El amigo del seminario que cuidó su salud

Monseñor Bonet Alcón le donó sangre en 1957, cuando sufrió una afección pulmonar
Fernando Castro Nevares
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19 de marzo de 2013  

En medio de la alegría que reina entre los argentinos por tener por primera vez un papa nacido en el país , en estos días afloran los recuerdos entre los que tuvieron oportunidad de conocer a Francisco.

Uno es monseñor José Bonet Alcón, compañero de Jorge Bergoglio en el Seminario Arquidiocesano en 1957, cuando ambos cursaban primer año en esa casa de estudios, entonces dirigida por la Compañía de Jesús. Presidente del Tribunal Eclesiástico Nacional, Bonet Alcón recuerda a Francisco como un joven de una gran virtud y una gran capacidad para cargar con el sufrimiento. Y ese sufrimiento estuvo presente en su vida desde muy temprano, ya que ese mismo año sufrió una grave afección pulmonar que lo llevó a una internación en el hospital Sirio Libanés.

"Lo visitábamos en los ratos libres y pasábamos parte del día con él. Incluso a veces nos quedábamos a dormir en el hospital. Lo cuidábamos y sufríamos mucho por él", detalla Bonet Alcón.

Pero la afección pulmonar que lo acercó a la muerte también despertó la solidaridad de sus compañeros. "Otro seminarista, José Barbich, y yo le dimos un litro o un litro y medio de sangre, en una transfusión de persona a persona."

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De muy joven, Bergoglio, según lo recuerda Bonet Alcón, se destacaba. Haciendo memoria, señala que era un joven ejemplar. Una persona de mucha piedad, mucha oración, muy serio en el estudio y muy dado a conversar con todos. Un hombre que sin ser muy extrovertido, era poseedor de una simpatía natural.

"No es que tuviera nada extraordinario. Pero en la vida ordinaria hacía todo bien. En la vida ordinaria era muy ejemplar", agrega. Y en pocas palabras, como síntesis de la personalidad del hoy papa Francisco señala: "Todas sus virtudes encajaban en una persona muy armónica".

En esa época en que los religiosos de la Compañía de Jesús dirigían el seminario de Devoto, los mejores seminaristas se iban con los jesuitas, en gran parte, por el buen ejemplo que daban. Por eso, al año siguiente, Francisco dejó Devoto e ingresó en el Seminario Jesuita de Chile. Bonet se ordenó en Devoto y Bergoglio en el Colegio Máximo, en San Miguel. Años más tarde el destino los volvió a reunir. Se reencontraron y tuvieron mucho trato. Se veían con frecuencia tanto en el Tribunal Eclesiástico como en la Facultad de Derecho Canónico de Universidad Católica Argentina (UCA).

Con el convencimiento de alguien que compartió aulas, clases, oración y charlas con un joven Bergoglio, Bonet Alcón vuelve a destacar las virtudes del Papa.

"Es un gran pastor. Tiene una gran capacidad para gobernar, mucha cercanía con el pueblo y con los más necesitados. Posee una gran memoria para recordar personas y situaciones y para ver el punto principal de cada problema: una capacidad totalmente fuera de lo común."

Se sabe que Francisco introdujo la devoción a la Virgen Desatanudos y la importancia que ocupa la oración en su alma. Bonet Alcón precisa: "Toda su vida, a todas las personas con las que habla o les escribe los despide así: «Que Jesús te bendiga, que la Virgen María te cuide y reza por mí»".

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