Tragedias, exilio y resistencia: quién es Reza Pahlavi, el príncipe heredero iraní que llama a la movilización desde EE.UU.
Desde Washington, el heredero del sha intenta ocupar el vacío de liderazgo opositor en un país atravesado por la represión y la crisis económica
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PARÍS.– Reza Pahlavi fue criado para convertirse en sha de Irán, pero vive exiliado desde la Revolución Islámica de 1979, que derrocó a su padre y puso fin a milenios de monarquía en el país. Más de cuatro décadas después, su figura volvió a ganar visibilidad en medio de las protestas que sacuden a la República Islámica, donde algunos lo señalan como un posible articulador de la oposición.
En las manifestaciones, el grito de “¡Pahlavi volverá!” se instaló como una consigna recurrente. Desde Washington, donde reside, el heredero del trono difunde mensajes en video en redes sociales en los que convoca a la movilización y sugiere estrategias y momentos para protestar. El domingo, en una entrevista con Fox News, afirmó estar “preparado para volver a Irán a la primera oportunidad”.
Para Jason Brodsky, del grupo Unidos Contra Irán Nuclear, Pahlavi demostró capacidad de movilización. “Hay consignas claramente favorables a él”, señaló, aunque matizó que ese respaldo no implica necesariamente un deseo generalizado de restaurar la monarquía, sino una nostalgia creciente por la era Pahlavi.
Del palacio al exilio
Nacido el 31 de octubre de 1960, Reza Pahlavi creció en el corazón del poder imperial iraní. Hijo del último sha, Mohammad Reza Pahlavi, vivió una infancia marcada por el lujo y los rituales de la monarquía: imágenes de la época lo muestran sentado junto al trono de su padre, vestido con una versión infantil del uniforme imperial, rodeado de joyas y símbolos del poder dinástico.
El reinado de Mohammad Reza Pahlavi se consolidó tras el golpe de Estado de 1953, respaldado por la CIA, y se sostuvo en una estrecha alianza con Estados Unidos, que convirtió a Irán en un pilar estratégico durante la Guerra Fría. En ese contexto, Reza fue proclamado príncipe heredero en 1967, durante la coronación de su padre en Teherán. Estudió en una escuela instalada dentro del Palacio Niavaran, en el norte de la capital, y llevó una vida relativamente expuesta a influencias occidentales: un biógrafo del sha recordó incluso que tocó música rock en el palacio durante una visita de Año Nuevo del entonces presidente estadounidense Jimmy Carter.

En 1978, un año antes del colapso del régimen, Pahlavi abandonó Irán y se radicó en Estados Unidos para formarse como piloto de combate y más tarde estudió ciencias políticas en la universidad. Poco después, su padre huyó del país ante el avance de la Revolución Islámica, que desembocó en la instauración de un régimen teocrático chií. Tras desplazar a otras fuerzas antimonárquicas, los clérigos consolidaron un sistema que, desde sus inicios, ejecutó a miles de personas y que hasta hoy figura entre los gobiernos con mayor número de ejecuciones en el mundo.
Durante la guerra entre Irán e Irak, en la década de 1980, Pahlavi escribió que se ofreció a servir a su país, pero que su propuesta fue rechazada. El sha murió en el exilio en 1980, y ese mismo año una corte real en el exterior proclamó simbólicamente a Reza como rey al cumplir 20 años.

Desde entonces, su vida transcurrió en el exilio. Intentó ganar visibilidad política desde el extranjero: en 1986, The Washington Post informó que la CIA facilitó a sus aliados un dispositivo para emitir una breve transmisión clandestina en Irán, en la que Pahlavi prometía regresar y conducir al país hacia la libertad, algo que nunca ocurrió. Su figura no logró consolidarse como una alternativa dominante, lastrada por los recuerdos del autoritarismo del antiguo régimen, la percepción de desconexión con la realidad iraní y la férrea represión interna que sofocó cualquier expresión opositora.
Apoyos, límites y polarización
En los últimos años, sin embargo, su perfil volvió a emerger entre sectores de la diáspora iraní y, de forma más tenue, dentro del país, sobre todo entre jóvenes que no vivieron la era del sha y crecieron bajo restricciones sociales, crisis económica y sanciones internacionales. Pahlavi reforzó su presencia mediante redes sociales y medios en farsi, como Iran International, que amplificaron sus llamados a la protesta.
Casado y padre de tres hijos, consolidó respaldo fuera de Irán, especialmente en Estados Unidos. En 2023 visitó Israel, donde se reunió con el primer ministro Benjamin Netanyahu, y apoyó los ataques israelíes y estadounidenses contra instalaciones nucleares iraníes. Aun así, consiguió escaso apoyo explícito de gobiernos occidentales. Durante las protestas recientes, Donald Trump dijo que respaldaría a los iraníes si las fuerzas de seguridad abrían fuego, pero se mostró reticente a reunirse con Pahlavi y afirmó no estar seguro de que fuera “apropiado” hacerlo.
“Lo he visto y parece buena persona, pero no estoy seguro de que sea adecuado en este momento (reunirse con él) como presidente”, declaró Trump.
La figura de Pahlavi sigue siendo polarizante, incluso dentro de la oposición. En redes circulan videos de manifestantes que corean “Viva el sha”, pero la mayoría de las protestas expresa reclamos más amplios, como “Abajo el dictador”, en alusión al líder supremo Ali Khamenei, y demandas urgentes para aliviar una economía asfixiada. Pahlavi condenó la represión del régimen y promueve un Irán secular, con mayores libertades —en especial para las mujeres—, pero evita criticar de forma directa el autoritarismo del gobierno de su padre y el rol de la temida policía secreta Savak, una ambigüedad que genera rechazo en parte de la oposición.

“Pahlavi tiene muchos simpatizantes y su popularidad creció al perfilarse como el único opositor conocido con algo parecido a un plan”, señaló Arash Azizi, profesor de la Universidad de Yale, aunque advirtió que sus seguidores siguen siendo minoritarios en una sociedad y una oposición profundamente fragmentadas.
A diferencia de 1979, cuando el ayatollah Ruhollah Khomeini concentró la conducción revolucionaria desde el exilio, hoy no hay una voz única. En ese vacío, Pahlavi busca ocupar un lugar: insiste en que no quiere ser coronado, sino encabezar una transición hacia un Irán laico y democrático. Sin embargo, como ya ocurrió en protestas anteriores —desde 2009 hasta las de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini—, su liderazgo enfrenta límites evidentes en un movimiento diverso, sin conducción única y atravesado por múltiples demandas.
La trayectoria de Pahlavi también estuvo marcada por tragedias familiares. En 2001, su hermana menor Leila Pahlavi fue hallada muerta en un hotel de Londres tras ingerir una combinación de medicamentos y cocaína. Diez años después, en 2011, su hermano Ali Reza Pahlavi se suicidó en Boston, luego de una prolongada depresión que su familia vinculó al exilio y a la pérdida de su padre y de su país.
Agencias AFP, AP y Reuters
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