Así fue el fastuoso banquete con el que China agasajó a Trump como parte de su estrategia diplomática
Los responsables del menú del jueves fusionaron opciones internacionales con comida tradicional local, en un gesto de tacto político típico del gigante asiático
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PEKÍN.– Cuando el presidente norteamericano, Donald Trump, y su par chino, Xi Jinping, se sentaron a una suntuosa cena de Estado en Pekín el jueves, el propio menú parecía una pieza de diplomacia.
Las cenas de Estado chinas recurren tradicionalmente a la cocina Huaiyang, originaria de la región que rodea Shanghái, conocida por sus sabores suaves y sutiles, el refinado trabajo de cuchillo y el énfasis en los platos de temporada.

Como broche de un encuentro en el que ambas partes manifestaron su disposición a recomponer la relación, los responsables del menú añadieron una nota de flexibilidad culinaria: incluyeron pato laqueado al estilo de Pekín, plato nacional de China, y costillas de carne vacuna, en un aparente guiño a la preferencia de Trump por la carne bien cocida.
También se puso especial énfasis en las opciones de postre para los invitados estadounidenses: tiramisú, frutas, helado y una “masa con forma de caracola”.
Durante décadas, China ha utilizado el fuerte simbolismo de la comida en eventos oficiales de relevancia y en la recepción de visitantes extranjeros. En la historia moderna del país, las hambrunas y la inestabilidad política que provocaron décadas de racionamiento generalizado convirtieron a la comida en un poderoso símbolo de estatus dentro de la cultura china.
El banquete de Estado
Xi y Trump, ambos con trajes oscuros, se saludaron entre mesas dispuestas en un salón ornamentado durante la cena de Estado celebrada en Pekín, mientras ambos subrayaban la cooperación mutua en el imponente marco del Gran Palacio del Pueblo.
Los dos ingresaron al salón uno al lado del otro, entre aplausos, y se sentaron juntos en una mesa decorada con vegetación, un pequeño lago con cisnes y construcciones en miniatura de estilo chino. Un traductor facilitó los intercambios.

Entre los invitados, ubicados en elaborados puestos en la mesa en medio de las altas columnas rojas con detalles dorados del salón, se encontraban Elon Musk, de Tesla y SpaceX; Tim Cook, de Apple; el secretario de Defensa norteamericano, Pete Hegseth; y el secretario de Estado, Marco Rubio.
Xi, que dio una cálida bienvenida a Trump y a la delegación estadounidense, calificó la visita como un acontecimiento histórico y afirmó que ambos líderes se han mantenido en contacto y han conservado las relaciones “generalmente estables”.
En su brindis, Trump destacó los vínculos históricos entre los pueblos estadounidense y chino, incluido el papel de trabajadores chinos en la construcción de los ferrocarriles en Estados Unidos. El mandatario norteamericano señaló además que Benjamin Franklin publicó sentencias de Confucio en su diario personal.

“Hoy, los chinos aman el básquetbol y usan jeans”, dijo Trump, y añadió: “El pueblo estadounidense y el chino comparten mucho en común”. Para cerrar, invitó a Xi a la Casa Blanca el 24 de septiembre.
Después de que las cámaras fueran retiradas del salón, empezó la cena. El menú del jueves incluyó una mezcla de platos chinos e internacionales: langosta en sopa de tomate, verduras de estación estofadas, salmón cocido a fuego lento en salsa de mostaza, dumplings chinos de cerdo a la plancha y una “masa con forma de caracola”.
La importancia diplomática de la comida
La comida también ha protagonizado momentos virales inesperados durante visitas de funcionarios extranjeros a China en los últimos años. Durante su visita de Estado a Pekín en 2017, el entonces presidente norteamericano Barack Obama cenó un menú de bife y pescado al horno, pero la primera dama, Michelle Obama, recibió elogios en las redes sociales chinas por una elección menos cautelosa: comer una sopa picante en un restaurante de hot pot en Chengdu.
En 2011, Joe Biden, entonces vicepresidente, comió zhajiangmian en un modesto local de la capital china, evitando la especialidad del lugar, el hígado frito. Ya en la presidencia de Biden, miembros de su gabinete también salieron a probar la diversidad de la cocina china. El secretario de Estado Antony J. Blinken cenó en un restaurante de Shanghái especializado en xiao long bao, unas empanadas rellenas de sopa. La secretaria del Tesoro Janet L. Yellen fue algo más aventurera y bromeó sobre haber comido “hongos mágicos” en un restaurante de cocina de Yunnan en Pekín.

