En su tercer consistorio, el Papa llama a combatir el "virus de la polarización"

Durante la ceremonia en la que creó 17 cardenales, Francisco advirtió por el clima de hostilidad y exclusión en el mundo
Elisabetta Piqué
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20 de noviembre de 2016  

Francisco, ayer, al presentarle a Benedicto XVI a los nuevos cardenales, en el Vaticano
Francisco, ayer, al presentarle a Benedicto XVI a los nuevos cardenales, en el Vaticano Fuente: Reuters

ROMA.- Denunció el "virus de la polarización en el mundo y en el seno de la Iglesia", y pidió abrir los ojos ante las heridas "de tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad". En el tercer consistorio de su pontificado -en el que creó 17 nuevos cardenales de los cinco continentes, reforzando el papel de las periferias y disminuyendo la presencia europea-, el Papa llamó ayer a combatir "la epidemia" de la enemistad y de la exclusión.

"Nos toca transitar un tiempo donde resurgen epidémicamente, en nuestras sociedades, la polarización y la exclusión como única forma posible de resolver conflictos", lamentó Francisco, en una homilía fuerte, inspirada en el Evangelio del día.

"Vemos, por ejemplo, cómo rápidamente quien está al lado nuestro ya no sólo posee el estatus de desconocido o de inmigrante o refugiado, sino que se convierte en una amenaza, adquiere el status de enemigo. Y, sin darnos cuenta, esta lógica se instala en nuestra forma de vivir, de actuar y proceder", afirmó el Papa, en una Basílica de San Pedro teñida de rojo.

Con sus vestimentas de ese color se destacaban, en primera fila, los nuevos cardenales, de los cuales 13 son electores (menores de 80 años y con derecho a participar en un eventual cónclave). Estaban acompañados por el resto del colegio cardenalicio. El rojo es el color de la sangre, que los nuevos cardenales, máximos colaboradores del Papa, deben estar dispuestos a derramar, como dijeron al jurarle fidelidad.

Durante el rito solemne, los nuevos "príncipes de la Iglesia" recibieron sus símbolos cardenalicios: el birrete púrpura, el anillo y la titularidad de una iglesia romana. Al final de la ceremonia, en una nueva señal de respeto y cariño hacia su predecesor, Francisco y los nuevos cardenales se trasladaron en combis hasta el monasterio del Vaticano donde vive Benedicto XVI , papa emérito, de 89 años. Entonces, hubo abrazos y el Papa le pidió a Joseph Ratzinger que rezara y bendijera a los nuevos integrantes del Colegio Cardenalicio.

En su sermón, Francisco recordó que "el enemigo es alguien a quien debo amar" porque "en el corazón de Dios no hay enemigos, Dios tiene hijos". Y destacó la existencia de un "crecimiento de enemistad entre los pueblos" y "entre nosotros".

"Sí, entre nosotros, dentro de nuestras comunidades, de nuestros presbiterios, de nuestros encuentros. El virus de la polarización y la enemistad se nos cuela en nuestras formas de pensar, de sentir y de actuar", agregó como autocrítica, en referencia también a lo que pasa en el seno de la propia Iglesia católica.

Francisco ya había creado cardenales en febrero de 2014 y 2015. Con esta nueva tanda, cambió radicalmente la geografía del cónclave que elegirá a su sucesor. Al corregir desequilibrios del pasado, entre los cardenales electores ya no son mayoría los europeos -como sucedió en el cónclave que lo eligió-, sino que tiene más presencia el Sur del mundo. De los 121 electores que hay ahora, por primera vez Europa representa el 45% de los purpurados; América, 28%; África, 12%; Asia, 12%, y Oceanía, 3%.

En línea con los dos anteriores consistorios, Francisco abandonó la tradición que indicaba que algunas sedes automáticamente recibían el birrete cardenalicio. Restringió el número de cardenales de la curia romana y privilegió a pastores "con olor a oveja". Atrás quedó un colegio predominantemente eurocéntrico.

En un espaldarazo a sacerdotes en primera línea, designó por primera vez cardenal a un nuncio en funciones: el italiano Mario Zenari, embajador del Vaticano en Siria. Zenari es el único italiano de los nuevos cardenales electores y uno de los tres europeos. Junto con él recibieron el birrete el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro Sierra, y el de Malinas-Bruselas, Jozef De Kesel. Además, hubo tres latinoamericanos: Sergio Rocha, arzobispo de Brasilia; Baltazar Enrique Porras Cardozo, de Mérida (Venezuela), y Carlos Aguiar Retes, de Tlalneplantla (México).

También recibió la púrpura monseñor Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, capital de República Centroafricana. En la ex colonia francesa castigada por años de guerra civil, el Papa quiso abrir en noviembre pasado la puerta santa del Jubileo de la Misericordia, que concluirá hoy en una ceremonia solemne. Nzapalainga se convirtió en el primer cardenal en la historia de su país.

También fueron designados tres estadounidenses del ala progresista: el arzobispo de Chicago, Blase Cupich; Joseph William Tobin, de Indianápolis, y Kevin Joseph Farrell, recientemente nombrado al frente del nuevo dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. De Asia, le concedió el birrete púrpura a dos países que nunca tuvieron un cardenal: Bangladesh y Mauricio. Lo mismo ocurrió con Papúa Nueva Guinea, de Oceanía. Francisco designó a cuatro cardenales mayores de 80 años.

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