Guerra, comercio y Taiwán: qué se puede esperar de la cumbre de Xi Jinping y Donald Trump en Pekín
Ambos presidentes discutirán sobre un abanico de asuntos de la relación bilateral y el conflicto en Medio Oriente; cautela de los especialistas por los posibles resultados de los encuentros
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WASHINGTON.- Una recepción a Donald Trump con toda la pompa en Pekín para una esperada cumbre entre los líderes de las dos superpotencias globales, un amplio abanico de asuntos sobre la mesa para la relación bilateral entre Estados Unidos y China, la expectativa sobre cómo el encuentro podría influir en la guerra en Medio Oriente, y un delicado equilibrio por la situación de Taiwán.
En los papeles, la primera reunión cara a cara que mantendrán en la capital china durante la mañana del jueves (las 23 de hoy en la Argentina) el presidente Xi Jinping y el líder republicano llega precedida de una alta expectativa sobre su posible impacto a escala global. Sin embargo, a medida que se acerca la cumbre -inicialmente prevista para marzo, pero pospuesta por el conflicto bélico con Irán- los expertos son más cautos y anticipan resultados sin tanta grandilocuencia una vez que Trump emprenda su regreso a Washington el viernes.

“Es poco probable que la cumbre arroje avances significativos. No obstante, parecen plausibles dos resultados modestos y constructivos: que Trump y Xi prorroguen la tregua comercial que acordaron en Busan [Corea del Sur] en octubre pasado, y que se comprometan a coordinarse más estrechamente para apoyar la desescalada de la crisis en Medio Oriente“, señaló a LA NACION Ali Wyne, experto en las relaciones entre Estados Unidos y China del International Crisis Group, en Washington.
El propio presidente norteamericano, antes de partir desde la Casa Blanca junto a una nutrida comitiva, anticipó que mantendrá con Xi una “larga conversación”sobre Irán, aunque intentó bajar la espuma sobre la posibilidad de que busque persuadirlo para influir sobre Teherán al afirmar que su gobierno “no necesita ayuda” de China para resolver la guerra.
En los últimos 75 días, el conflicto bélico se coló de lleno como otro foco de tensión entre Washington y Pekín, que tiene estrechos lazos económicos con el régimen de los ayatollahs -es el mayor comprador del crudo iraní- y le proporciona un cuidado apoyo diplomático en el escenario global.
De hecho, en la previa del viaje de Trump, China rechazó las nuevas sanciones impuestas por Estados Unidos contra empresas acusadas de facilitar la venta y el transporte de petróleo iraní hacia el gigante asiático, y prometió adoptar “medidas firmes” para proteger los intereses de sus compañías.

Tanto la economía china como la norteamericana han sentido el impacto de la crisis del mercado energético derivada del bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz, vía marítima por la que antes de al guerra transitaba un quinto del suministro de crudo global.
“No creo que debamos esperar demasiado de las reuniones entre Xi y Trump. No obstante, demuestran que ambas partes aún desean intentar estabilizar la relación, y es muy probable que se esfuercen por demostrar su compromiso de promover futuros encuentros de este tipo con el fin de ampliar el abanico de temas a debatir", indicó a LA NACION Rosemary Foot, experta en relaciones internacionales y miembro del China Centre de la Universidad de Oxford.
Esta cumbre en Pekín sería el punto de partida para más encuentros entre ambos líderes a lo largo del año, que según funcionarios estadounidenses podrían ser cuatro en total.

