Señales de buena salud en la vuelta a escena

El Papa celebró ayer la tradicional misa por la fiesta de Pedro y Pablo
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30 de junio de 2014  

ROMA (De nuestra corresponsal).- Si el viernes pasado causó cierta alarma que hubiera suspendido a último momento la visita que tenía planeada al hospital Gemelli de esta ciudad, debido a "una repentina indisposición", el Papa ayer disipó cualquier temor a eventuales problemas de salud.

Al celebrar la tradicional misa por la fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos de la Iglesia de Roma, a la mañana, así como la oración mariana del Angelus, al mediodía, Francisco, de 77 años, se mostró en espléndida forma. Lo que pasó el viernes es que tuvo de improviso un fuerte dolor de cabeza, fruto del cansancio acumulado en las últimas semanas, marcadas por una agenda sin respiro de viajes, audiencias y compromisos varios, según trascendió.

Durante la misa, que concelebró con decenas de cardenales en la Basílica de San Pedro y a la que asistió una delegación del Patriarcado Ecuménico Ortodoxo de Constantinopla, muy sereno y sonriente el ex arzobispo de Buenos Aires impuso el palio a 24 nuevos arzobispos metropolitanos.

En la homilía, centrada en las figuras de Pedro y Pablo, el Papa identificó dos problemas para los hombres de Iglesia: el del miedo y de los refugios pastorales.

"Nosotros, queridos hermanos obispos, ¿tenemos miedo? ¿De qué tenemos miedo? Y si lo tenemos, ¿qué refugios buscamos en nuestra vida pastoral para estar seguros? ¿Buscamos tal vez el apoyo de los que tienen poder en este mundo? ¿O nos dejamos engañar por el orgullo que busca gratificaciones y reconocimientos, y allí nos parece estar a salvo? Queridos hermanos obispos, ¿dónde ponemos nuestra seguridad?", preguntó. Y llamó luego a los obispos a tener confianza en Dios porque "ella disipa todo temor y nos hace libres de toda esclavitud y de toda tentación mundana".

Más tarde, en el Angelus, que como siempre pronunció desde la ventana del Palacio Apostólico ante miles de fieles que, pese al calor, llenaban la Plaza San Pedro, volvió a evocar a San Pedro y San Pablo, dos personas "tan distintas en el plano humano" y grandes pecadores que se dejaron transformar por la misericordia de Dios. "Por eso siguen hablándole a la Iglesia también hoy. También nosotros, si caemos en los pecados más graves y en la noche más oscura, Dios es siempre capaz de transformarnos, como ha transformado a Pedro y a Pablo. Dios es así: nos transforma y nos perdona siempre como hizo con Pedro y con Pablo", dijo.

Luego de la oración mariana, al margen de saludar especialmente a los romanos por la fiesta de los patronos de la ciudad, volvió a expresar su preocupación por lo que está ocurriendo en Irak.

"Me uno a los obispos del país en hacer un llamado a los gobernantes para que, a través del diálogo, pueda preservarse la unidad nacional y evitar la guerra", dijo.

"Estoy cerca de las miles de familias, especialmente cristianas, que han debido dejar sus casas y que están en grave peligro. La violencia genera más violencia, el diálogo es la única vía para la paz", agregó, antes de rezar con toda la plaza un avemaría por el pueblo iraquí.

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