros sobre un petrolero que, según afirmó, transportaba petróleo iraní en el océano Índico.
Al mismo tiempo, Trump afirmó que quiere dar una oportunidad a la diplomacia. Al referirse a la extensión del alto el fuego esta semana, dijo que Irán tiene dificultades para negociar porque “está muy desorganizado en este momento”.

“Quieren llegar a un acuerdo”, afirmó. “Pensamos darles un poco de tiempo para que resuelvan parte de su caos”.
Ante una consulta, Trump señaló que los estadounidenses deberán esperar “un poco más” antes de ver una baja en los precios de la gasolina.
El mundo intenta anticipar cuánto durará esa espera. Un enfrentamiento prolongado entre Estados Unidos e Irán implica riesgos enormes, dado el volumen de bienes críticos —no solo petróleo y gas natural, sino también fertilizantes y helio— que normalmente atraviesan el estrecho de Ormuz.
Fatih Birol, director ejecutivo de la International Energy Agency, advirtió que la crisis se agrava día a día.
“Cuanto más dure, más tiempo necesitaremos para volver a la situación previa a la guerra”, dijo.
Cliff Kupchan, presidente emérito de Eurasia Group, señaló que el riesgo de un cierre del estrecho durante meses recién comienza a “instalarse en la mente colectiva de los mercados”.
“Es un escenario que los analistas políticos y los mercados necesitan empezar a asimilar mejor”, advirtió. “Estamos en territorio desconocido”.
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