¿Donald Trump o Joe Biden? ¿Quién ganó el último debate de la campaña en EE.UU.?

Inés Capdevila
Inés Capdevila LA NACION
Trump y Biden sostuvieron anoche, en Nashville, el último debate antes de las elecciones del 3 de noviembre
Trump y Biden sostuvieron anoche, en Nashville, el último debate antes de las elecciones del 3 de noviembre Fuente: AP
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23 de octubre de 2020  • 09:44

La campaña electoral más trascendental de la historia reciente de Estados Unidos cerró anoche un capítulo clave: los debates. Faltan 11 días para la votación, y el round de anoche era una de las últimas oportunidades del presidente Donald Trump para recuperarse en los sondeos, que lo dejan mal parado en el voto nacional y en los estados decisivos, críticos para el Colegio Electoral, el órgano que decide el nombre del jefe de Estado.

¿Logró Trump aprovechar esa oportunidad ante el exvicepresidente Joe Biden? A medias. El mandatario trató y encajó algunos golpes efectivos contra Biden, y su entorno celebró la "serenidad y autocontrol" que mostró en la "victoria" anoche. Sin embargo, los tres primeros sondeos pos debate indicaron que el candidato demócrata, también más aplomado y certero en sus ataques, se llevó otra vez el triunfo.

El debate de 29 septiembre fue una catástrofe para el mandatario ; su descontrol, ambigüedad y agresividad lo terminaron de hundir en las encuestas para el voto nacional. S u hisopado positivo tres días después y sus idas y vueltas con el coronavirus fortalecieron la ventaja de Biden en los estados como Pensilvania, Florida, Carolina del Norte o Wisconsin , que decidirán el nombre del próximo presidente.

En la previa de anoche, los asesores más cercanos de Trump le rogaron que no fuera tan él, que se mostrara calmo y racional. Y, sin dejar de lado sus mentiras y otras mañas, algo lo hizo. Solo interrumpió a Biden o la moderadora, la eficaz Kristen Welker, 25 veces (para el exvicepresidente fueron 12) contras las 71 ocasiones en las que hizo lo mismo en el primer debate. Ayudó que los micrófonos estaban muteados cuando no le tocaba hablar a los candidatos.

La táctica de Trump fue bastante parecida a la que usó en 2016 contra Hillary Clinton. Acusó a Biden de ser un "criminal" y un "corrupto" por los negocios riesgosos de su hijo Hunter y de ser un político convencional que no logró nada en su carrera. "Todas palabras y cero acción", dijo Trump, en una de sus frases más usadas de la noche. Claro que eso suena raro viniendo eso de un hombre que hace cuatro años es presidente del país más poderoso del mundo y está atrapado en una pandemia que ya dejó 224.000 muertos en Estados Unidos y una recesión brutal.

El exvicepresidente contraatacó a Trump donde más le afecta al mandatario, en su manejo de la pandemia y la economía y en la opacidad de sus cuentas personales y, sobre todo, sus impuestos. Biden también golpeó al mandatario con referencias a la cara más dramática de su polémica política inmigratoria, la separación de niños migrantes de sus padres, y con una frase inusual por su dureza: "Sos el presidente más racista en la historia de Estados Unidos".

Biden, sin embargo, dio un paso en falso al decir que podría terminar con la industria de los combustibles fósiles, que le puede costar caro en algunos estados necesarios para ganar como Pensilvania.

El debate duró una hora y media e inmediatamente después la Casa Blanca festejó el autocontrol del presidente como una gran victoria y anticipó un repunte del presidente. Pero las encuestas dijeron otra cosa.

De acuerdo con el Sondeo Instantáneo de CNN, un 53% de los espectadores opinó que Biden había ganado el debate, mientras que un 39% se inclinó por Trump; otros dos sondeos similares, realizados a través de las redes sociales, arrojaron resultados en la misma dirección.

Trump ya pasó por esto. Su trayectoria en los debates de 2016 fue la misma; fue de pésima en el primer round a no tan mala en el último. En todos perdió contra Clinton y aun así se impuso días después, en las elecciones. Pero tuvo una ayuda inestimable: un día después del último debate de 2016, el entonces director del FBI, James Comey, anunció que reabría la investigación por los controversiales mails de Hillary Clinton. Fue la "sorpresa de octubre" que inclinó a cientos de miles de indecisos a favor del actual presidente.

