Dos hijos de la Guerra Fría enfrentados en un nuevo conflicto
Desde que John F. Kennedy y Nikita Kruschev se enfrentaron por Berlín y por Cuba, ningún presidente estadounidense y ningún líder ruso volvieron a chocar de manera tan dramática
6 minutos de lectura'
WASHINGTON.- Según la anécdota que cuenta Joe Biden, hace más de una década, cuando se reunió con Putin en Moscú, fue brutalmente honesto con el presidente ruso. “Lo miro a los ojos y me doy cuenta de que usted no tiene alma”, recuerda haberle dicho Biden a su par ruso.
Putin sonrió. “Veo que nos entendemos”, le respondió.
Today, I authorized a new round of sanctions and limitations in response to Putin’s war of choice against Ukraine.
— President Biden (@POTUS) February 25, 2022
We have purposefully designed these sanctions to maximize the long-term impact on Russia – and to minimize the impact on the United States. pic.twitter.com/wM0kEBcZba
Ahora que Estados Unidos intenta reunir el apoyo del mundo para contrarrestar la invasión rusa de Ucrania, Biden y Putin han tenido que poner a prueba todo lo que saben el uno del otro para anticipar la movida de su contrincante y sacarle ventaja, con el destino de millones de personas en juego.
Desde que John F. Kennedy y Nikita Kruschev se enfrentaron por Berlín y por Cuba, ningún presidente estadounidense y ningún líder ruso volvieron a chocar de manera tan dramática. Aunque los dos Estados con potencia nuclear no están listos para enfrentarse en una guerra, como era el caso seis décadas atrás, el enfrentamiento entre Biden y Putin igual entraña enormes consecuencias a largo plazo para el orden mundial.
Biden denunció a Putin como “el agresor” que invadió Ucrania y juró convertirlo en “un paria en el escenario internacional”. Para lograrlo, el viernes decidió imponerle sanciones al propio Putin, apuntado contra él personalmente, algo nunca visto ni siquiera durante la Guerra Fría. Putin, por su parte, tras haber detectado que Estados Unidos está dividido, concentrado en sus asuntos internos y con poco espacio para el consenso, ha decidido poner a prueba la templanza de Biden.
“Vienen de dos mundos diferentes, y es difícil ver dónde se cruzan”, dice Frank Lowenstein, exintegrante del Comité de Relaciones Exteriores del Senado cuando Biden lo presidía. Biden cree profundamente en el sistema de reglas que Putin intenta tirar abajo. “Es casi una personificación del antiguo orden de las cosas”, dice Lowenstein respecto a Biden, “mientras que Putin en cierto modo personifica la nueva falta de orden”.
Durante las últimas semanas, Biden pasó incontables horas con asesores y funcionarios de inteligencia intentando imaginar lo que pasaba por la cabeza de Putin para desbaratar sus planes, algo que hasta el momento no ha dado resultados.
Hace mucho que el líder ruso mastica odio con Ucrania y le niega estatus de Estado independiente, pero los asesores de Biden le informaron que durante su aislamiento por la pandemia el pensamiento del presidente ruso parece haberse radicalizado.
Mientras las tropas rusas se acumulaban junto a la frontera con Ucrania, Biden intentó hablar con Putin por teléfono y mandó enviados de todo tipo para reunirse con cualquier funcionario ruso dispuesto a dialogar, pero sus llamadas no fueron atendidas, como tampoco las de otras propuestas de diálogo.
El desafío es el siguiente: si en estas últimas etapas de su reinado Putin está intentando reescribir la historia para revertir lo que considera como la injusticia del desmembramiento de la Unión Soviética de 1991 y reconstruir el viejo imperio, las herramientas tradicionales de disuasión y de diplomacia tal vez no sean suficientes para hacerlo abandonar esa tarea mesiánica.
Así que en las últimas semanas Biden destacó la solidaridad con Europa para restaurar la unidad de la OTAN, muy deteriorado durante la presidencia de Donald Trump, quien criticaba menos al propio Putin que a los amigos de Estados Unidos. Ese trabajo diplomático llevó el viernes a ambas partes del Atlántico a apuntar directamente contra Putin y sus depósitos personales de dinero en el exterior de Rusia.

