Tres argentinos desafían las bombas en plena Gaza
Un párroco y dos monjas del Instituto del Verbo Encarnado viven en la Franja desde 2009
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CIUDAD DE GAZA.– Tiemblan los vitrales de la pequeña Iglesia de la Sagrada Familia, construida en el barrio Zeitun de esta ciudad en 1952 para recordar que en su huida a Egipto la Virgen María, José y el niño Jesús pasaron por esta tierra.
Pero el padre Jorge Hernández, párroco de Gaza desde 2009, no se inmuta: ya está acostumbrado a celebrar misa debajo de las bombas.
Mendocino de San Rafael, de 38 años, del Instituto del Verbo Encarnado, el padre Jorge es uno de los tres argentinos que viven en Gaza.
Con él también están dos hermanas de la rama femenina de la misma congregación (del Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará), María de Nazareth, también oriunda de San Rafael, de 39 años, y la hermana María Madre del Resucitado, rionegrina, de 28 años.
Los tres dicen que no tienen miedo de estar bajo las bombas , porque su misión es estar aquí y apoyar en estos momentos tanto a la minoría cristiana de Gaza (1500, de los cuales 200 son católicos y el resto, de la Iglesia Ortodoxa de Grecia) como a la mayoría musulmana. Pero no ocultan su alarma.
"Se pasaron. Los datos indican que hubo más de 100 muertos entre los palestinos. Israel atacó más de 1350 objetivos en menos de una semana, lo que da la idea del desastre que es esto", dice el padre Jorge, de pelo castaño y físico de rugbier, que prefiere hablar con LA NACION en el patio, al aire libre, lejos de los ventanales de su oficina.
Como para el resto de los habitantes de Gaza, la ofensiva israelí trastornó su rutina. La gente no puede ir a misa porque nadie sale por miedo a las bombas; las dos escuelas católicas que maneja (con 1000 alumnos, la mayoría musulmanes) están cerradas y todas las actividades de la parroquia se encuentran suspendidas.
"Aún no tengo los nombres, pero sé que murieron algunos chicos de nuestras escuelas... Pero no es sólo el daño de una bomba lo que está sufriendo la gente, sino la acción psicológica, que es aún peor", cuenta.
De hecho, "abuna" Jorge viene de celebrar un funeral de un cristiano que anteanoche murió de un infarto por el estrés de una situación exasperante, en la que nadie sabe cuándo le tocará morir bajo un misil.
"Varias familias de la parroquia que están encerradas desde hace días en sus casas, oyendo explosiones, el ruido de los drones y el zumbido de los aviones, tienen problemas con sus hijos, que han entrado en pánico. Entonces, como tampoco hay posibilidades de terapia, junto con las hermanas los llamamos por teléfono, en turnos, para calmarlos y estar con ellos. La gente aprecia mucho la cercanía", cuenta el sacerdote, que habla perfectamente árabe.
Como la mayoría de la gente de esta zona, "abuna" Jorge es escéptico en cuanto a una tregua. "La gente lo ve como un teatro. De mantenerse las condiciones actuales en las dos partes, la reconciliación es imposible. Lo que pueden hacer los interventores externos es crearle presión a Israel para que haya un cese del fuego. Israel no está bien posicionado esta vez, a diferencia de la guerra de 2009. Tampoco la situación en Gaza es la misma: ahora hay más apoyo de los países árabes, e Israel lo sabe", dice.
"El principio elemental de una guerra justa es la proporción de medios: no te puedo atacar con una honda y vos me respondés con un tanque... No hay cómo justificar esto", subraya el padre Jorge, que denuncia que por la situación que está viviendo Gaza desde 2009, año en el cual llegó a esta tierra, se fueron unos 500 cristianos.
Bajo fuego desde hace casi una semana –durante la charla son varias las explosiones que nos sobresaltan–, el padre Jorge está en contacto permanente con el nuncio (el embajador del Vaticano ante Israel), con el patriarca latino de Jerusalén (la máxima autoridad católica de la zona) y con la embajada argentina en Tel Aviv. Además, se está preparando para lo peor "si esto se alarga y se agrava".
"Nuestro apostolado no es sólo con los cristianos, y como tenemos un salón subterráneo, vamos a dar refugio a quienes lo necesiten cuando sea necesario; tenemos un pozo de agua y si cortan el servicio vamos a repartir agua entre los vecinos, y si no hay corriente y no hay pan, prestaremos nuestro motor para que la gente, en turnos, pueda hacerse su propio pan", asegura.
Al igual que el padre Jorge, María Nazareth y María Madre del Resucitado, las otras dos argentinas de Gaza, aparecen serenas en medio a la tensión. "Nosotras pedimos venir a esta misión y siempre supimos los riesgos que se corren acá", dicen, al admitir que, sin embargo, para las dos es su primera experiencia de guerra. "Aunque es difícil dormir entre estallido y estallido, ya no dormimos en nuestras habitaciones, porque si hay un bombardeo podrían estallar los vidrios", cuentan.
"Humanamente, la solución de este conflicto es muy difícil, hay muchos intereses detrás", dice María Nazareth. "Pero nosotras tenemos esperanza en Dios, que puede tocar el corazón del hombre", concluye.
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