Palm Beach pierde su paz: llegó Trump a Florida y cambió los hábitos de todos

La visita del presidente electo alteró esta localidad balnearia cerca de Miami y elevó la tensión por la seguridad del futuro jefe de la Casa Blanca
Frances Robles
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25 de noviembre de 2016  

Frente a Mar-a-Lago hay una guardia constante de los medios
Frente a Mar-a-Lago hay una guardia constante de los medios Fuente: AFP - Crédito: Gerardo Mora

PALM BEACH, Florida.- Este fin de semana, ninguno de los miembros de la familia Borislow podrá salir a nadar desnudo: viven frente a Mar-a-Lago, la residencia de invierno del presidente electo, Donald Trump. Ahora, los Borislow tienen un bote de la guardia costera amarrado frente a su ventana.

Trump llegó a Mar-a-Lago el martes por la noche, su primera visita a este lugar desde que fue elegido presidente. La diferencia es ostensible: patrulleros que detienen a los camiones que intentan pasar frente a la residencia y sedanes negros con conductores serios de lentes oscuros estacionados.

Parada frente a su inmensa mansión, rodeada de policías del condado de Palm Beach que ahuyentan a los peatones, Shelly Borislow no parece hacerse problema con todo este movimiento.

"Hay tanta gente que querría vivir frente a la casa del presidente", dice Borislow. O al menos eso espera ella, ya que puso su casa en venta por 27,5 millones de dólares y cree que ahora habrá varios interesados en comprarla.

Palm Beach está acostumbrada a recibir toda clase de mandatarios: cuando ocupaba la Casa Blanca, J. F. Kennedy solía pasar tiempo acá con su familia. Pero proteger la propiedad de ocho hectáreas donde se alojará Trump y controlar el tráfico de autos y peatones parece haber convulsionado a esta localidad de menos de 9000 habitantes.

Para las fuerzas de la ley, siempre fue un problema proteger Mar-a-Lago, una propiedad legada por Marjorie Merriweather al gobierno federal en 1973 para que se convirtiera en lugar de retiro presidencial. Pero, al parecer, el gobierno federal decidió devolver la propiedad "debido a cuestiones de mantenimiento y seguridad". Trump la adquirió en 1985 y una década más tarde la convirtió en un club privado.

Tras la elección de Trump, en este santuario de millonarios se mezclan la preocupación por su seguridad y el alboroto por su presencia.

Agentes federales liderados por el servicio secreto vigilan el cumplimiento de una serie de restricciones de seguridad. La Administración Federal de Aviación ha limitado los vuelos en los alrededores de Palm Beach y la guardia costera estableció tres zonas de seguridad en las aguas que rodean Palm Beach.

La violación de cualquiera de esas zonas de seguridad, advirtieron los guardacostas, puede acarrear el pago de fuertes multas y condenas de hasta 12 años de cárcel.

Como de costumbre, los agentes del servicio secreto mantuvieron estricto silencio sobre estas cuestiones, pero el director de seguridad pública de Palm Beach, Kirk Blouin, enfatizó que la estadía de Trump no implica una exigencia suplementaria para su departamento.

El sábado por la noche, unos 20 manifestantes se congregaron cerca de Mar-a-Lago, pero no se produjeron incidentes, según Blouin, y agregó que los vecinos se mostraron comprensivos.

La mayoría se toma la situación con filosofía. "Todos los presidentes, todos los candidatos a un cargo público pasan por Palm Beach -dice Marie Hope Davis, presidenta del Club Republicano de Palm Beach-. Y pasan por acá por una misma razón: vienen a recaudar dinero."

Nueva designación

En una nueva designación de Donald Trump para su gabinete, el multimillonario Wilbur Ross fue elegido para la Secretaría de Comercio; fundador de una firma de inversiones con su nombre, obtuvo beneficios de la reestructuración de empresasEn un nuevo nombramiento de Donald Trump para su gabinete, el multimillonario Wilbur Ross fue elegido para la Secretaría de Comercio. Fundador de una firma de inversiones con su nombre, Ross de destacó por los beneficios que obtuvo de operaciones para comprar y reestructurar empresas en quiebra del sector manufacturero y del acero, entre otros.

Traducción de Jaime Arrambide

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