Cumbre de superpotencias en Pekín: Xi Jinping recibe a Donald Trump en un encuentro que acapara la atención global
Ambos presidentes sostienen la primera de sus reuniones en la capital china; la relación “será mejor que nunca”, señaló el magnate; el vínculo comercial, la guerra en Medio Oriente y Taiwán, ejes del diálogo
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WASHINGTON.- En una cumbre en Pekín de alto voltaje político y que acapara los focos globales, los presidentes Xi Jinping y Donald Trump ya mantienen el primer capítulo de sus encuentros pautados hasta el viernes, que tendrán como ejes centrales la relación comercial entre China y Estados Unidos, la guerra en Medio Oriente y la siempre espinosa situación de Taiwán.
En sus declaraciones al inicio de la reunión con Xi, Trump dijo que mantiene una relación “fantástica” con el presidente chino, y confió que la relación “será mejor que nunca” y que ambos países “tendrán un fantástico futuro juntos”.
En su discurso, Xi advirtió que “se están acelerando cambios sin precedentes en un siglo” y que el panorama internacional se encuentra “sumergido en el caos”.
Además, dijo que el mundo ha llegado a una “nueva encrucijada”, y planteó una pregunta fundamental: “¿Podrán China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides y establecer un nuevo paradigma para las relaciones entre grandes potencias?“.
En la mañana del jueves (cerca de la medianoche en la Argentina), el líder chino recibió en el icónico Gran Salón del Pueblo, frente a la Plaza de Tiananmén, al mandatario estadounidense, quien junto a una amplia comitiva de funcionarios y ejecutivos había sido recibido con toda la pompa la noche previa. Hubo un largo apretón de manos entre ambos.

Soldados portaban grandes banderas de Estados Unidos y China, y hubo varios cañonazos para el sonoro saludo de bienvenida a Trump. Luego pasaron frente a decenas de chicos vestidos con coloridos uniformes. Ondearon banderines de ambos países y agitaban flores al grito de “¡Bienvenido a China!“. Una banda militar china interpretó también el himno estadounidense mientras Trump saludaba.
La primera reunión cara a cara de Xi y Trump en la capital china llegó precedida de una alta expectativa, sobre todo ante la posibilidad de que el magnate pueda persuadir al líder del régimen para que intervenga ante Irán con el objetivo de encarrilar una salida a la guerra en Medio Oriente.

Más tarde este jueves Trump recorrerá el Templo del Cielo —un complejo de edificios de la época imperial dedicados a los rituales de Estado confucianos—, y luego participará de un banquete de Estado. El viernes compartirá junto a Xi un almuerzo de trabajo antes de la partida de la comitiva norteamericana de regreso a Washington.
Más allá de la expectativa por un diálogo sobre Irán, Trump anticipó que su viaje a Pekín se centrará más en el comercio y las inversiones, como demuestra la comitiva de ejecutivos de las principales compañías norteamericanas que lo acompañan en esta gira.

Entre otros, Trump invitó a los CEO de Tesla, Elon Musk; de Apple, Tim Cook; de Boeing, Kelly Ortberg; de Nvidia, Jensen Huang, y de BlackRock, Larry Fink, entre otros.
El hecho de que Huang -con una invitación de último momento- se subiera al Air Force One en la escala técnica en Alaska no pasó desapercibido. Las dos superpotencias globales compiten por dominar el mercado mundial de la inteligencia artificial (IA), que depende de chips de alto rendimiento en los que Nvidia es líder.
Varios ejecutivos norteamericanos han presionado en el último tiempo para que se adopten medidas que permitan abrir aún más el mercado chino -uno de los mayores del mundo junto al de la India- a sus compañías.

“Pediré a Xi, un líder de una distinción extraordinaria, abrir China para que esta gente brillante pueda obrar su magia y contribuir a llevar a la República Popular a un más alto nivel", anticipó Trump en su red Truth Social antes de arribar a Pekín.
Expertos consultados por LA NACION señalaron que Pekín podría asumir algunos compromisos de compra de aeronaves de Boeing y de productos agrícolas estadounidenses, como soja y carne.
Ambos presidentes se habían reunido por última vez en octubre pasado en Busan, Corea del Sur, donde acordaron una tregua en la guerra comercial entre Washington y Pekín tras los aranceles que la administración Trump aplicó a los productos chinos.

Ahora se espera que ambos líderes busquen una extensión de esa tregua que redujo los aranceles y suspendió algunos controles de exportación, por ejemplo en las tierras raras chinas (el país asiático domina ese mercado global, al controlar cerca del 70% de la extracción y el 90% de su procesamiento y refinamiento).
Respecto a la guerra en Irán, en los últimos 75 días el conflicto bélico se coló de lleno como otro foco de tensión entre Washington y Pekín, que tiene estrechos lazos económicos con el régimen de los ayatollahs -es el mayor comprador del crudo iraní- y le proporciona un cuidado apoyo diplomático en el escenario global.

De hecho, en la previa del viaje de Trump, China rechazó las nuevas sanciones impuestas por Estados Unidos contra empresas acusadas de facilitar la venta y el transporte de petróleo iraní hacia el gigante asiático, y prometió adoptar “medidas firmes” para proteger los intereses de sus compañías.
Tanto la economía china como la norteamericana han sentido el impacto de la crisis del mercado energético derivada del bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz, vía marítima por la que antes de la guerra transitaba un quinto del suministro de crudo global.
El secretario de Estado, Marco Rubio, quien se encuentra con Trump en Pekín, afirmó que la administración republicana advertirá que “las economías se están desmoronando a causa de esta crisis” y que eso tendrá como consecuencia que los consumidores “compren menos productos chinos”.
“Por lo tanto, les interesa resolver esto”, dijo Rubio en una entrevista con Fox News. “Esperamos convencerlos de que desempeñen un papel más activo para lograr que Irán desista de lo que está haciendo —y tratando de hacer— actualmente en el Golfo Pérsico", añadió Rubio.
El mensaje del líder de la diplomacia norteamericana contrastó con los comentarios de Trump, quien antes del viaje le restó importancia a las diferencias con Xi respecto al conflicto bélico que ha provocado una crisis energética de escala global.
Además, las discusiones de ambos líderes sobre Taiwán -un tema que marca desde hace décadas el vínculo de Washington y Pekín- se darán en medio de las presiones del régimen respecto de la venta de armas por parte de Estados Unidos a la isla y sobre la postura norteamericana en relación al territorio autónomo, que China reclama como propio.
Antes de la cumbre, funcionarios de la Casa Blanca habían desestimado las especulaciones de que Trump pudiera dar un nuevo rumbo a la política estadounidense sobre Taiwán durante este viaje.
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