En plena crisis, una historia exitosa en la periferia de París

Los barrios bajos se convirtieron en una incubadora de emprendedores
Liz Alderman
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16 de mayo de 2013  

PARÍS.- Mourad Benamer recuerda el día en que sus padres fueron a conocer el elegante restaurante de sushi que acababa de abrir en los alrededores de Champs-Élysées. Contra todos los pronósticos, Benamer había logrado abrirse camino desde el duro suburbio parisino, llamado banlieue , donde creció en el seno de una familia pobre marroquí instalada en el nordeste de París, y pegarla con una fórmula que muy pronto se convirtió en un éxito que superó sus sueños.

"Venimos de un lugar donde se sufre la injusticia y la falta de oportunidades", dijo Benamer, de 36 años, al recordar su banlieue , el barrio de Bondy. Pero ahí estaba en su propio negocio, en el corazón turístico de París, una tarde de invierno de 2007, mientras su madre señalaba con incredulidad los rolls de trufa y foie gras que les servían a los clientes de Eat Sushi, que desde entonces se ha convertido en una cadena de 38 locales en toda Francia.

Durante décadas, los carenciados suburbios de París y otras grandes ciudades de Francia fueron lugares de privación, focos de discriminación y de pobreza. Francia se comprometió hace mucho tiempo a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de los suburbios, muchos de ellos musulmanes y mayormente personas con raíces familiares árabes o subsaharianas.

A pesar de las promesas de Nicolas Sarkozy cuando era presidente de resolver esas desigualdades que estallaron con la violenta serie de disturbios de 2005 y 2007, los críticos dicen que muy poco ha cambiado.

Es por eso que una nueva generación de personas como Benamer está tratando de convertir los suburbios en incubadoras de emprendedores que entiendan que la iniciativa personal es la única manera de salir de esos barrios, que albergan a alrededor de un 10% de los 63,7 millones de habitantes de Francia.

Gracias al continuo lobby, los emprendedores de banlieue han conseguido fondos de inversión "ángel", persuadiendo a las grandes empresas francesas, como la aseguradora AXA o BNP Paribas, de que contribuyan con dinero que sirva para el arranque de iniciativas que van desde la remoción de residuos hasta flotas de taxis. Recientemente, uno de esos fondos financió la expansión de la cadena Eat Sushi.

Es demasiado pronto para saber la cantidad de nuevos negocios surgidos de este movimiento o evaluar su éxito. Pero es una actividad que se desarrolla mayormente al margen de la esfera de acción del Estado.

"Si esperamos a que el gobierno haga algo, la gente se va a quedar estancada", dijo Benamer.

Como parte de ese esfuerzo de autoayuda, las organizaciones de los suburbios que promueven la diversidad étnica han exigido que las minorías tengan su lugar en los programas de patrocinio y empleo en las empresas francesas.

Benamer es un caso testigo. Uno de los menores de 10 hermanos, hijos de padres iletrados, Benamer creció en el agitado barrio suburbano de Bondy, que estuvo sumido en las revueltas de 2005 y 2007. Tras egresar de un instituto empezó un negocio de sándwiches con su hermano menor, Yahia. Trabajando 13 horas al día, al poco tiempo vendían más de 2000 sándwiches por día a los colegios de la zona.

En 2006, crearon Eat Sushi. El año pasado, un fondo de inversión "ángel", Citizen Capital, invirtió un 30% de capital. Las ventas el año pasado alcanzaron los 26 millones de dólares y hoy Eat Sushi emplea a 550 personas de 30 países en toda Francia. "Si nos hubiésemos dejado estigmatizar, Francia se habría perdido no sólo el buen sushi, sino también los cientos de puestos de trabajo que generamos."

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