Coronavirus: EE.UU. o Europa ¿quién se recuperará más rápido de la pandemia?

Tras la recesión del primer trimestre, la industria de Alemania busca recuperarse
Tras la recesión del primer trimestre, la industria de Alemania busca recuperarse Fuente: AP
Steven Erlanger
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1 de julio de 2020  • 17:47

BRUSELAS.- Tras la devastadora crisis financiera de 2008-2009, Estados Unidos se recuperó mucho más rápido que Europa , que sufrió una recesión de doble fondo . Pero esta vez, según los economistas, Europa podría tener ventaja.

El principal motivo de la rápida recuperación de Estados Unidos en aquel entonces fue la veloz de respuesta del gobierno y la naturaleza flexible de la economía norteamericana, donde es muy fácil despedir pero también volver a contratar personal. Europa, por el contrario, tiene garantías sociales muy establecidas y trata de evitar los despidos a través de subsidios a los empleadores, lo que dificulta despedir empleados y encarece volver a tomarlos.

Pero este es un colapso diferente, un cierre obligado de la economía como respuesta a una pandemia, que hundió simultáneamente tanto la oferta como la demanda. Y en esa diferencia radica la posibilidad de que la estrategia de Europa de congelar la economía tal como estaba esta vez funcione mejor.

"Es un debate importante", dice Jean Pisani-Ferry, alto economista de la usina de ideas Brueghel, con sede en Bruselas, y del Instituto Peterson de Economía Internacional, con sede en Washington. "Esta no es una recesión normal, y es mucho lo que no sabemos, sobre todo qué pasa si el virus vuelve."

A esta altura, el coronavirus transformó el mundo en un inmenso laboratorio de experimentación entre sistemas que compiten para ver quién logra combatir el virus y mitigar su daño económico. Y en ese sentido, el contraste entre Europa y Estados Unidos es tajante.

Casi toda Europa recurrió a cuarentenas estrictas que en general hicieron retroceder el virus pero tumbaron la economía. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump priorizó mantener la economía en movimiento incluso cuando en medio del auge de contagios.

En casi todas partes los gobiernos tuvieron que intervenir con apoyo financiero cuando el foco cambió del alivio a la recuperación. Y el denominador común en todos ellos es la deuda: el FMI acaba de pronosticar que este año la deuda global aumentará un 19% promedio en relación con el PBI mundial.

Pero el enfrentamiento no es solo entre sistemas diferentes sino también entre apuestas diferentes sobre el modo en que seguirá desarrollándose la pandemia, ya que de su duración depende la sustentabilidad de las medidas de alivio de los gobiernos.

Esos enfoques diferentes ya están arrojando resultados diferentes, y no solo en término de pérdida de vidas y de contagios -Estados Unidos lidera en ambos-, sino también de nivel de desempleo, que en Estados Unidos está por las nubes y en Europa casi no se movió.

Estados Unidos hizo un desembolso inicial de fondos para apoyar a los contribuyentes y las empresas, pero efectivamente está dejando que el mercado por si solo reacomode el empleo.

Los gobiernos de Europa, frente a un cierre artificial de la economía que no era una crisis fiscal tradicional, optaron por "congelar" sus economías, con la esperanza de reiniciarlas rápidamente.

Apostaron a una recuperación relativamente rápida, prefiriendo tratar de preservar el empleo todo el tiempo posible con ayuda directa para el pago de sueldos -hasta el 80% del salario-, y subsidios al trabajo de medio tiempo.

Pero si la pandemia se alarga mucho o se produce una segunda oleada generalizada, es probable que los gobiernos europeos no puedan sostener esos aportes mucho tiempo más.

De hecho, dice Pisani-Ferry, "ya todos están retaceando un poco". Algunos planes eran muy generosos "y hay un tema de equilibrios, porque hay que evitar el fraude de las empresas que mantienen personal de licencia cuando saben que no podrán volver a darles trabajo."

Muchos países europeos adoptaron lo que en Alemania se conoce como kurzarbeit : la empresa promete no echar a nadie y repartir el trabajo entre el personal, y el gobierno compensa gran parte de los ingresos perdidos.

"Hasta ahora, a Europa le está yendo bastante bien", dice Guntram Wolff, director de Brueghel. "El aumento del desempleo en Estados Unidos es enorme y acá no tanto".

"Si esta situación es temporaria y volvemos a un sistema económico como el de antes, entonces el kurzarbeit es la respuesta correcta", dice Wolff. "Pero si uno piensa que se van a producir transformaciones duraderas y que habrá que repartir de nuevo, entonces podría irle mejor a Estados Unidos, porque su economía es más ágil".

El desembolso inicial de Estados Unidos fue descomunal: 2,7 billones de dólares en marzo y abril, o sea alrededor de un 13% del PBI norteamericano, para aliviar la situación de individuos, empresas y gobiernos locales. Fue el paquete de estímulo económico más grande de la historia, multiplicando varias veces incluso los paquetes más grandes de Europa, como el de Francia, que fue de apenas el 2% del PBI.