Según Wyne, las repercusiones de la guerra de Estados Unidos contra Irán serán un tema central de conversación entre ambos líderes, dado que “agravaron las tensiones económicas entre Estados Unidos y China e intensificaron su competencia por definir el orden energético posterior al conflicto”.
“Como mayor productor mundial tanto de petróleo como de gas natural, Washington aspira a aumentar la dependencia de sus exportaciones de combustibles fósiles. Por su parte, como líder mundial en energías renovables, Pekín espera aumentar la dependencia de sus exportaciones de energía limpia, especialmente entre los aliados y socios de Estados Unidos", explicó el experto.
David Sanger, corresponsal en la Casa Blanca y de Seguridad Nacional del diario The New York Times, señaló que Trump y Xi llegan este jueves a una cumbre de “ambiciones reducidas”, y que la guerra en Irán “proyectó una sombra de incertidumbre sobre ambas superpotencias, atenuando las esperanzas iniciales de que pudieran comenzar a abordar los problemas de mayor envergadura que han desgastado su relación“.
Aunque forme parte de las conversaciones, Foot cree que la guerra en Irán no será un factor determinante en la cumbre en Pekín. “Existe el temor de que China utilice ese conflicto como baza para intentar obtener, por parte de Estados Unidos, una postura respecto a Taiwán que resulte más favorable a los intereses chinos“, añadió.
Las discusiones de ambos líderes sobre Taiwán se dará en medio de las presiones del régimen respecto de la venta de armas por parte de Estados Unidos a la isla y sobre la postura norteamericana en relación al territorio autónomo, que China reclama como propio.
Desde 1979, la legislación norteamericana exige a Washington respaldar la capacidad de Taiwán para defenderse, lo que incluye la venta de armas.
“Taiwán es la ‘carta comodín’ en la cumbre de Pekín. Es vital que Trump se mantenga fiel a la política norteamericana de medio siglo: que Estados Unidos proceda con las importantes ventas de armas a Taipéi y que no socave al gobierno de la isla de ninguna manera”, señaló Nicholas Burns, exembajador norteamericano en Pekín entre 2022 y 2025 y profesor de relaciones internacionales en la Kennedy School de la Universidad de Harvard.
A principios de año, Xi le pidió a Trump que gestionara esas ventas con cautela, después de que Estados Unidos aprobara en diciembre pasado un paquete de armamento para Taiwán por 11.000 millones de dólares. La decisión fue rechazada por Pekín, que en señal de respuesta llevó a cabo maniobras militares de dos días cerca de la isla, ubicada a solo 130 kilómetros del continente.
Otro paquete de venta de armas, por unos 14.000 millones de dólares, está a la espera de la aprobación final de la Casa Blanca, que lo ha postergado al retrasar la notificación al Congreso para que, justamente, no se inmiscuyera como otro eje de fricción en la cumbre de Trump y Xi.
En tanto, más allá de lo que pueda surgir sobre la guerra en Irán y Taiwán, el tema comercial será otro de los ejes. Se espera que ambos líderes busquen una extensión de la tregua acordada en Busan que redujo los aranceles y suspendió algunos controles de exportación, por ejemplo en las tierras raras chinas (el país asiático domina ese mercado global, al controlar cerca del 70% de la extracción y el 90% de su procesamiento y refinamiento).
Según Wyne, Trump desea consolidar su relación de trabajo con Xi, la cual considera que será la dinámica decisiva para moldear las relaciones entre Estados Unidos y China durante el resto de su segundo mandato.
“Es probable que logre asegurar un aumento en las compras chinas de exportaciones estadounidenses, incluidos productos agrícolas y aeronaves de Boeing. Sin embargo, es improbable que logre persuadir a Xi para que reduzca las compras chinas de petróleo iraní“, aventuró el especialista.
Trump viajó a Pekín acompañado por ejecutivos de algunas de las principales compañías norteamericanas, como los CEO de Tesla, Elon Musk; de Apple, Tim Cook; de Boeing, Kelly Ortberg; de Nvidia, Jensen Huang, y de BlackRock, Larry Fink, entre otros.
El hecho de que Huang -con una invitación de último momento- se subiera al Air Force One en la escala técnica en Alaska no pasó desapercibido. Las dos superpotencias globales compiten por dominar el mercado mundial de la inteligencia artificial (IA), que depende de chips de alto rendimiento en los que Nvidia es líder.

La invitación generó optimismo en Pekín respecto a un posible avance en el prolongado estancamiento en torno la venta de los chips H200 de Nvidia, otro de los puntos de fricción entre ambos gobiernos.
“Pediré a Xi, un líder de una distinción extraordinaria, abrir China para que esta gente brillante pueda obrar su magia y contribuir a llevar a la República Popular a un más alto nivel", escribió Trump en su red Truth Social antes de arribar a Pekín. “No he escuchado una idea que pueda ser más beneficiosa para nuestros increíbles países”, añadió.
“Es posible que Trump busque cierto respaldo para su idea de establecer una junta de comercio con China, con el fin de abordar las cuestiones económicas de carácter estructural. Y es probable que el presidente norteamericano se dé por satisfecho con una serie de acuerdos de compra por parte de China —tales como la adquisición de aviones Boeing y productos agrícolas—, así como con la inversión china en Estados Unidos en sectores previamente acordados", indicó Foot.
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