Biden y Putin son hijos de la Guerra Fría que se criaron, se educaron y se casaron en una época en que el espectro de una guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética se cernía sobre prácticamente todo. Sin embargo, cuando esa época oscura terminó, los dos hombres salieron con visiones radicalmente diferentes sobre ese final: uno lo celebró como una victoria de la libertad y la democracia, el otro lo deploró como un desastre para su país y su pueblo.
Ambos provienen de familias modestas y son el resultado del sistema donde se creció cada uno, pero llegaron al poder por caminos diferentes. Biden, de 79 años, es un político que confía en la fuerza de su optimismo para conducir la diplomacia, mientras que Putin, de 69 años, es un hosco agente de inteligencia que se la pasa rumiando resentimientos y teorías conspirativas.
Putin nunca habla sobre su familia, mientras que Biden lo hace todo el tiempo. Putin no pasó nada de tiempo en la política electiva antes de salir de la oscuridad para suceder a Boris Yeltsin, mientras que Biden pasó toda su vida presentándose a elecciones. Ambos tienen una inclinación por el exhibicionismo machista: Putin, posando en fotos con tigres o con el torso desnudo, y Biden mostrando sus autos deportivos y cacareando que le gustaría derrotar a Trump.
“Biden es un político minorista, de contacto directo con la gente, mientras que Putin proviene de los servicios de seguridad encubiertos, que se maneja como un estrecho círculo mafioso”, dice Heather Conley, presidenta del Fondo Marshall Alemán de Estados Unidos, un grupo que promueve las relaciones transatlánticas. “Putin ve una historia cargada de agravios que él intenta revertir, y la historia del presidente Biden es la de la victoria estadounidense al final de la Guerra Fría y el poder positivo de las alianzas, la libertad y la democracia.”
Durante un tiempo, los presidentes estadounidenses creyeron que podían hacer causa común con Putin. Después de asumir como primer ministro en 1999 y como presidente en 2000, Putin parecía determinado a acercar a Rusia hacia Occidente, alineándose con el presidente George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y hasta recibiendo a tropas estadounidenses en exterritorio soviético. En 2002, Putin decía que las repúblicas del Báltico tenían todo el derecho de adherir a la OTAN si así lo deseaban.
America stands up to bullies. We stand up for freedom.
— President Biden (@POTUS) February 24, 2022
That’s who we are.
Pero tras la Revolución de las Rosas y la llegada al poder de gobiernos pro-occidentales en la exrepública soviética de Georgia, en 2003, y la Revolución Naranja en Ucrania en 2004, Putin sospechó que los levantamientos eran ensayos fogoneados por Estados Unidos para conspirar en su contra.
La guerra de Putin contra Georgia en 2008, la anexión de Ucrania y el apoyo a los levantamientos separatistas en Ucrania en 2014 dejaron al descubierto su estrategia revanchista de revertir el colapso soviético, al que calificó como “la mayor catástrofe geopolítica” del siglo XX. Y después de llegar a la conclusión de que las protestas callejeras en su contra en 2011 eran en cierto punto obra de Hillary Rodham Clinton, Putin autorizó una operación clandestina para ayudar a derrotarla en las elecciones de 2016 y lograr el triunfo de Trump.
(Traducción de Jaime Arrambide)
Otras noticias de Guerra en Ucrania
Negocio millonario. Por qué la guerra en Medio Oriente es un problema para el que quiera viajar por el mundo
De Ucrania a Medio Oriente. El dron iraní de bajo costo que transformó la guerra en Europa y hoy desafía a EE.UU. e Israel
Lluvia de drones y misiles. Rusia lanza un ataque masivo contra Ucrania y dice que no tiene “fecha límite” para terminar la guerra
- 1
Así es el portaaviones Charles de Gaulle que Francia envió al Mediterráneo por la guerra en Irán
- 2
Yigal Carmon, experto en Medio Oriente: “No hay una Delcy Rodríguez en Irán, el régimen va a luchar hasta la muerte”
- 3
Israel advierte que el bastión de Hezbollah en Líbano podría sufrir la devastación de Gaza y provoca pánico y evacuaciones
- 4
Una pequeña minoría en Israel vive la guerra con sentimientos encontrados