"Así y todo, la respuesta de Europa fue mejor: más simple y efectiva en términos de uso de los fondos públicos", dice Wolff.

Y eso es gracias al sistema de asistencia y bienestar social ya existente en Europa, que cuenta con "estabilizadores automáticos" que salen en ayuda de los pobres y los desempleados, sin necesidad, como ocurre en Estados Unidos, de aprobar una ley ad-hoc.

La respuesta de Estados Unidos fue más general y menor focalizada: a falta de mecanismos establecidos, el Tesoro se apresuró a repartir inmensas sumas de dinero de manera indiscriminada, y por lo tanto ineficiente.

El objetivo principal era inyectar rápidamente dinero en el sistema para que no se frenara del todo, y sostener la demanda de los consumidores. Pero el Tesoro terminó entregándole mucho a quien no lo necesitaba -incluidos varios fallecidos-, y con los empleadores adoptó el criterio de ayudar al que pedía primero, sin importar si lo necesitaba o no.

Pero ni ese ingente desembolso, mayormente destinado a los individuos consumidores y no a los empleadores, logró impedir los despidos masivos. La Casa Blanca confía en el seguro de desempleo y lo aumentó a 600 dólares semanales, pero eso se termina a fines de julio. Y sin certeza de lo que viene después los consumidores no gastan, frenando la recuperación.

El desempleo en Estados Unidos aumentó el quíntuple que en Francia , según un informe de Pisani-Ferry y su colega Jérémie Cohen-Setton. "Como respuesta inmediata ante la pandemia, el abordaje de Francia y de Europa), sin duda hizo rendir mucho más cada dólar gastado".

Pero la generosidad de Europa para apuntalar el sistema preexistente podría retardar la recuperación del empleo frente al sistema flexible y sin estabilidad laboral de Estados Unidos, donde despedir y contratar es más fácil, dice Megan Greene, economista de la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard.

"La flexibilidad del mercado laboral norteamericano redunda en mayores oportunidades para los trabajadores, lo que a su vez suele conducir a una recuperación más rápida luego de una recesión", dice Greene.

Eso contribuyó a que Estados Unidos rebotara más rápidamente de recesiones tradicionales, pero en este caso se trata de una recesión de otro tipo, un congelamiento repentino sin salida obvia a la vista.

"El estímulo fiscal en Estados Unidos fue mucho más grande, pero como de costumbre, al no tener mecanismos de estabilización automáticos, el reparto fue muy discrecional", dice Lucrezia Reichlin, profesora de economía de la Escuela de Negocios de Londres. "Así que en Estados Unidos hay un debate más amplio sobre quién gana y quién pierde con la pandemia".

Jacob Funk Kirkegaard, del Instituto Peterson se Economía Internacional, señala que como la mayoría de los europeos no tuvieron que preocuparse por perder su salario, "la cuarentena fue más fácil de sostener".

Y eso fue especialmente cierto "durante las ocho cruciales semanas desde mediados de marzo hasta mediados de mayo", dice Kirkegaard, cuando Europa logró controlar la velocidad del brote, que actualmente avanza a un ritmo récord por territorio norteamericano.

En Estados Unidos, "se oyen muchas voces que reclaman la reapertura económica, porque hay millones de norteamericanos que se quedaron sin trabajo y necesitan volver a trabajar para llevar comida a su casa", dice Kirkegaard. "Así que los norteamericanos están dispuestos a correr riesgos que los europeos no tienen necesidad de correr."

Ahora todo depende del rumbo que tome la pandemia.

Por supuesto que los europeos siguen discutiendo ferozmente sobre el volumen y la forma en que será distribuido su fondo de recuperación poscoronavirus, pero por ahora la inyección de dinero está garantizada.

Si Europa tiene suerte y puede diseñar una cuarentena amplia e integral pero breve, entonces cuando ese dinero llegue, no importa cuando durante el próximo año, ayudará a que la economía crezca, especialmente si la recuperación es lenta, débil y prolongada.

La semana pasada, Christine Lagarde , directora del Banco Central Europeo, que intervino con un programa masivo para garantizar la nueva deuda pública tomada por los gobiernos, dijo: "Probablemente hemos superado el punto más bajo", pero ante tantas incógnitas, "lo digo no sin cierta inquietud ".

En Estados Unidos, por otro lado, uno de los factores que influye es la incierta respuesta del propio gobierno federal. "A pesar de ser un país", dijo Reichlin, "Estados Unidos está saliendo mucho más fragmentada que Europa".

Si los consumidores estadounidenses siguen reacios al gasto, se agotan sus beneficios de desempleo, hay un aumento continuo de contagios o una segunda ola de coronavirus, la recuperación estadounidense podría entrar en cortocircuito.

"Nos acostumbramos a la idea de que Estados Unidos tiene una capacidad de recuperación casi ilimitada", dice Michel Duclos, exembajador francés en Estados Unidos. "Por primera vez, empiezo a tener mis dudas".

The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide

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