Ocurrió en California en 1974, cuando ella tenía 19 años; su caso mantuvo en vilo a los Estados Unidos
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Patty Hearst fue secuestrada por un grupo revolucionario en 1974, según informó la BBC. Pero hace 50 años, el 20 de marzo de 1976, fue declarada culpable de haberse puesto del lado de sus captores. “Mamá, papá, estoy con una unidad de combate que tiene armas automáticas”.
Patty Hearst, una estudiante universitaria de 19 años y heredera de un imperio periodístico, fue secuestrada en febrero de 1974 en su apartamento, situado fuera del campus de Berkeley, en California. Poco más de una semana después, una grabación de audio con su voz permitió a su familia saber que seguía con vida. Era el tipo de situación que a menudo se describe como la pesadilla de todo padre, pero sus peculiares detalles la hacían única.
Con ingredientes como la alta sociedad, el trauma psicológico y la violencia radical, el calvario de Hearst mantuvo en vilo a Estados Unidos y rivalizó con el escándalo del Watergate —que se desarrollaba simultáneamente— en términos de cobertura televisiva.
Cuando fue captada por las cámaras de seguridad durante un atraco bancario, empuñando una metralleta apenas dos meses después de su secuestro, el giro de los acontecimientos resultó asombroso. ¿Le habían lavado el cerebro o era una cómplice voluntaria?
SLA

Los secuestradores pertenecían al oscuro grupo de extrema izquierda Ejército Simbionés de Liberación (SLA, por sus siglas en inglés), uno de los múltiples grupos radicales que surgieron en esa época. Informando para la BBC, el corresponsal en Estados Unidos John Humphrys señaló que se sabía poco sobre el grupo, “más allá de lo que ellos mismos han escrito en sus diversos comunicados. Eso, y el hecho de que los miembros del SLA están dispuestos a matar por su causa”.
La primera víctima del grupo fue Marcus Foster, un superintendente escolar de Oakland, California, cuyo supuesto delito consistió en intentar introducir guardias de seguridad en los institutos locales. Fue tiroteado fatalmente con balas con punta de cianuro en noviembre de 1973.
“En el caso de Patty Hearst —su segunda víctima—”, señaló Humphrys, “su delito fue, sencillamente, el hecho de haber nacido en el seno de la familia Hearst: una familia inmensamente rica y, gracias a su control de los medios de comunicación, inmensamente poderosa; una familia que debió de simbolizar para el SLA la misma sociedad capitalista que el grupo declaraba tener la intención de destruir”.
El padre de Hearst, Randolph, era editor del San Francisco Examiner y cabeza de la dinastía mediática familiar. Su abuelo William Randolph Hearst fue el magnate periodístico cuya vida y trayectoria sirvieron al cineasta Orson Welles como base —libremente adaptada— para el clásico del cine Citizen Kane (Ciudadano Kane). Los audaces titulares y la narrativa trepidante sobre los que Hearst cimentó su imperio resurgieron décadas más tarde en la exhaustiva cobertura televisiva del secuestro de su nieta.

A los pocos días del secuestro, el SLA comenzó a entregarle grabaciones en casete a los medios de comunicación, exigiendo que la familia Hearst financiara un programa masivo de distribución de alimentos para los pobres en California. El líder del SLA, Donald “Cinque” DeFreeze, declaró en un mensaje dirigido a los Hearst que estaba “totalmente dispuesto a ejecutar a su hija para salvar la vida de hombres, mujeres y niños de todas las razas que mueren de hambre”.
En la cinta también se escuchaba la voz de la propia Hearst, diciéndoles a sus padres que se encontraba con un grupo armado. “Y esta gente no es solo un puñado de locos. Han sido realmente honestos conmigo, pero están perfectamente dispuestos a morir por lo que están haciendo”.
En una segunda grabación, realizada cuatro días después, dijo: “Es realmente deprimente oír a la gente hablar de mí como si estuviera muerta”. Los Hearst accedieron a la exigencia del SLA de entregar US$2 millones en alimentos, lo que se calificó como el rescate más insólito que se haya pagado hasta el momento.
John Humphrys, de la BBC, señaló que “el William Randolph Hearst original —un reaccionario arrogante que alguna vez dijo que solo la gente rica resulta interesante— probablemente habría encontrado esta situación inverosímil”. Se establecieron puntos de distribución en zonas empobrecidas de todo Los Ángeles y San Francisco, donde se formaron largas filas para recoger bolsas que contenían pavo, pan, leche, huevos, frutas y verduras.
“He elegido quedarme y luchar”

En algunos bancos de alimentos se vivieron escenas caóticas. En Oakland, la multitud de 5000 personas se enfureció cuando los organizadores arrojaron provisiones desde una ventana. Un policía fue apuñalado y un miembro de la multitud quedó inconsciente cuando la gente comenzó a arrojar las latas de comida de vuelta. Muchos de los que debían beneficiarse rechazaron la ayuda, afirmando estar consternados por las tácticas del SLA. Un residente de Los Ángeles declaró: “Simplemente valoro la vida humana un poco más que una bolsa de víveres”.
La joven Hearst soportó durante un mes una intensa presión psicológica mientras permanecía oculta en las estrechas casas de seguridad del grupo. En otra grabación se la escuchaba describir el programa de ayuda como “un verdadero desastre”, dado que la mayor parte de los alimentos era de mala calidad. “Ciertamente, no parecía el tipo de comida que nuestra familia está acostumbrada a comer”, comentó. ¿Seguía hablando bajo coacción?

