De los agravios a la conciliación, los cambios de humor de Trump marcan una cumbre de la OTAN que cerró con varios compromisos
La alianza mostró unidad en torno a un rearme masivo y un renovado apoyo a Ucrania
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PARÍS.– Tras dos días de reuniones en el palacio presidencial de Beştepe, los líderes de los 32 países miembros de la OTAN clausuraron este miércoles una 36.ª cumbre marcada por una altísima tensión.
Recibida por Recep Tayyip Erdogan, la Alianza Atlántica intentó mostrar unidad en torno a un rearme masivo y un renovado apoyo a Ucrania, todo ello mientras lidiaba, una vez más, con los cambios de humor de Donald Trump, que pasó en cuestión de horas de la indignación abierta a un tono mucho más conciliador.
Según el documento final, que había sido validado el viernes por los embajadores de los 32 aliados antes de ser ratificado por los jefes de Estado y de Gobierno, la cumbre alcanzó varios compromisos concretos.
Acuerdos alcanzados en la cumbre
La declaración conjunta comienza, de manera inusual, con un recordatorio explícito del Artículo 5 de la organización. Se trata de la cláusula de defensa colectiva del Tratado de Washington: un “compromiso inquebrantable” que se pretendía lograr que Trump respaldara públicamente, tras sus repetidas críticas en los últimos meses.
Otro gran tema acordado fue la trayectoria presupuestaria del 5% del PBI. Confirmado en La Haya para 2025 –3,5% para gastos militares estrictos y 1,5 % para infraestructuras de defensa–, este objetivo con miras a 2035 fue el eje central de las deliberaciones en Ankara, donde los aliados debían presentar planes “claros, concretos y realistas”.
Según el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, los aliados europeos y Canadá incrementaron sus inversiones en defensa en 139.000 millones de dólares en 2025, y algunos alcanzarán ya el objetivo del 5% en 2026.
En cuanto a la nueva ayuda militar a Ucrania, los europeos y Canadá –sin la participación de Estados Unidos– se comprometieron a proporcionar 70.000 millones de euros en ayuda militar a Kiev en 2026, y una cantidad equivalente en 2027.
Por otro lado, en el marco del Foro de la Industria de Defensa de la OTAN, celebrado el 7 de julio, aliados europeos y canadienses anunciaron contratos industriales masivos con inversiones en defensa por valor de unos 50.000 millones de euros bajo el lema “OTAN 3.0”, previéndose que una parte sustancial de estos pedidos beneficie a la industria estadounidense.
Declaraciones de los líderes
Tampoco faltó al margen de la cumbre el tratamiento del expediente turco de los aviones estadounidenses F-35. Sin que se haya anunciado una decisión formal, Trump volvió a abrir la puerta a la reintegración de Turquía en el programa de aviones de combate, del cual fue suspendida en 2019 tras la compra del sistema antiaéreo ruso S-400 por parte de Ankara.
“Sin duda es algo que vamos a examinar”, declaró el mandatario norteamericano.
Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, confirmó la continuación de los trabajos técnicos entre Francia, Italia y Turquía sobre una posible venta del sistema antiaéreo SAMP-T a Ankara, tras años de bloqueo político.
Otro de los acuerdos alcanzados giró en torno a la producción de misiles Patriot para Ucrania. La decisión era muy esperada por Kiev y por los europeos, y naturalmente muy temida por Moscú. Por fin, durante su encuentro con Volodimir Zelensky al margen de la cumbre, Trump indicó que autorizaría a Kiev a fabricar sus propios misiles Patriot, fundamentales para interceptar los misiles balísticos rusos.
En todo caso, y como ya es habitual cada vez que asiste a una reunión de la OTAN, el mandatario norteamericano acaparó los medios de comunicación con una serie de declaraciones que causaron gran revuelo.
Por ejemplo, reafirmar, apenas llegado, su interés por Groenlandia: “Groenlandia es muy importante para nosotros y no lo es para Dinamarca”, lanzó a los periodistas, acusando a Copenhague de no invertir lo suficiente en la seguridad de la isla, la cual considera estratégica frente a los “buques chinos y rusos” que la rodean.
Posteriormente, reconoció que sus palabras de enero sobre un posible uso de la fuerza para tomar el control del territorio habían “deteriorado” sus relaciones con los aliados. Unas declaraciones inoportunas, que pasaron por alto el hecho de que Washington y Copenhague mantienen actualmente negociaciones bilaterales sobre Groenlandia y que, una vez más, forzaron a las autoridades danesas a reafirmar que “Groenlandia no está en venta”.
