Los Zetas y las maras, una temible alianza
El cartel mexicano recluta a los pandilleros de América Central
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CIUDAD DE GUATEMALA.- Curtidos en las calles y las cárceles de California y deportados en la década de 1990 a sus países de origen en América Central, los integrantes de la pandilla urbana Mara Salvatrucha se convirtieron rápidamente en una fuerza de jóvenes tatuados dedicados al secuestro, el asesinato y la extorsión.
Ahora, las autoridades de Guatemala dicen haber encontrado nuevas e inquietantes evidencias de una alianza entre las maras y otra de las organizaciones criminales más temidas de América latina, un pacto que podría echar por tierra los esfuerzos que se están haciendo en la región, con apoyo norteamericano, para combatir la violencia y el narcotráfico.
Grabaciones secretas en las cárceles y un secuestrador arrepentido han revelado un pacto entre los líderes de las maras y Los Zetas, el brutal cartel paramilitar de los narcos mexicanos que también ha tomado el control de grandes áreas rurales del norte de Guatemala, en su intento de dominar las rutas del narcotráfico entre América del Sur y Estados Unidos.
En los últimos meses, dicen las autoridades, han comenzado a aparecer las primeras señales de que Los Zetas están proporcionando entrenamiento y equipamiento paramilitar a las maras, a cambio de información de inteligencia y de crímenes que distraigan la atención y los recursos de las fuerzas del orden. Los Zetas, un cartel formado hace más de una década por los desertores de las fuerzas especiales del ejército de México, ya había unido sus fuerzas con los barones locales de la droga en las áreas rurales de Guatemala y han reclutado a desertores de las fuerzas especiales del ejército guatemalteco para realizar operaciones en ambos países, según revelaron funcionarios de los dos gobiernos.
Existen algunas evidencias de que otros carteles mexicanos les han pagado a las maras centroamericanas para que vendan drogas a cuenta de ellos. Y las autoridades salvadoreñas afirman que están al tanto de contactos informales entre Los Zetas y las filiales locales de la Mara Salvatrucha para que esta última venda determinados embarques de droga, pero hasta ahora no habían encontrado pruebas de que exista un acuerdo formal entre las bandas.
Una alianza formal y duradera con las maras les proporcionaría a Los Zetas una fuente de miles de nuevos soldados rasos, lo que extendería el alcance del cartel a ciudades como la capital de Guatemala, y potencialmente a otros países de América Central, donde las maras controlan las villas miseria urbanas.
Las autoridades guatemaltecas creen que Los Zetas han entrenado a un pequeño grupo de maras en por lo menos un campo de entrenamiento en territorio mexicano. Integrantes de Los Zetas han hablado del reclutamiento de 5000 hombres más, aunque según los funcionarios del gobierno de Guatemala no queda claro si lo han logrado.
Según las autoridades, hay campos de entrenamiento de Los Zetas en los estados mexicanos de Veracruz, Sonora, Chiapas y San Luis Potosí.
Las grabaciones secretas en la cárcel de las conversaciones entre líderes de las maras y de Los Zetas contienen referencias a un acuerdo entre ambos grupos criminales, según reveló un investigador de alto rango que prefirió conservar el anonimato.
Brutales y organizadas
Eduardo Velasco, jefe de una fuerza de tareas contra el crimen organizado del Ministerio del Interior de Guatemala, dijo que las autoridades creen que el entrenamiento que han recibido las maras por parte de Los Zetas quedó en evidencia por el aumento de la brutalidad, la planificación, la organización y el poder de fuego de las operaciones que realizan actualmente las maras en Guatemala.
Los integrantes de las maras, que antes andaban mayormente armados con revólveres y eran reconocibles por los intimidantes y extensos tatuajes que cubren sus cuerpos y muchas veces sus caras, han comenzado a portar rifles de asalto tipo AR-15, M-16 y AK-47, así como granadas de fragmentación militares.
En enero pasado, en la ciudad de Villanueva, un grupo de maras armados con rifles de asalto irrumpió en una discoteca de los suburbios y abrió fuego sobre un grupo de rivales, en un ataque que dejó por lo menos cinco muertos.
Las maras también han empezado a cortarles un dedo a sus víctimas de secuestro para presionar a sus familias a pagar el rescate, una técnica antes observada en México, según afirma Velasco. "Como resultado de esta alianza con Los Zetas, la Mara Salvatrucha tiene más capacidad organizativa, estratégica y de maniobra", dijo Velasco.
"La Mara Salvatrucha quiere aumentar su arsenal de armas de largo alcance, granadas y drogas, para su uso y para venderlas. Saben que el beneficio económico es enorme y que Los Zetas, por ser un grupo extranjero, necesitan la red de las maras para crecer en el interior de Guatemala", dijo. Velasco agregó que pese a los vínculos estrechos que unen a los pandilleros de la Mara Salvatrucha, el adoctrinamiento ideológico consiste en convencerlos de que al ser parte de Los Zetas pueden controlar todas las actividades criminales.
Al pasar a una segunda fase, integrando a las maras, Los Zetas están generando un cambio de la estructura familiar de las pandillas que llegaron en la década de 1990, cuando Estados Unidos aceleró las deportaciones de delincuentes.
Ahora, el objetivo final de Los Zetas, según los analistas, las autoridades guatemaltecas y los funcionarios internacionales, es integrar a las maras a su propia red y convertirse en el grupo más poderoso de Guatemala, tanto de los criminales como de los legítimos.
"Los Zetas son una organización paramilitar que quiere controlar todas las actividades de Guatemala: las legítimas, las ilegítimas y las criminales", dijo Antonio Mazzitelli, jefe regional de la Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen Organizado.
Según otro agente de la ley que prefirió conservar el anonimato por seguridad personal, las autoridades guatemaltecas se enteraron por primera vez de esta alianza tras el arresto de 50 supuestos integrantes de Los Zetas vinculados con la masacre del 14 de mayo pasado en una granja de la provincia de Peten, donde asesinaron a 27 personas, 25 de ellas decapitadas. Según esa fuente, los sospechosos fueron encarcelados junto con integrantes de las maras, y sus conversaciones, secretamente grabadas en el penal, contenían las primeras menciones del pacto entre las bandas.
Traducción de Jaime Arrambide
Romina Ruiz-Goiriena
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