Trump enfrenta lo impensado: Utah se aleja de los republicanos
En un estado que es bastión del partido, la irrupción de un candidato independiente amenaza el triunfo del magnate
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SALT LAKE CITY, Utah.- Con sólo pisar el aeropuerto se comprende la esencia religiosa y conservadora de esta tierra en pleno Medio Oeste. Lo primero que recibe el viajero es un papelito invitando a reflexionar sobre el sentido de la vida y acercarse al enorme templo mormón que es meca de peregrinos en esta ciudad.
Lejos de esas profundidades religiosas -o tal vez por ellas mismas- Utah experimenta hoy una revolución política. Una auténtica alerta roja para el temblor que sacude a los republicanos desde que Donald Trump se convirtió en su candidato a presidente.
La crisis se resume en pocas palabras: desde hace medio siglo, Utah vota a los republicanos. Es un estado seguro para ellos. "Ciento por ciento rojo", como suele decirse, en apelación al tradicional color que distingue al partido.
Pero desde que llegó Trump, eso peligra y ahora el gran miedo es que Utah se pierda en manos de Evan McMullin, un candidato independiente que tiene todo para convertirse en el héroe impensado en esta batalla de decepciones.
Sobre todo tiene los números de las encuestas. El promedio de Clear RealPolitics le da 22% de respaldo, frente al 24% que comparten ahora la demócrata Hillary Clinton y el republicano Trump. Sólo que el millonario se viene desmoronando aquí, Hillary está estancada y McMullin sigue subiendo.
"Los republicanos están desesperados en Utah", dijo a LA NACION Max Friedman, analista político y profesor de Historia en la American University, con sede en Washington. "Que tengan miedo de perder allí da una pauta clara de la crisis que están viviendo", añadió.
El miedo es real. Sobre la hora, el gobernador -republicano, obviamente- Gary Herbert pidió ayuda a la campaña. Cuando faltan sólo 12 días para las elecciones, el SOS fue atendido y, en respuesta, aterrizó aquí el "número dos" de la fórmula, Mike Pence.
Hacía décadas que los republicanos no hacían campaña en este estado. No lo consideraban necesario. Casi tan redundante como promocionar el hielo en Alaska. Hasta que llegó el terremoto Trump. "Yo no puedo votarlo. Es un hombre sin valores", dijo a LA NACION uno de los jóvenes que repartían folletos en el aeropuerto.
No es él sólo. Desde el gobernador Herbert para abajo, muchos han dicho lo mismo. Incluido el senador Mike Lee, que de manera directa pidió abiertamente que Trump "renunciara" a la carrera.
Contra todo eso batallaba ayer Pence. "No votar a Trump es votar a Clinton", argumentó en un acto que se montó a las apuradas. Mientras él defendía la fórmula y recorría el Oeste en un impensado tour de última hora, Trump hacía un alto de campaña en Washington para inaugurar allí uno de sus hoteles.
"Tengo derecho a un descanso", argumentó. En un país donde el presidente no es elegido por el voto popular, sino por el del Colegio Electoral, el peso de Utah no es decisivo: aporta sólo seis electores.
Pero, por poquitos que sean, el potencial efecto de claudicar en Utah sería devastador para el Partido Republicano, amo y señor de las elecciones desde 1970 en adelante.
La última, hace cuatro años, con el 72% de los votos a favor de Mitt Romney. Retroceder desde semejante altura al miedo a perder el Estado es poco menos que un derrumbe épico. Contra eso luchaba ayer Pence, en la impensada escala proselitista.
La cita fue en el Centro de Convenciones, a pocas cuadras del Gran Templo mormón. En su explanada, anoche, la gente de McMullin seguía diciendo que votar a un hombre como Trump era "inaceptable" para una persona de valores.
Nunca lo quisieron mucho. Pero el rechazo cobró forma de guerra desde la difusión del video en el que el candidato se expresa como un abusador sexual.
"¿Quién puede elegir a una persona así?", preguntó el chico que repartía folletos religiosos. El otrora bastión republicano de Utah parece, a estas horas, no sólo en duda, sino que se proyecta como un auténtico laboratorio político de los difíciles días del partido.
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