Hoteles cerrados, vuelos suspendidos y miedo: el turismo cubano entra en parálisis tras el bloqueo de Trump
La escasez energética expone la fragilidad de un sector clave para la economía cubana, ya golpeado por años de sanciones
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PLAYA DE VARADERO, Cuba.– La península de Varadero, en Cuba, es la postal de un paraíso tropical: aguas turquesas, arena blanca y palmeras.
Pero las playas del balneario, antes colmadas de turistas disfrutando del sol y las aguas cristalinas, empezaron a vaciarse poco después de que Cuba anunciara, el 8 de febrero, que se estaba quedando sin combustible para aviones. La tendencia, parece, podría no revertirse en el corto plazo.
Un relevamiento de Reuters entre hoteles y empresas de viajes, aerolíneas y trabajadores del sector turístico en la isla reveló que prácticamente todos los segmentos quedaron súbitamente paralizados por la escasez de combustible. Eso podría significar el golpe de gracia para una industria ya debilitada, pero clave para lo que queda de la devastada economía cubana.
Contra las cuerdas
Air Canada, WestJet y Air Transat –algunas de las principales aerolíneas de Canadá, el origen de la mayoría de los visitantes de Cuba– anunciaron que suspenderán sus vuelos a la isla. Eso implicará la cancelación de hasta 1709 vuelos hasta abril, según la firma de análisis Cirium, una disrupción que probablemente reduzca el número de visitantes en cientos de miles durante la temporada alta invernal del hemisferio norte.
Rusia, de donde proviene el tercer mayor grupo de visitantes, planea repatriar a sus turistas desde Cuba en los próximos días y luego suspender todos los vuelos hasta que se alivie la escasez de combustible, informó la autoridad reguladora de aviación Rosaviatsia la semana pasada.
El gigante hotelero NH Hotel Group informó el viernes que había cerrado todos sus hoteles en Cuba, y la cadena española Meliá Hotels International –la mayor en el territorio– anunció ese mismo día que había cerrado tres de sus 30 hoteles en la isla y que había empezado a concentrar a los turistas en establecimientos mejor equipados y con mayores niveles de ocupación.
“Hay una incertidumbre total”, dijo Alejandro Morejón, un guía turístico de 53 años que empezó a trabajar en Varadero poco después de que Cuba reabriera al turismo internacional en la década de 1990. “Todo está empezando a desmoronarse”, dijo.
El turismo está a punto de convertirse en la primera ficha de dominó en caer a raíz de la ofensiva de Washington para presionar al gobierno cubano y forzarlo a ceder, bloqueando los envíos de petróleo hacia la isla.
El gobierno del presidente norteamericano, Donald Trump, declaró a Cuba “una amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional de Estados Unidos, cortando el flujo de petróleo venezolano hacia la isla y amenazando con imponer aranceles a cualquier país que suministre combustible a Cuba.
El turismo generó para la nación gobernada por el Partido Comunista 1300 millones de dólares en divisas en 2024, la última vez que esas estadísticas se informaron en esa moneda, lo que representó alrededor del 10% de los ingresos por exportaciones.
Paolo Spadoni, economista de Augusta University que estudia la economía cubana, señaló que el sector turístico, junto con la exportación de médicos cubanos y las remesas, constituye la principal fuente de divisas tan necesarias para el país.
Todas están bajo renovada presión por parte de Trump, cuyas duras sanciones ya habían impedido que el sector turístico de la isla se recuperara plenamente tras la pandemia.
“El colapso total del sector turístico cubano generaría una situación insostenible para la economía del país y pondría en riesgo su supervivencia“, afirmó Spadoni.
Cuba atrajo apenas 1,8 millones de visitantes en 2025, frente a los 2,2 millones del año anterior, su nivel más bajo en más de dos décadas.
Los visitantes dijeron que les resultaba difícil relajarse, angustiados por el anuncio de Cuba apenas días antes de que se estaba quedando rápidamente sin combustible para aviones.
“Estamos improvisando, tratando de no estresarnos para que no arruine nuestro viaje”, dijo Tyler LaMountaine, trabajador del sector del petróleo y el gas radicado en Alberta, que había viajado a Cuba con su esposa para escapar del frío invierno canadiense, aunque temía que pudieran quedar varados por la cancelación de vuelos. “Pero uno se asusta porque todos los demás están asustados”.
El gobierno comunista de Cuba anunció a principios de febrero un plan de contingencia para proteger servicios vitales como la atención de emergencias y la educación primaria.
En un primer momento, altos funcionarios dijeron que el turismo y los vuelos internacionales no se verían afectados, pero dos días después el gobierno notificó a las autoridades aeronáuticas que la isla pronto se quedaría sin combustible.
Desde entonces, aerolíneas de Europa, Sudamérica, Estados Unidos, Rusia y Canadá han reducido vuelos o se han visto obligadas a modificar sus rutas para hacer frente a la escasez.
Panorama complicado
En la superficie, todo parece normal en Varadero, un balneario que fue lugar predilecto de veraneo de la familia DuPont antes de la revolución cubana de 1959, y que hoy es un destino favorito de europeos y canadienses durante el invierno boreal.
Hasta finales de la semana pasada, los locales de recuerdos y la mayoría de los restaurantes seguían abiertos. Sillas de playa y sombrillas salpicaban la costa, y los turistas juntaban caracoles y nadaban en aguas transparentes. Pero al menos dos hoteles ya habían cerrado en la península.
Un guardia de seguridad del complejo Domina Marina –un enorme resort con varias torres que dominan una amplia marina construida a comienzos de la década de 2010– impidió el ingreso de un periodista y afirmó que el hotel estaba cerrado. El número telefónico local del establecimiento estaba fuera de servicio.
Los trabajadores locales estimaron que mantener abiertas las puertas de hoteles y restaurantes será cada vez más difícil a medida que el nuevo bloqueo norteamericano entra en su tercera semana completa.
Jorge Fernández, que lleva turistas a recorrer la península en un convertible rosa de la década de 1950, contó a finales de la semana pasada que solo tenía combustible para un día más.
“Después de eso, a volver a casa e inventar otra cosa para hacer”, dijo el hombre de 53 años.
“Trump y el presidente cubano Miguel Díaz–Canel tienen que llegar a algún acuerdo, porque los únicos que están sufriendo aquí son las personas", sostuvo Fernández. “El país se está paralizando”, agregó.
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