China incluso ha bautizado platos en honor a visitantes ilustres, como una receta de pollo creada para Henry Kissinger durante su viaje secreto de 1971, y los menús de banquetes suelen ser luego replicados por restaurantes locales.
“Una de las principales fortalezas de la cocina Huaiyang es su amplio atractivo. Sus sabores son ampliamente aceptables y accesibles para la mayoría de las personas (…) incluidos los invitados internacionales”, señaló Shi Qiang, chef ejecutivo del restaurante Gui Hua Lou, un establecimiento de alta cocina Huaiyang en Shanghái.
Una de las ocho grandes cocinas regionales de China, la cocina Huaiyang ha desempeñado desde hace tiempo un papel protagónico en grandes eventos diplomáticos.

Se sirvió en el “banquete fundacional” de 1949, cuando se estableció la República Popular, en el banquete conmemorativo del 50.º aniversario de China en 1999, así como en un banquete de 2002 organizado por el entonces presidente Jiang Zemin para el presidente estadounidense George W. Bush, de visita en el país.
Entre sus platos característicos se encuentran las tiernas y elásticas albóndigas de cerdo “cabeza de león”, el arroz frito de Yangzhou, el “pescado ardilla” frito en salsa agridulce y el “tofu wensi”, un bloque de tofu cortado en miles de finísimas hebras.
Esta cocina utiliza ingredientes propios de la cuenca del río Yangtsé, como pescado de agua dulce, anguila y brotes de bambú, además de una condimentación mínima que resalta su frescura.

“Es ideal para banquetes porque es más liviana que la comida de Shandong, en el norte de China, no es picante como la del sudoeste (como la de Sichuan) y resulta más accesible y menos dependiente de ingredientes exóticos que la cocina cantonesa, la gran cocina del sur”, explicó el escritor gastronómico radicado en Shanghái Christopher St. Cavish.
“En la descripción más básica, es ‘segura’. Es el equivalente a servir pollo en un banquete en Washington. Nadie se va a sentir ofendido ni va a considerar que es demasiado picante para comer o demasiado exótica para probar”, agregó el experto.
Los otros agasajos para Trump
Los chefs de Pekín tampoco asumieron riesgos durante la primera visita presidencial de Trump a China en 2017. Entonces, ofrecieron sopa de mariscos, pollo kung pao y carne estofada en salsa de tomate, una versión más refinada de su comida preferida de carne con kétchup.
Otros líderes mundiales también han tenido en cuenta los gustos de Trump.
En octubre, durante una visita a Tokio, Trump compartió un almuerzo de carne estadounidense y arroz con la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, un gesto de buena voluntad que rompió la práctica diplomática habitual de Japón de utilizar ingredientes locales. Meses antes, Japón había alcanzado un acuerdo comercial con Estados Unidos que incluía un aumento en las importaciones de arroz estadounidense.

Durante ese mismo viaje por Asia, a Trump le sirvieron carne con kétchup y ensalada con Salsa Mil Islas en Corea del Sur, y sándwiches preparados con carne Angus estadounidense en Malasia.
Meses antes de viajar a China en 2017, Trump había recibido a Xi en su residencia de Mar-a-Lago, donde los chefs prepararon ensalada César, lenguado Dover sellado a la plancha y bife New York strip madurado en seco. Según el propio relato de Trump, acababan de servir un pastel de chocolate con salsa de vainilla cuando le comunicó a Xi que había ordenado un ataque con misiles contra Siria por el uso de armas químicas por parte del presidente Bashar al-Assad.
Agencia Reuters y diario The New York Times
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