Francisco lleva su mensaje a una peligrosa zona de guerra

En la etapa más delicada de su gira, el Papa aterriza en República Centroafricana, desangrada por la lucha de milicias de cristianos y musulmanes
Elisabetta Piqué
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29 de noviembre de 2015  

Francisco recorrió ayer Kampala
Francisco recorrió ayer Kampala Fuente: AFP - Crédito: Carl de Souza

KAMPALA.- Francisco se convertirá hoy en el primer papa de la era moderna que pisa una zona de guerra. Con el mismo Airbus A330 con el que llegó a esta ciudad, después de dos horas y 45 minutos de vuelo desde Kampala aterrizará esta mañana en Bangui, capital de República Centroafricana (RCA), un país desangrado donde se desarrolla una de las peores crisis humanitarias actuales.

La RCA es una ex colonia francesa -rica en diamantes, uranio y petróleo- desintegrada desde hace años por conflictos interétnicos y una cruenta guerra civil entre dos milicias, una cristiana y una musulmana, que en los últimos dos años provocó masacres de inocentes y casi un millón de refugiados, internos y externos.

Pese a que Francia hizo todo lo posible para intentar bloquear este viaje a una zona de "alto riesgo" donde nadie podía hacerse responsable de su seguridad, Jorge Bergoglio no dio el brazo a torcer. E impuso su voluntad de visitar este país de la periferia olvidada del mundo, que pasó así a estar en el centro de la atención internacional.

Entre otros eventos, hoy visitará en Bangui un campo de refugiados y abrirá, en la catedral de la ciudad, la Puerta Santa del Jubileo de la Misericordia -diez días antes de la apertura oficial del Jubileo en Roma-, gestos más que importantes.

"Quiero ir a República Centroafricana; si no pueden llevarme, denme un paracaídas", le dijo el Papa al comandante de Alitalia que saludó durante el vuelo que de Roma lo llevó a Nairobi, según contó L'Osservatore Romano. Fue un fiel reflejo de su determinación a viajar hasta esta zona castigada del mundo, donde las fuerzas de seguridad locales están desarmadas y en su lugar hay un contingente de 900 soldados franceses y 12.000 cascos azules de Naciones Unidas.

Anoche, en su última conferencia de prensa en Uganda, al margen de confirmar que en la RCA "todo el programa en su conjunto está confirmado y esperamos que se pueda poner en acto", el padre Federico Lombardi admitió que el Papa había dado algunas muestras de cansancio. Algo comprensible vista la maratón de eventos -visita a dos santuarios, una misa, un encuentro con jóvenes, una visita a un centro caritativo, un encuentro con obispos y luego otro con el clero- de su última jornada en esta segunda escala en Uganda.

En medio de estrictas medidas de seguridad, 10.000 agentes y detectores de metales, por la mañana, Francisco celebró una sobrecogedora misa ante 300.000 fieles en el santuario católico de los mártires de Namugongo. En medio de un parque natural con vegetación rozagante, desde un altar montado frente a un lago artificial, recordó a los 45 mártires ugandeses, mitad católicos y mitad anglicanos, torturados y brutalmente asesinados a fines del siglo XIX por un rey, por negarse a obedecer sus órdenes. Y llamó a seguir su ejemplo "para convertirnos en esos discípulos misioneros que Cristo nos llama a ser".

En la ceremonia, en latín, inglés y lenguas locales, hubo danzas africanas, bailes y cantos. Y hubo un clima de inmenso fervor. Cuando por la tarde el Papa se reunió con unos 150.000 jóvenes en el parque de la Independencia de Kololo, en cambio, hubo euforia, alegría y, también, oraciones. "We love you! We love you!", gritaban los jóvenes, que no dejaron ni de bailar ni de cantar durante la espera del huésped ilustre, pese al calor, y que estaban allí desde la mañana temprano.

"La presencia del Papa es una bendición, nos da esperanza", dijo a LA NACION Natalie Josefine, madre de siete hijos y viuda porque su marido murió de sida, flagelo en toda África.

Justamente una chica con HIV dio su testimonio ante el Papa, así como un joven que fue secuestrado por un grupo rebelde para ser niño soldado (otro drama de este continente; ver aparte). Como había hecho el día anterior en Nairobi, el Papa otra vez dejó de lado el discurso que había preparado. Y, de nuevo en porteño -traducido al inglés por un ayudante-, arengó a los jóvenes a superar las dificultades, a transformar lo negativo en positivo y a luchar siguiendo a Jesús.

"Jesús puede tirar todos los muros que tenés adelante, Jesús puede transformar tu vida", les dijo.

Más tarde, tampoco leyó su discurso al reunirse en la catedral con el clero, religiosos y religiosas. Allí, amén de recordar que "los sacerdotes no podemos llevar una doble vida", reiteró que como "Uganda fue regada por la sangre de los mártires, hoy es necesario seguir regándola". "Si no -advirtió- van a perder la gran riqueza que tienen y la «perla de África» terminará guardada en un museo".

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