Cuba confirma conversaciones con EE.UU. en La Habana en medio de las amenazas de Trump
La visita de una delegación estadounidense reabre un canal diplomático en plena escalada, mientras Europa y Brasil rechazan una posible intervención
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LA HABANA.– En medio de una escalada de tensiones y advertencias desde Washington, el gobierno de Cuba confirmó que mantuvo recientemente contactos con Estados Unidos en La Habana, en un gesto que introduce un canal diplomático en un escenario cada vez más cargado.
La cancillería cubana indicó que una delegación estadounidense visitó la isla para mantener conversaciones, aunque no precisó detalles sobre el contenido de los encuentros ni su alcance. La confirmación llega en un momento delicado, marcado por la presión del presidente Donald Trump y crecientes especulaciones sobre un posible endurecimiento de su política hacia el país caribeño.

“Puedo comentar que, en días pasados, tuvo lugar en La Habana una reunión bilateral entre altos funcionarios de Cuba y Estados Unidos a nivel de viceministro de Relaciones Exteriores y secretarios adjuntos del Departamento de Estado”, dijo Alejandro García del Toro, subdirector de asuntos estadounidenses de la Cancillería.
García, sin embargo, desmintió que hubiera mensajes de ultimátum o conminatorios como se publicó en medios de Estados Unidos. “No hubo tono o planteamiento impositivo alguno, tampoco plazos conminatorios contrario a lo que se ha dicho por algunos medios de prensa”, agregó el diplomático. “El intercambio fue serio y respetuoso”.
El propio Trump ha insinuado en las últimas semanas que Cuba podría ser “la siguiente”, tras la ofensiva contra Irán y la operación para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro, en una retórica que encendió alarmas tanto en la región como en Europa.

Desde Alemania, el canciller Friedrich Merz buscó bajar la tensión y rechazó cualquier justificación para una intervención militar. “No hay ninguna amenaza perceptible que emane de Cuba hacia otros países”, afirmó, y advirtió que Estados Unidos debería resolver sus diferencias “de forma pacífica y a través de medios diplomáticos”.
En la misma línea, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, calificó el bloqueo estadounidense a la isla como una “vergüenza mundial” y se pronunció abiertamente contra cualquier intento de intervención. “Estoy en contra de que cualquier país del mundo se entrometa y ejerza interferencia política”, sostuvo.
“Mi firma por la patria”
Mientras tanto, dentro de Cuba, el gobierno redobla su discurso de resistencia y movilización. En los últimos días lanzó la campaña “Mi firma por la patria”, una iniciativa para recolectar apoyos en defensa de la soberanía nacional y en respaldo a la Revolución, en un contexto de creciente confrontación con Washington.
El presidente Miguel Díaz-Canel encabezó el lanzamiento en Playa Girón, un sitio cargado de simbolismo histórico por la fallida invasión de exiliados cubanos apoyada por Estados Unidos en 1961. Allí reiteró que Cuba no busca una confrontación armada, pero dejó una advertencia: “No la queremos, pero es nuestro deber prepararnos para evitarla y, si fuera inevitable, ganarla”.
Este domingo amanecimos en #Girón, suelo sagrado que regó la sangre generosa de nuestros abuelos y padres. Hace 65 años, ellos le propinaron la primera gran derrota al imperialismo en América.
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) April 19, 2026
Hoy, allí, depositamos flores blancas, reverenciando su heroísmo, y firmamos la… pic.twitter.com/BnTR21CUjK
La narrativa oficial insiste en que la isla vive “bajo el asedio permanente” de Estados Unidos, al que acusa de intensificar en los últimos meses sus amenazas, incluyendo un endurecimiento del bloqueo energético que agrava la crisis económica.
Esa crisis se siente en la vida cotidiana. En barrios como Alamar, en La Habana, los cortes prolongados de electricidad, la escasez de combustible y la falta de insumos básicos condicionan la rutina diaria. “Salgo temprano sin electricidad y vuelvo sin electricidad”, cuenta Sandra Álvarez, una economista de 55 años que, como miles de cubanos, reorganiza su vida en función de los apagones.

La falta de gas para cocinar y la inestabilidad del sistema eléctrico obligan a buscar alternativas precarias, mientras el país depende en gran medida de importaciones energéticas que hoy se ven afectadas por el bloqueo y por limitaciones estructurales de la economía.
En ese contexto, los contactos confirmados entre La Habana y Washington introducen un elemento de ambigüedad: mientras el discurso político se endurece y las advertencias escalan, persisten canales de diálogo que podrían, al menos en teoría, evitar una nueva crisis mayor.
Por ahora, sin embargo, el escenario combina señales contradictorias: diplomacia en segundo plano, retórica confrontativa en la superficie y una población que atraviesa una de las crisis más profundas de las últimas décadas.
Agencias AFP, AP y ANSA
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