El mundo secreto de la residencia papal, el nuevo hogar de Francisco
Dispondrá de tres sedes oficiales: en el Vaticano, en Roma y en Castel Gandolfo; por su estilo humilde y austero, no es previsible que ordene muchos cambios
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ROMA.- A partir de hoy al mediodía, después de la misa que marcará simbólicamente el inicio del pontificado del papa Francisco, el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica y jefe de Estado de la Santa Sede dispondrá como todos sus antecesores de varias residencias oficiales, en el Vaticano, en Roma y en Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de la capital italiana.
La principal de esas residencias se encuentra naturalmente en el Vaticano , en el Palacio Apostólico que acoge igualmente la Secretaría de Estado, el departamento del cardenal secretario de Estado y el de su adjunto, un arzobispo.
En ese palacio de cuatro plantas bautizado Paulo V también se encuentran la prefectura de la casa pontificia, la oficina de celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice y una infinidad de habitaciones, una más hermosa que otra (como la Sala Regia, la Sala Clementina y la Sala del Consistorio), además de las cuatro habitaciones ornadas de frescos y llamadas "de Rafael".
Con el correr de los siglos, los papas cambiaron varias veces de residencia. Circunstancias personales o gustos propios los llevaron a vivir en diversos sitios, dentro o fuera del Vaticano.
La última de esas mudanzas se produjo hace más de 100 años, en 1903, cuando Pío X se instaló en el tercer piso del Palacio Apostólico y, desde entonces, todos sus sucesores viven allí.
La segunda ventana de ese tercer piso, a partir de la derecha cuando se mira la fachada, desde donde el Papa se dirige a la gente cada domingo para el Angelus, corresponde a su escritorio personal. El dormitorio se sitúa en el ángulo del edificio. Al Este hay una sala de baño, los toilettes y el comedor. Al Norte hay un vestidor.
Pío X no fue muy exigente cuando se instaló en ese sitio: la decoración era simple y los muros estaban recubiertos de un papel con pequeñas flores. Durante su reino, el acceso a sus departamentos estaba prohibido a todos, con excepción de un puñado de íntimos.
En ese sentido, la situación fue aún más estricta con sus sucesores. Con Pío XII, el ingreso al tercer piso se hizo todavía más difícil, mientras que sus departamentos se volvieron más lujosos: sedas en las paredes y cortinas livianas en lugar de las viejas tapicerías. Una habitación fue transformada en gimnasio, con todos los aparatos necesarios, mientras que otras dos se convirtieron, respectivamente, en toilettes y sala de proyección.
Filtraciones
Con Juan Pablo II, que nunca se interesó por esas cosas, los equipamientos envejecieron tanto que el agua se filtraba por los techos. Una situación resuelta rápidamente por Benedicto XVI que, apenas asumió, ordenó modernizar todo.
Un fabricante alemán ofreció una nueva cocina, moderna y elegante. Se reemplazaron las canalizaciones herrumbradas. Las instalaciones eléctricas se pusieron acorde con las nuevas reglas de seguridad. Se reparó el techo, se pintaron las paredes en colores luminosos y se enceraron los pisos.
Pero, ¿cómo se llega a los departamentos privados del Papa? Después de franquear el portón de hierro forjado de Santa Ana, hay que llegar al patio del Belvedere, recorrer el pasaje cubierto llamado il Grottone (la gruta grande) y el patio Borgia, que desemboca en el patio San Damaso.
De allí es necesario pasar al pequeño patio de Sixto V, donde se encuentra un ascensor que conduce a los pisos superiores del palacio. En el segundo piso, un largo pasillo luminoso protegido por vitrales acoge al visitante. El Papa mantiene sus audiencias en ese piso, donde también trabaja el secretario de Estado.
Con excepción de sus colaboradores más cercanos, el tercer piso está off limits para el resto del mundo. Para acceder allí también hay que tomar el ascensor, pero se necesitan dos llaves: una para entrar y otra para hacerlo funcionar.
Las escasas personas que tienen acceso al Papa en sus departamentos son su secretario privado y un reducido equipo de laicos que se ocupan de la cocina y la limpieza. Ese grupo no vive allí mismo, sino en locales situados en el desván, entre el tercer piso y el techo.
A diferencia de Juan Pablo II, que asiduamente tenía invitados a comer, Benedicto XVI llevó una vida más discreta, confiriendo a sus departamentos una atmósfera tranquila y silenciosa.
El Papa puede decorar sus departamentos como quiera. Pero, si decide dejar esa tarea en manos del Vaticano, las posibilidades son infinitas porque el material disponible es vastísimo. De ese patrimonio se ocupa "la Florería", antiguo nombre que no tiene nada que ver con la multitud de tareas que ese servicio desempeña en la actualidad, que está a cargo de todo aquello que no es litúrgico en materia de amoblamiento, y realiza instalaciones y decoraciones a pedido.
Curiosidad
Todos esperan con curiosidad ver cuál será el ritmo y el color que querrá dar el papa Francisco a esa residencia. Teniendo en cuenta su estilo despojado y humilde, es fácil imaginar que sus departamentos no sufrirán demasiados cambios.
Hay quienes se preguntan, incluso, si el flamante pontífice argentino no decidirá vivir en un lugar mucho más austero dentro de la Ciudad del Vaticano.
Las otras dos residencias oficiales del Papa son el Palacio de Letrán y la propiedad extraterritorial de Castel Gandolfo. El primero es un antiguo palacio construido durante el imperio romano, que se convirtió más tarde en residencia papal. Está situado junto a la archibasílica de San Juan de Letrán de Roma, sede del obispado de la ciudad, ejercido por el Pontífice.
Actualmente, el edificio acoge en su interior al Museo Pontificio de Antigüedades Cristianas. Aunque durante casi 1000 años fue la residencia principal de los jefes de la Iglesia Católica, ese palacio ha dejado de ser habitado desde hace mucho tiempo.
Para escapar del calor sofocante del verano romano, los pontífices poseen la hermosa propiedad de Castel Gandolfo, que, con sus 55 hectáreas, es más grande que el mismo Vaticano.
Es allí, a unos 30 kilómetros de Roma, donde descansa el papa emérito Benedicto XVI, hasta que terminen los trabajos en el convento que lo acogerá definitivamente en la ciudad vaticana, a dos pasos de la residencia de su sucesor, Francisco.
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