Este miércoles, último día de la cumbre, la indignación del jefe de la Casa Blanca volvió a centrarse en dos frentes antieuropeos. Como un mantra, aludió a Irán.
“No estoy contento con la OTAN porque no quisieron ayudarnos contra el principal Estado que apoya el terrorismo, es decir, Irán”, afirmó Trump, haciendo referencia a los ataques estadounidenses e israelíes contra Teherán a finales de febrero, a los que los europeos no brindaron su apoyo.
Y después contra España, a la que calificó de “causa perdida”.
Trump volvió a anunciar su intención de “cesar todo intercambio comercial” con Madrid, acusando de nuevo al país ibérico de no contribuir lo suficiente al gasto de defensa de la Alianza.
El viraje de Trump
Pero estos arrebatos, proferidos cuando estaba sentado junto a Rutte, dieron paso al final de la jornada a un tono totalmente distinto. Tras la reunión a puertas cerradas de los 32 líderes, Trump apostó por la unidad, en un giro que recordó la cumbre de La Haya en 2025, cuando calificó de “éxito monumental” el compromiso de los aliados con el 5% del PBI.
Totalmente curados de espanto, los dirigentes europeos se mantienen fieles a su estrategia de “dejar pasar”. Al ser interrogado sobre las numerosas quejas expresadas públicamente por el presidente estadounidense, Macron aseguró no haberlas “oído en la sala” durante la reunión a puerta cerrada, minimizando así cualquier riesgo de una ruptura abierta.
Por otra parte, el mandatario francés anunció la celebración de una nueva reunión de la “coalición de voluntarios” en apoyo a Ucrania para el próximo 13 de julio en París, la cual incluirá ejercicios militares conjuntos sin precedentes con el fin de “dar credibilidad y consolidar” la labor de planificación de los aliados europeos.
Por su parte, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que fue mencionado nominalmente por Trump, aseguró haber mantenido con él un intercambio “cortés” y –colmo de la ironía– elogió las relaciones “muy positivas” entre España y Estados Unidos, en un intento por desactivar públicamente las críticas del presidente estadounidense.
Rutte descartó, como es habitual, la idea de que las reiteradas críticas de Trump pongan en peligro la Alianza.
“Estoy aquí para preservar la unidad, o al menos para hacer todo lo posible por mantenerla”, declaró al término de la cumbre.
Previamente, Rutte había elogiado los esfuerzos de Washington con palabras destinadas a halagar a su homólogo estadounidense, no sin despertar nuevamente las críticas de los observadores europeos.
“El hecho de que el presidente Trump anime a los canadienses y a los europeos a gastar más ha ayudado de verdad (...) es una gran victoria para el presidente estadounidense”, dijo.
Como anfitrión de la cumbre, Erdoğan aprovechó el estrado para ensalzar el auge de la industria de defensa nacional.
“Lo que antes hacíamos en un año, ahora lo hacemos en una semana”, declaró, abogando por una plena integración de su país en la arquitectura de seguridad europea.
“Es inconcebible plantear la seguridad europea sin Turquía”, afirmó.
A pesar de la ausencia de grandes convulsiones, la cumbre de la OTAN en Ankara quedará sin embargo marcada como la de una Alianza que, una vez más, buscó ante todo contener a Trump en lugar de mostrar una visión estratégica común. El formato breve, el énfasis sistemático en las cifras de rearme europeo y la fórmula de apertura sobre el Artículo 5 reflejan una estrategia asumida por Rutte: demostrar con pruebas que los compromisos adquiridos en La Haya en 2025 se traducen en hechos.
En cuanto al fondo, la cumbre confirma un viraje que ya se venía gestando desde hace meses: una Alianza llamada a ser más europea y un poco menos estadounidense, en un contexto en el que Washington deja abierta la incertidumbre sobre su compromiso futuro en Europa. El anuncio de 70.000 millones de euros en ayuda a Ucrania para 2026, y otros tantos para 2027, demuestra que los europeos y Canadá asumen ahora, casi en su totalidad, la financiación del esfuerzo bélico.
No obstante, la volatilidad del presidente estadounidense –capaz de arremeter contra sus aliados por la mañana y de celebrar la unidad de la Alianza por la tarde– mantiene una incertidumbre persistente sobre la solidez del vínculo transatlántico, una duda que la mera reafirmación retórica del Artículo 5 no la logrado disipar.
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