México: el Chapo ya es historia, pero la guerra narco no acusa recibo

Los cadáveres de dos hombres asesinados en una disputa entre carteles yacen en un paraje de Sinaloa
Los cadáveres de dos hombres asesinados en una disputa entre carteles yacen en un paraje de Sinaloa Fuente: AP - Crédito: Pedro Pardo
Desde que en 2006 se declaró la lucha contra los carteles de la droga, no dejan de surgir nuevos y más peligrosos grupos; advierten por el fracaso de la estrategia
Adam Taylor
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19 de julio de 2019  

WASHINGTON.- El hombre que terminó encarnando el horror del narcotráfico en México fue condenado anteayer a reclusión perpetua por un tribunal de la ciudad de Nueva York. Al fundamentar su decisión, el juez distrital a cargo de la causa, Brian Cogan, dijo que la magnitud y la maldad de sus crímenes eran "tan abrumadoras y severas" que no había lugar para una sentencia diferente.

Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, alias el Chapo, ya rankea entre los criminales más famosos de la historia. Figura central del narco mexicano, durante un cuarto de siglo comandó el cartel de Sinaloa y embolsó más de 14.000 millones de dólares con la venta de drogas.

Guzmán está en régimen de aislamiento desde su extradición a Estados Unidos en 2017. Durante el juicio, se quejó de las condiciones de su encarcelamiento, y anteayer, ante la corte, dijo que "Estados Unidos no es mejor que cualquier otro país corrupto". Pero gracias al juicio y al repaso de sus hazañas de sangre, su leyenda no para de crecer: su hija acaba de lanzar la línea de vestimenta el Chapo, para hacer rendir la fama del padre.

Hay buenas razones para alegrarse de que Guzmán tenga que pasar el resto de su vida tras las rejas y alejado de los reflectores. "De aquí en adelante, el Chapo no verá más que a sus carceleros, sus abogados, su familia en algunas ocasiones y los médicos que tendrán que atenderlo cuando su salud inevitablemente decline", escribió el analista en seguridad Alejandro Hope en el diario mexicano El Universal. La próxima vez que la opinión pública escuche hablar de él será probablemente cuando muera.

Guzmán tal vez se haya ido, pero los carteles no. Gladys McCormick, experta en violencia política mexicana de la Universidad de Syracuse, dice que aunque no haya ningún gran capo narco que capte la atención de los medios o de la política, los carteles han virado hacia un liderazgo horizontal "similar al de las corporaciones multinacionales".

McCormick explica que los carteles también expandieron sus negocios, más allá de las drogas, al tráfico de humanos o incluso a emprendimientos semilegales de minería. Debido a esa evolución, ya no alcanza con neutralizar a un jefe narco o una de sus ramas de negocios para debilitar a los carteles.

"Desde que el expresidente mexicano Felipe Calderón declaró la guerra contra el narcotráfico, en 2006, tanto las fuerzas de seguridad de Estados Unidos como las de México han insistido con la estrategia de ir tras 'la cabeza' para intentar debilitar al 'cuerpo'," dice McCormick. "Tras una década de ese enfoque, los expertos concuerdan en que esa estrategia no solo fracasó, sino que la guerra se profundizó".

Donde antes había siete grandes carteles, ahora hay más de 20 grupos medianos. En los dos años que Guzmán lleva preso, el número de homicidios en México batió récords. En 2018, lo peor de la violencia estuvo concentrada en el estado de Guanajuato: curiosamente, las bandas no se enfrentaban por drogas, sino por combustible robado.

Cinco de los seis municipios más violentos del mundo están en México, según un reciente informe. Los mexicanos sienten claramente que la violencia es su mayor problema. Pero hasta ahora hay pocas evidencias de que el gobierno de Andrés López Obrador se haya adaptado a esta nueva realidad. El flamante presidente se ocupó de romper con el discurso de sus predecesores al decir que "no hay guerra" contra las drogas y prometer "abrazos, no balazos".

Por ahora, su política más emblemática no ha sido la imposición de la ley y el orden, sino la reducción de gastos. En mayo, dijo que planeaba reasignar a planes sociales los fondos que envía Estados Unidos para la lucha contra el narco mexicano.

Tal vez el presidente mexicano pueda esquivar el problema por un tiempo, ya que su nivel de aprobación sigue por encima del 70 por ciento. Pero no podrá hacerlo eternamente. Tras la condena del Chapo, corre el riesgo de convertirse en el hombre que encarne el fracaso de las políticas del gobierno mexicano contra el crimen y la violencia.

Traducción de Jaime Arrambide

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