La campaña para llegar a Downing Street puso en alerta a la UE

El bloque da por hecho que el futuro premier mantendrá la línea dura
El bloque da por hecho que el futuro premier mantendrá la línea dura
Silvia Pisani
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19 de junio de 2019  

MADRID.- Mientras seguía ayer la pelea para suceder a la saliente primer ministra británica Theresa May, la Unión Europea (UE) se vio forzada a fijar posición y advertir contra las entusiastas promesas de un "divorcio rosa", en el que solo cuente lo que Londres pretenda.

El tono de la campaña es un mal trago para Bruselas, que se abroqueló en su posición inicial: nada se cambia, nada se renegocia y la factura pendiente de casi 50.000 millones de dólares "debe ser pagada".

Ya salió al cruce de las expresiones de Boris Johnson, el favorito para quedarse con el lugar que May dejará vacante a mediados de julio. Y lo mismo hace con cada uno de los otros cinco en carrera.

El de Johnson es el caso más patente. En su primera entrevista de campaña, días atrás, poco menos que intentó extorsionar a la UE con la idea de congelar los casi 50.000 millones de dólares pendientes por la factura de salida "hasta que no nos mejoren las condiciones" del proceso.

La UE fijó posición y corrigió al aspirante. "El acuerdo no se toca. La salida de May y la elección de un sustituto no cambian en nada las condiciones ya acordadas", dijo la vocera comunitaria, Mina Andreeva. No fue en vano. Luego de eso, Johnson moderó el tono.

El incidente puso en alerta a la burocracia de Bruselas, que recuerda bien las mentiras y falsedades a favor del Brexit en el referéndum de 2016.

"Lo que se suele prometer en busca de votos y respaldos dista mucho de lo que en verdad es el arduo trabajo de una negociación diplomática sin precedente y tan compleja como esta", dijo a LA NACION Guillermo Rosales Lugo, analista del Centro de Estudios Europeos.

Una difícil búsqueda de acuerdo a tres bandas -Downing Street y Parlamento, por el ladro británico, y Bruselas, del otro- que encima transcurre con la espalda de Damocles del plazo final a la vuelta de la esquina, el 31 de octubre.

Como varios de sus colegas de este lado del Canal de la Mancha, Rosales Lugo no es optimista sobre el futuro del Brexit y duda de que el sucesor pueda encontrar una salida potable. Sea quien fuere.

Se parte de la base de que lo más probable es que el sucesor sea un Brexiter duro. Un dirigente poco dispuesto a aceptar lo que Londres define como "la arrogancia" de la UE. Una conjetura razonable, dado que de cinco candidatos que siguen en carrera solo uno de ellos, el excanciller Jeremy Hunt, es permeable a una permanencia dentro de la UE.

"El escenario más posible es que enfrentemos meses de inestabilidad hasta que haya elecciones de nuevo en Reino Unido", empieza a escucharse de este lado del Canal.

Es pura especulación. Pero no es disparatada. A eso debe sumarse la presión del calendario. El nuevo primer ministro no se asentará sino hasta julio. En agosto, la Comisión Europea suele estar bastante inactiva, con el agregado de que tendrá en mente la configuración de sus nuevas autoridades, incluido el presidente.

Un escenario poco alentador que a muchos hace temer por nuevos tiempos convulsos.

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