Responsabilidad moral: León XIV llamó a detener la espiral de violencia “antes de que se vuelva una vorágine irreparable”
El Pontífice no mencionó ni a Estados Unidos, donde nació, ni a Israel, sino solo a Irán y advirtió de la posibilidad de una tragedia de proporciones enormes
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ROMA.- Al día siguiente del ataque “preventivo” conjunto de Israel y Estados Unidos contra Irán, que eliminó al líder supremo de ese país, el ayatollah Ali Khamenei y desató una guerra regional que puso en vilo al mundo, el papa León XIV lanzó un fuerte llamado a las partes “a detener la espiral de violencia antes de que se vuelva una vorágine irreparable”.
Sin mencionar ni a Estados Unidos -donde nació hace 70 años-, ni a Israel, pero sí a Irán, el Pontífice habló de “horas dramáticas”, reiteró la importancia del diálogo y urgió a que la diplomacia vuelva a tener un rol en la geopolítica internacional
“Sigo con profunda preocupación lo que está ocurriendo en Medio Oriente y en Irán, en estas horas dramáticas”, dijo, en su tradicional aparición dominical para la oración del Ángelus, desde la ventana de su despacho del Palacio Apostólico. “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas recíprocas ni con las armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino sólo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable”, agregó, con tono preocupado.
“Ante la posibilidad de una tragedia de proporciones enormes -siguió-, dirijo a las partes involucradas un sentido llamamiento a asumir la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se vuelva una vorágine irreparable!”, clamó, desatando aplausos entre los miles de fieles y turistas que llenaban la plaza de San Pedro.
Y fue más allá: “Que la diplomacia reencuentre su rol y que sea promovido el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, fundada sobre la justicia”, pidió, al invitar a la multitud a “seguir rezando por la paz”.
León XIV -que el domingo pasado recordó que se cumplieron los cuatro años del comienzo de la invasión rusa de Ucrania-, también se mostró preocupado por el nuevo conflicto estallado días atrás entre Pakistán y Afganistán: “Elevo mi súplica para un retorno urgente al diálogo”, dijo. “Recemos juntos para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo. Sólo la paz, don de Dios, puede sanar las heridas entre los pueblos”, insistió.
Oriundo de Chicago, Robert Francis Prevost se reunió con el vicepresidente de su país, JD Vance, cuando viajó al Vaticano para la ceremonia de asunción de su pontificado, en mayo pasado; pero nunca se reunió ni habló por teléfono con el presidente, Donald Trump.
Más allá de su prudencia y cautela a la hora de las definiciones, aludió a él y sus políticas temerarias cuando, el 9 de enero pasado, pronunció uno de sus discursos más importantes del año a nivel geopolítico, en la tradicional ocasión de los saludos al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.
“La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas”, lamentó entonces, refiriéndose claramente a Trump, que ya había lanzado una operación militar en Venezuela para sacar del país al dictador Nicolás Maduro y amenazado a Groenlandia. “La paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo, o como una búsqueda de la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres. En cambio, se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio”, criticó León, que más de una vez también se expresó en contra de su política migratoria interna y de las deportaciones masivas.
En un fiel reflejo de su desacuerdo con la línea internacional del presidente de su país, a fin de enero tres cardenales estadounidenses cercanos a él publicaron una declaración recordando especialmente los párrafos antes citados de su discurso al cuerpo diplomático esos párrafos y denunciando su política exterior, que calificaron de polarizadora y hasta “destructiva”.
Los cardenales Blase Cupich, arzobispo de Chicago, Robert McElroy, arzobispo de Washington y Joseph Tobin, arzobispo de Newark insistieron en subrayar la línea de la Santa Sede y, recordando el Evangelio, llamaron a renunciar a la guerra “como instrumento para intereses nacionales mezquinos” y destacaron que “la acción militar debe ser vista solamente como un último recurso en situaciones extremas, no como un instrumento normal de la política nacional”.
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