Otro papa, otra grieta: el legado de Juan Pablo II divide a los polacos

Una estatua del papa polaco en el Centro Juan Pablo II de Cracovia
Una estatua del papa polaco en el Centro Juan Pablo II de Cracovia Crédito: Maciek Nabrdalik/NYT
En un momento de fuertes divisiones políticas, cada bando reclama como suyo y reivindica distintas facetas del pontífice
Marc Santora
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30 de enero de 2019  

WADOWICE, Polonia.- De rodillas y con la cabeza agachada frente a una túnica ensangrentada, un hombre polaco estaba rezando concentrado. Estaba orando en una capilla en el Centro Juan Pablo II en Cracovia, un enorme complejo donde se exhiben las reliquias del antiguo pontífice, entre ellas, la ropa que traía cuando casi lo mató la bala de un asesino en 1981.

El hombre, un ingeniero, dijo que prefería mantener en privado sus oraciones y pidió que solo se usara su primer nombre, Wojciech. Sin embargo, estaba emocionado de hablar de su amado papa. "Siempre que tengo un problema, vengo aquí a orar", dijo.

En un país cada vez más dividido, un personaje aún puede inspirar solidaridad entre los polacos: el hombre que en 1978 se convirtió en Juan Pablo II, nacido como Karol Jozef Wojtyla, el primer pontífice no italiano en 455 años. Ese hombre, el hijo favorito de la nación, todavía es una gran presencia en la vida polaca. Desde una estatua altísima de casi catorce metros que presenta al papa con las manos extendidas y está orientada hacia la ciudad de Czestochowa hasta las reliquias repartidas en las iglesias de todo el país -entre ellas gotas de sangre en más de cien parroquias-, Polonia está llena de tributos al hombre comúnmente conocido como "nuestro papa".

No obstante, en un momento en que el país se encuentra dividido por conflictos políticos que surgen en todos los bandos como una batalla existencial por el alma de la nación, el legado de Juan Pablo II, defensor tanto de Polonia como de una Europa integrada, es un tema controvertido.

"Para todos, sigue siendo un punto positivo de referencia", dijo Michal Luczewski, director de programa del Centro del Pensamiento de Juan Pablo II en Varsovia. "Sin embargo, hay una lucha respecto de su legado, pues cada bando lo reclama como suyo". Para quienes están en la derecha política, el papa es una inspiración en su batalla contra una Europa cada vez más secular, dijo Luczewski.

Los electores conservadores, entre ellos muchos simpatizantes del partido Ley y Justicia, creen que están llevando a cabo la misión del papa, sobre todo la lucha contra el aborto, un tema que sigue siendo muy divisorio en este país, que cuenta con las leyes más restrictivas de Europa.

No obstante, en el otro extremo, los polacos que creen que el partido Ley y Justicia está haciendo un gran daño a las instituciones democráticas del país -entre otras cosas, por socavar el sistema judicial y controlar los medios- encuentran reproches contundentes al autoritarismo progresivo en la vida y las enseñanzas de Juan Pablo II.

"No puedo imaginar a un Juan Pablo II totalmente feliz con el estado de las democracias del mundo, tanto las viejas como las nuevas, en la actualidad", dijo en un discurso reciente George Weigel, autor de una biografía de Juan Pablo II.

Disputa

En la Polonia de 2019, incluso la infancia del papa puede tener un significado disputado: aunque le infundieron el patriotismo polaco, ocurrió en un lugar de pluralismo. En una historia que les resulta conocida a todos los polacos, el papa llegó al mundo justo cuando el estatus de Polonia como una nación libre estaba en grave peligro, pues el Ejército Rojo avanzaba por todo el país. Polonia se salvó de la invasión, en contra de todas las probabilidades, gracias al oficial Jozef Pilsudski, que organizó una brillante defensa de Varsovia, a la que llamaron "el milagro del Vístula".

"Creo que a Karol lo llamaron Jozef como tributo a Pilsudski", dijo el reverendo Jacek Pietruszka, director del Hogar Familiar del Santo Padre Juan Pablo II en la antigua ciudad de Wadowice, donde el futuro papa nació en un modesto apartamento. Su lugar de nacimiento es visitado cada año por alrededor de 250.000 personas; casi el 80 por ciento son polacos.

Juan Pablo, que se mudó a Cracovia en 1938 para estudiar actuación, pasó la mayor parte de la Segunda Guerra ahí como obrero mientras asistía a un seminario en secreto. Fue ordenado sacerdote en 1946 y lo nombraron arzobispo de Cracovia en 1964. En la posguerra, los funcionarios del partido comunista intentaron controlar a la Iglesia, y la oposición del papa al comunismo sería un pilar de su papado. Cuando Juan Pablo regresó por primera vez a Polonia como papa en 1979, un millón de personas se congregaron en Varsovia para escuchar su llamado a favor de la solidaridad.

Meses después, un movimiento de obreros plantó las semillas de una revolución pacífica que llevaría al final del gobierno comunista una década más tarde. No obstante, en los años que siguieron, Juan Pablo lamentó el secularismo creciente en Europa occidental y temía lo que surgiría de las democracias que ya no estuvieran ancladas a una base moral.

El reverendo Jakub Gil, exalumno del papa, dijo que muchos en los círculos conservadores de Polonia comparten las preocupaciones de Juan Pablo y sienten que su fe está bajo el asedio de fuerzas externas.

"La amenaza proviene de Occidente y se burla de la identidad polaca", dijo Gil, parado fuera de la basílica donde Juan Pablo fue bautizado. La idea de "tolerancia" adoptada por los líderes en Bruselas, dijo, tacha a quienes hablan en contra de la homosexualidad o el aborto de ser estrechos de miras.

"Tratan a los polacos como a niños", comentó.

The New York Times

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