Análisis: la estrategia de Suecia no es exactamente lo que parece

En Suecia, no hubo una imposición del confinamiento para mitigar la propagación del nuevo coronavirus
En Suecia, no hubo una imposición del confinamiento para mitigar la propagación del nuevo coronavirus Fuente: AFP
Ishaan Tharoor
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12 de mayo de 2020  • 13:42

Mientras alrededor del mundo las sociedades ponían la tranca en la puerta y se encerraban en cuarentena, un país europeo pareció elegir un camino diferente . En Suecia, no hubo una imposición del confinamiento para mitigar la propagación del nuevo coronavirus. Los restaurantes y boliches siguen funcionando -aunque con lineamientos para mantener el distanciamiento físico-, las escuelas para menores de 16 años están abiertas y las reuniones de gente se restringieron a un máximo de 50 personas, una marcada diferencia con las cuarentenas obligatorias impuestas sobre ciudades enteras en otras partes de Europa.

La aparente laxitud de esas medidas atrajo la atención de los escépticos de las cuarentenas de otros países, quienes enarbolaron "el modelo sueco" como un ejemplo de cómo deberían lidiar con una pandemia las democracias occidentales. Suecia también se convirtió en una causa célebre para los conservadores norteamericanos que están resentidos por el precio que está pagando la economía por el distanciamiento social. Y hasta los no conservadores ahora invocan el abordaje sueco como una "alternativa" obvia a lo que prevalece en todo el mundo. El columnista de The New York Times , Thomas Friedman, por ejemplo, sugirió este fin de semana que el presidente Trump tal vez pueda "copiar a Suecia" en su intento por "reabrir" la economía norteamericana.

Pero las autoridades de Suecia lejos están de promocionar su experimento como un modelo a seguir por el resto del mundo. "Esta es una maratón que recién empieza", dijo Karin Ulrika Olofsdotter, embajadora de Suecia en Estados Unidos, quien también señaló las muchas "ideas erróneas" sobre lo que Suecia no está haciendo para combatir el avance del virus. Algunos medios de prensa parecen transmitir "que en Suecia todo el mundo está de fiesta, bebiendo. Y eso no es así", indicó Olofsdotter.

Suecia no está en absoluto libre del coronavirus. Hasta el lunes por la noche, el país escandinavo había registrado 3256 muertes relacionadas con coronavirus y más de 26.000 casos confirmados de la enfermedad. La inmensa mayoría de los fallecidos superaban los 70 años y los geriátricos fueron arrasados por la enfermedad. El índice de muertos por millón de habitantes de Suecia es de los más altos del mundo, muy por encima de sus vecinos nórdicos, que en su totalidad aplicaron medidas mucho más estrictas que las impuestas por Suecia. "Nuestro mayor fracaso ha sido con los adultos mayores", admitió Olofsdotter.

Pero también hay éxitos evidentes . El viernes, en una ronda con periodistas, el epidemiólogo del Estado sueco, Anders Tegnell, dijo que el país estaba "mucho más alerta y detectaba los casos muy tempranamente", lo que permitía un alto grado de control sobre los contagios. El funcionario médico agregó que los países del sur de Europa habían sufrido tanto, en parte, "por no haber advertido el lento inicio de pandemia" y por haber empezado a testear "demasiado tarde".

Tegnell destacó "el lento descenso de casos en Estocolmo", que ahora atribuye "al nivel de inmunidad de la población". Según los organismos de salud pública de Suecia, es posible que a esta altura un tercio de los habitantes de Estocolmo ya haya contraído el virus, un hito en el proceso hacia la "inmunidad de rebaño" que podría hacer que el país sea más resiliente ante una eventual segunda oleada del brote.

La "inmunidad de rebaño" se ha convertido en un tema de debate para los epidemiólogos. Algunos sugieren que avanzar en ese sentido -o sea, apostar a que dos tercios de la población se contagie y genere anticuerpos-, es un cheque en blanco para que los gobiernos básicamente se deshagan de los ancianos y otros grupos vulnerables. Otros contrargumentan que sin una vacuna, los países que aplican confinamientos estrictos simplemente están pateando el problema hacia adelante.

Olofsdotter señaló que la estrategia de Suecia "no es la inmunidad de rebaño", sino más bien un enfoque que, según sus funcionarios, podría salvar vidas y al mismo tiempo ayudar "a que el sistema de salud del país pueda seguir respondiendo". La decisión de no cerrar las escuelas, dijo la embajadora, era una cuestión de "salud pública" , ya que de haberlas cerrado, gran parte de los profesionales de la salud del país se habrían tenido que quedar en sus casas a cuidar de sus hijos.

Una diferencia clave es que el gobierno de Suecia no creyó necesario imponerle medidas de distanciamiento social a una sociedad a la que alcanza con sugerírselo, ya que suele acatar los consejos de los organismos públicos independientes del país. Según los sondeos, los suecos tienen un alto nivel de confianza en las instituciones públicas de su país. Esa confianza "es un elemento fundamental de la sociedad sueca", sostuvo Olofsdotter. "Por eso nos alcanza con las recomendaciones, porque la gente las sigue. Hay quienes no lo hacen, pero la inmensa mayoría sí".

Las autoridades de Estocolmo tuvieron que clausurar un puñado de restaurantes que no habían implementado adecuadamente las medidas de distanciamiento social. Aunque pueden seguir funcionando, los restaurantes y bares también pagan el precio de la pandemia: al igual que en otros países, muchos suecos estan trabajando desde sus casas, se trasladan menos y evitan los lugares públicos. "El sector turístico y hotelero está en situación desesperante ", señaló Olofsdotter.

De hecho, Suecia no elaboró su estrategia pensando en satisfacer imperativos económicos. La economía sueca depende fuertemente de la ahora interrumpida cadena global de suministros y ya proyectan que el PBI de Suecia sufrirá este año una contracción de entre 6 y el 7% , similar a la caída de Estados Unidos y Alemania. Durante el verano boreal, el desempleo en Suecia podría alcanzar el 10% , una cifra exorbitante para los países nórdicos.

Pero Suecia tiene un sólido Estado de bienestar que el gobierno no ha hecho más que potenciar durante la pandemia, incluyendo un sistema de licencias por enfermedad automáticas, para asegurarse de que aquellos con síntomas no puedan propagar el virus. "Lo más importante es que si la gente se siente mal, tiene que quedarse en la casa", dijo Olofsdotter.

La embajadora agregó que su país no está enamorado de su actual estrategia sanitaria y que podría cambiar de rumbo si el brote se descontrola. "El virus llegó para quedarse por un buen tiempo, así que tenemos que lograr que esta situación sea vivible", explicó la funcionaria diplomática. "El objetivo de nuestra estrategia es el mismo que el de los demás países, pero nosotros funcionamos de manera distinta ".

The Washington Post - Traducción de Jaime Arrambide

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