¿Cómo sigue la campaña?

Poco aprovechada la gran oportunidad del último debate, cuatro alternativas le quedan a Trump en los próximos 11 días para retener la presidencia.

La primera es que, como en 2016, los sondeos estén errados, sobre todos las de los estados decisivos. Por un lado, las encuestadoras juran y perjuran que corrigieron los errores de 2016 y que este año acertarán. Por el otro lado, el número de indecisos es la mitad de lo que era hace cuatro años.

La segunda es buscar el escándalo que desestabilice a Biden, como la investigación del FBI perjudicó a la exprimera dama en los últimos días de la campaña de 2016. Pero esa táctica no ha sido, hasta ahora, muy efectiva para el mandatario.

Pese a estar en el centro del debate político desde hace más de un año, la polémica por las supuestas negociaciones turbias de su hijo Hunter no golpeó tanto al vicepresidente como le hubiese gustado a la Casa Blanca. Dos razones lo explican; la denuncia no fue acompañada de mucha evidencia y Biden es, para los norteamericanos, bastante más popular e intachable que Hillary, e incluso que el propio Trump.

¿Entonces qué puede hacer Trump? Movilizar a su fervorosa base de votantes ultraconservadores, incluso más que en 2016. Eso está decidido a hacer, pero dos preguntas inquietan al círculo íntimo del mandatario: ¿qué tan grande sigue siendo esa base? ¿y cuánto entusiasmo le queda para votar en masa el martes 3 de noviembre?

La campaña de Trump esgrime dos datos -o esperanzas- para afirmar que eso sucederá. En números confirmados por organizaciones independientes, advierte que empadronó en los estados decisivos una cifra récord de nuevos votantes, dispuestos a ir a las urnas no importa la circunstancia el 3 de noviembre. Eso sucedió en 2016: cientos de miles de indecisos se inclinaron por Trump mucho más que por Hillary y protagonizaron una ola de entusiasmo electoral que desembocó en la elección de Trump.

El presidente y sus asesores están persuadidos, o al menos así se muestran en público, de que esa renovada oleada de decisión y entusiasmo alcanzará para balancear y vencer un número que hoy sorprende y beneficia a los demócratas.

Unos 49,5 millones de norteamericanos eligieron ya gracias al sufragio por voto o al voto anticipado. Es un número inédito que habla de la trascendencia de este virtual referéndum de los norteamericanos sobre Trump y que ilusiona a los demócratas: la mayor afluencia electoral suele favorecerlos.

Ese número es casi el 36% de los votantes totales de 2016 y supera ya el 100% de los sufragios anticipados de esa elección. Entre ellos hay, unos 8 millones de nuevos votantes, pero la mayoría no sería republicana, como estima la Casa Blanca.

De acuerdo con el sitio electproject.github.io, que lleva cuenta del voto anticipado, el 50,9% de esos votos corresponde a demócratas; el 26,6% a republicanos, y el 21% a independientes. SI esa fórmula se mantiene desde hoy al día de la elección, Estados Unidos estaría ante una movilización demócrata sin precedente.

Otra cuestión de números llega con un alerta para los republicanos: la ecuación demográfica de los estados decisivos cambió y no trae buenas noticias para el oficialismo.

Hoy el padrón norteamericano se divide en: 39% de votantes blancos sin educación terciaria -el principal bloque electoral de Trump-; 34% de votantes blancos con educación terciaria, y 27% de votantes de minorías. En 1976, esas proporciones eran muy diferentes: 71% de votantes blancos sin educación terciaria; 17% de votantes blancos con educación terciaria, y 11% de minorías.

Esa reducción progresiva se aceleró en los últimos cuatro años. Hay 5 millones menos de personas blancas sin educación terciaria en edad de votar que en 2016 y 13 millones más de votantes con título universitario, un grupo que se aleja más y más de Trump. De acuerdo con The New York Times, en los estados decisivos esos cambios "exceden por lejos los angostos márgenes de victoria" del presidente en 2016.

Los desafíos para el presidente se acumulan y el tiempo se acaba. Por eso la Casa Blanca afina su cuarta alternativa: cuestionar los resultados y ganar las elecciones no en las urnas, sino en los tribunales. De eso hablaremos la semana próxima.

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