Semanas más tarde, el 3 de abril de 1974, llegó la grabación bomba de Hearst: “Se me ha dado a elegir entre: 1, ser liberada en una zona segura; o 2, unirme a las fuerzas del Ejército Simbionés de Liberación y luchar por mi libertad y por la libertad de todos los pueblos oprimidos. He elegido quedarme y luchar”. Reveló que el SLA la había rebautizado como Tania, en honor a una guerrillera judío-alemana que luchó junto al líder revolucionario marxista Che Guevara en Bolivia.
Acompañando a la cinta había un cartel que la mostraba ataviada con indumentaria de combate completa, blandiendo un arma automática frente al emblema del SLA: una cobra de siete cabezas. Un incrédulo Randolph Hearst les dijo a los periodistas: “Nosotros la hemos tenido durante 20 años; ellos, 60 días. No creo que vaya a cambiar sus convicciones tan rápida ni tan permanentemente”. Su madre, Catherine, coincidió con él. “Conozco muy bien a mi hija, y sé que jamás se uniría a una organización de ese tipo sin haber sido coaccionada”, afirmó.
El 15 de abril de 1974, Patty Hearst pasó de ser víctima a fugitiva cuando las imágenes de las cámaras de seguridad de un atraco bancario la mostraron portando un arma de asalto. Para el público, la situación resultaba desconcertante: ¿acaso había abrazado realmente el extremismo, o le habían lavado el cerebro? Los medios de comunicación y las fuerzas del orden se mostraron igualmente divididos al respecto.
En una cinta difundida una semana después, ella se mostró firme: “Para aquellas personas que todavía creen que me han lavado el cerebro o que estoy muerta, no veo razón alguna para seguir defendiendo mi postura... Soy una soldado del Ejército del Pueblo”. Unos días más tarde, tachó a su prometido, Steven Weed —quien se encontraba con ella cuando fue secuestrada—, de “cerdo sexista que discrimina por la edad”. Ante la intensa presión a la que se veía sometido el SLA, el grupo se trasladó de San Francisco a Compton, en la zona centro-sur de Los Ángeles.

El FBI rodeó su escondite el 17 de mayo de 1974 tras recibir un aviso de que se había visto a varias personas armadas transportando armamento pesado. Los equipos de televisión se enteraron del asedio que se estaba desarrollando y acudieron a toda prisa al lugar de los hechos.
Después de que la Policía lanzara granadas de gas lacrimógeno al interior del edificio y se produjera un intercambio de disparos, la casa se incendió. Seis miembros del SLA perecieron en el incendio, entre ellos algunos de los captores de Hearst.
Una sentencia de 7 años

En su última grabación de audio, realizada el 7 de junio de 1974, Patty Hearst pronunció un elogio fúnebre en honor a aquellos que habían muerto en el tiroteo. “Quiero hablar sobre la forma en que yo conocí a nuestros seis camaradas asesinados, porque los medios de comunicación, esos cerdos fascistas, han estado pintando, como es habitual, una imagen distorsionada de estas hermosas hermanas y hermanos”, declaró. Después, guardó silencio.
Durante más de un año permaneció a la fuga hasta que, el 18 de septiembre de 1975, fue arrestada en San Francisco. Cuando los agentes le preguntaron por su ocupación, ella respondió: “Guerrillera urbana”. Para el momento de su juicio por robo a mano armada en un banco, su discurso había cambiado por completo.
Su defensa argumentó que había sido amenazada de muerte, agredida sexualmente y sometida a un lavado de cerebro mediante “persuasión coercitiva”. Se presentó como una víctima traumatizada que se había sumado a las actividades del SLA impulsada por su instinto de supervivencia. Sus abogados alegaron que padecía el síndrome de Estocolmo, un término controvertido que se había acuñado recientemente para explicar los sentimientos de afecto, aparentemente irracionales, que algunos cautivos desarrollan hacia sus captores.
La fiscalía contraatacó presentando las grabaciones y fotografías que la mostraban participando en los delitos, expresándose con fluidez en la retórica del SLA y rechazando las oportunidades que tuvo para escapar. Insistieron en que ella había actuado de forma voluntaria, o al menos con pleno conocimiento de causa.
A lo largo del juicio, Hearst permaneció sentada con una postura rígida, mostrándose a menudo apática o emocionalmente distante. La defensa sostuvo que dicha actitud era consecuencia del trauma sufrido; la fiscalía, por su parte, afirmó que reflejaba su indiferencia.
Hace 50 años, el 20 de marzo de 1976, el jurado la declaró culpable tras un juicio que se prolongó durante siete semanas. Fue condenada a siete años de prisión federal, aunque el presidente Jimmy Carter conmutó su pena tras haber cumplido 22 meses. En el año 2001, el presidente Bill Clinton le concedió un indulto total.
Un giro a su vida

Hearst se estableció en una vida más tranquila y contrajo matrimonio con su guardaespaldas dos meses después de salir de prisión. Lo había conocido en 1976, mientras se encontraba en libertad bajo fianza a la espera de la resolución de su recurso de apelación. Se dedicó a la escritura y a la actuación, y posteriormente fue interpretada por Natasha Richardson en una película biográfica de 1988 basada en su propia vida. Apareció en varias películas de John Waters, el provocador escritor y director, tras haberlo conocido durante un viaje promocional al Festival de Cine de Cannes.
En 1981, mientras promocionaba su autobiografía, fue entrevistada por Barbara Walters, de ABC News. Dijo que creía que, durante su estancia en el SLA, no había sido sometida a un lavado de cerebro, pero que desde entonces había cambiado de opinión. “Tengo una personalidad bastante fuerte”, dijo. “No me gusta pensar que soy alguien a quien se pueda doblegar, ni que soy lo suficientemente débil como para permitir que otros me controlen; y, sin embargo, pudieron hacerlo, y lo hicieron”.
*Por Greg McKevitt
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