"Hagan lío, pero después ayuden a ordenar todo ese lío", bromeó el Papa con los jóvenes
Francisco disfrutó su encuentro con la juventud en un acto en el que no leyó discursos
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ASUNCIÓN.- Fue, por lejos, el momento que más disfrutó de su paso por Paraguay: el encuentro con los jóvenes, un encuentro a corazón abierto. Anoche, en medio de una multitud que colmó la costanera del río Paraguay, Francisco volvió a hacer su propuesta, que ya casi se convirtió en una suerte de exhortación apostólica para la juventud. "Hagan lío", volvió a proclamar. "Pero después ayuden a ordenar todo ese lío", bromeó.
Tan cómodo se sintió Francisco entre los jóvenes que no dudó en abandonar directamente el discurso que tenía preparado. Papeles en mano, dijo: "Los discursos son aburridos. Yo prefiero hablarles con el corazón".
En el mensaje escrito, que se repartirá en las diócesis, Francisco echaba mano de los famosos "bergoglismos", con los que se siente cercano a los jóvenes. "Amigos, el diablo es un vendehumo. Te promete, te promete, pero no te da nada", decía. "Por el contrario, tenemos a Jesús, que nos ofrece su jugada. No para quedarnos entre nosotros, sino para salir a la cancha, para contagiar la amistad de Jesús donde estén, en el trabajo, en el estudio, en la previa, por Whatsapp, en Facebook o Twitter. Cuando salgan a bailar, o tomando un tereré. Ahí donde estén", escribió Francisco, en una versión aggiornada de la Gran Comisión de Jesús a los discípulos.
Sin embargo, ayer, cuando tres jóvenes subieron al escenario y contaron desde el micrófono sus historias de vida, Francisco sintió que el encuentro había tomado otro rumbo. Entonces dejó de lado su discurso, llamó a un colaborador y, como si todavía fuera un sacerdote de Buenos Aires, pidió un papel y una birome y comenzó a tomar nota de lo que contaban estos jóvenes.
Liz Fretes, una chica de 25 años, abrió su corazón ante la multitud y contó cómo es su vida desde que su madre enfermó de Alzheimer y quedó a su cuidado: "Mi mamá cree que es mi hija. Hoy juego con ella, cambio los pañales, son todas las cosas que hoy les entrego a Dios, y estoy apenas compensando todo lo que mi madre hizo por mí".
Escuchar estas palabras de boca de Liz conmovió el corazón de pastor de Francisco. Otra vez estaba allí, oyendo a un joven desnudar su alma y no podía dejarlo pasar.
Lo mismo ocurrió cuando habló Manuel Aguilar, de 18 años. Apenas había dicho un par de palabras: "Tuve una infancia difícil. Cuando era chico, mis padres se vieron en la necesidad de entregarme a una familia (...) Me crié en la calle, fui explotado y todo esto me llevó a tener una adicción. Entonces me fui a vivir al campo y tuve que cuidar a mi mamá, que enfermó y luego murió".
Francisco escuchaba su dolor. Entonces llegó un tercer joven, Orlando, que tenía a cargo la lectura bíblica y que cuando concluyó le pidió que rezara por los jóvenes para que tuvieran un corazón libre para elegir bien. El Papa los escuchó a cada uno, conmovido, y comprometido a darles un mensaje a ellos y a muchos otros que pudieran verse reflejados en las vidas de estos chicos.
Habló de la solidaridad de Liz, de la importancia de la amistad de aquellos que la acompañaron para salir adelante y no bajar los brazos. Del coraje de honrar a su madre. De Manuel destacó su capacidad para elegir bien, a pesar de que su entorno lo condicionaba para elegir mal. "A Manuel nadie le regaló nada. Él no era un nene bien. Fue explotado, maltratado y estuvo solo. Pero en vez de salir a vengarse de la vida miró para adelante y pudo salir", destacó, conmovido.
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