La liberación de una joven en Somalia sacó a Italia de su pesadilla por un rato

La trabajadora voluntaria italiana Silvia Costanza Romano, que fue secuestrada en Kenia a fines de 2018, recibe el abrazo de su madre Francesca
La trabajadora voluntaria italiana Silvia Costanza Romano, que fue secuestrada en Kenia a fines de 2018, recibe el abrazo de su madre Francesca Fuente: AFP - Crédito: FABIO FRUSTACI / ANSA / AFP
Elisabetta Piqué
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10 de mayo de 2020  • 10:05

ROMA.- Después de más de dos meses, una buena noticia por un momento eclipsó la pesadilla del coronavirus en Italia y, es más, pareció marcar la señal de un posible renacimiento. Después de 536 de cautiverio, fue liberada ayer y regresó hoy al país Silvia Romano, voluntaria nacida hace 24 años en Milán –epicentro de la pandemia–, que había decidido dedicar su vida a la ayuda de los demás, a los más pobres, en África. Silvia, que trabajaba para la ONG "Africa Milele", había sido raptada el 20 de noviembre de 2018 en el poblado de Chakama, a 80 kilómetros de Malindi, en Kenya. Después de 18 meses de dramático silencio, los 007 italianos, ayudados por servicios de inteligencia somalíes y turcos, lograron rescatarla ayer, en un blitz que ya nadie esperaba, ocurrido a 40 kilómetros de Mogadiscio, la capital de Somalia, país donde gran parte del territorio es tierra de nadie.

"¡Silvia Romano ha sido liberada! Agradezco los hombres y mujeres de los servicios de inteligencia externa. Silvia ¡te esperamos en Italia!", anunció anoche en un tuit el primer ministro, Giuseppe Conte, que finalmente, después de dos meses del manejo de una emergencia sanitaria y económica nunca antes vista en Italia, pudo dar una buena nueva. Le hizo eco el presidente de Italia, Sergio Mattarella, que en un comunicado aplaudió la noticia de la liberación de la joven, "que es un motivo de gran alegría para todos los italianos", y envió saludos de afectuosa solidaridad a sus familiares "que han sufrido tantos meses de espera llenos de angustia".

Silvia llegó hoy a las 14 locales al aeropuerto de Ciampino con un vuelo especial. Al margen del premier Conte y el canciller, Luigi di Maio, la recibieron sus padres y su hermana. Se la vio bajar de la escalerilla del avión vestida con un hábito tradicional árabe de color verde y con la cabeza tapada, con guantes y un barbijo que se bajó para saludar. Antes de viajar a Milán, su ciudad, donde la espera una fiesta de bienvenida, la joven fue interrogada por magistrados de la fiscalía de Roma que pusieron en marcha una investigación por secuestro por terrorismo. Los magistrados también deberán entender si Silvia se convirtió realmente al Islam, como parece por su vestimenta, o no. Ya en meses pasados en ámbitos de los servicios había circulado la versión que fue obligada a casarse con uno de sus carceleros y adherir al Islam, algo verosímil en 18 meses de cautiverio bajo presiones psicológicas atroces.

Al llegar a una Italia muy distinta a la que dejó, debido a la pandemia, Silvia fue vista saludando con el codo al canciller, Di Maio, muy sonriente y abrazando a sus padres, con barbijo. "Estoy bien, tanto físicamente como psicológicamente", aseguró la chica a los periodistas. "Ahora sólo quiero estar con mi familia", agregó.

La trabajadora voluntaria italiana Silvia Costanza Romano, que fue secuestrada en Kenia a fines de 2018, con una máscara facial, saluda a su llegada al aeropuerto militar de Roma Ciampino
La trabajadora voluntaria italiana Silvia Costanza Romano, que fue secuestrada en Kenia a fines de 2018, con una máscara facial, saluda a su llegada al aeropuerto militar de Roma Ciampino Fuente: AFP - Crédito: FABIO FRUSTACI / ANSA / AFP

Rescate millonario

Aunque nadie lo admite, como en casos anteriores, se descuenta que Italia negoció con los captores y pagó un rescate millonario para obtener la liberación de la joven. Para tener una idea de cuánto puede haber sido la cifra del rescate, en 2012 la liberación de un rehén británico le costó a su país 1 millón y 200.000 euros, según recordó el Corriere della Sera.

Silvia había sido capturada en la noche del 20 de noviembre de 2018, cuando un comando de ocho personas armadas irrumpió en la oficina de su ong, con fusiles y machetes. Hubo algunos arrestos y trascendió que la banda criminal que la secuestró la vendió después a grupos somalíes cercanos a extremistas islámicos del grupo terrorista Al Shabab.

En el momento del secuestro hubo polémicas de lo más antipáticas y estériles en Italia. No sólo ‘haters’ de las redes sociales, sino también ilustres comentaristas pintaron a la voluntaria como una chica imprudente en busca de emociones, cómplice incluso de ser joven y linda. Nadie tuvo en cuenta que estaba trabajando en un proyecto educativo para pequeños huérfanos. "Estoy convencida de mi decisión de ir contra la corriente, en contra de los esquemas de la sociedad que te impone límites, en contra de la opinión de personas cercanas que no pueden entener mi decisión y que no la entenderán nunca", le había escrito pocos días antes de ser secuestrada, en un SMS a una amiga.

Señal de un renacimiento posible

Fue al cumplirse un año de su secuestro, en noviembre pasado, que apareció una prueba de vida de la chica, un video, que puso en marcha las negociaciones finales de los 007 italianos con el grupo fundamentalista. Todo ocurrió en medio del silencio más absoluto. Por eso la noticia de la liberación de Silvia fue totalmente inesperada. Y causó alivio, esperanza y una fiesta en toda Italia y especialmente en la via Casoretto de Milán, donde ella vivía. Los vecinos se asomaron a los balcones y comenzaron a aplaudir, entonaron el himno de Italia y muchos de sus amigos, con barbijo y respetando la distancia social, se acercaron a colocar carteles de bienvenida. "La espera fue larga, pero nunca perdí la confianza. La felicidad es tan grande que estalla, lo único que quiero es volver a abrazar a Silvia después de un tiempo infinito, conté los días, los segundos", dijo su papá, Enzo, lógicamente emocionado y feliz.

"No hay garantías de que la pandemia nos haya vuelto o nos volverá mejores -comentó Lucia Capuzzi en el diario Avvenire-, pero nos ha vuelto hambrientos de esperanza después de un largo ayuno colectivo. Y la liberación de una joven de 24 años, en manos de sus carceleros por 536 días, se volvió, para Milán y para el país, adentro y afuera de las redes sociales, la señal de un renacimiento posible".

Silvia Romano camina sobre la pista después de aterrizar en el aeropuerto Ciampino de Roma
Silvia Romano camina sobre la pista después de aterrizar en el aeropuerto Ciampino de Roma Fuente: AP - Crédito: captura de video / Paolo Santalucia

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