Trump logra un victoria política: el fiscal dice que no hubo conspiración con Rusia

Crédito: DPA
Rafael Mathus Ruiz
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24 de marzo de 2019  • 17:55

WASHINGTON.- Tras casi dos años de investigación federal, el fiscal Especial del escándalo Rusiagate, Robert Mueller, concluyó que la campaña del presidente, Donald Trump , no "coordinó o conspiró" con el gobierno ruso de Vladimir Putin para influir en el resultado de la elección presidencial de 2016, un desenlace que liberó al mandatario de una sospecha que lo acechó desde el inicio de su presidencia.

El resultado de la histórica investigación fue develado por el Departamento de Justicia en una esperadísima carta de cuatro carillas enviada por el fiscal General, William Barr, al Congreso con las principales conclusiones del llamado "Informe Mueller" sobre un escándalo que tiñó a la última elección presidencial, mantuvo en vilo a Estados Unidos y arrojó un manto de sospechas sobre la Casa Blanca de Trump , quien llegó a ser acusado de traición y de estar bajo la influencia de Putin.

Aunque Mueller exoneró a Trump de cualquier conspiración con Rusia, dejó sin respuesta la pregunta acerca de si el presidente intentó obstruir con la investigación. Barr explicó en su carta que las evidencias recabadas por el Fiscal Especial "no eran suficientes" para culpar al presidente.

"El Fiscal Especial afirma que 'aunque este informe no concluye que el Presidente cometió un delito, tampoco lo exonera'", escribió Barr en su carta al Congreso.

La Casa Blanca leyó la carta de Barr sobre las conclusiones del informe de Mueller como un triunfo rotundo y absoluto, y celebró sin titubeos la "exoneración completa y total" de Trump, sin importar que la realidad fuera otra. Los demócratas exigieron ver el informe completo, y dijeron que la carta de Barr "plantea tantas preguntas como respuestas".

"No hubo colusión, no hubo obstrucción, completa y total exoneración. ¡MANTENGAMOS GRANDE A ESTADOS UNIDOS!", tuiteó Trump, desde Palm Beach donde pasó el fin de semana en su resort, Mar-a-Lago. Fue el debut en Twitter de su eslogan para la campaña presidencial del año próximo.

"Esta fue una ofensiva ilegal que fracasó", dijo a los periodistas, antes de abordar el avión presidencial de regreso a Washington.

La revelación de las conclusiones del informe de Mueller marcó el punto final de una histórica investigación que llegó a ser puesta por encima de Watergate, el escándalo que se llevó puesta a la presidencia de Richard Nixon. La investigación comenzó en plena campaña presidencial de 2016, con el hackeo al Comité Nacional Demócrata y a la campaña de Hillary Clinton que redundó en la difusión de miles y miles de correos electrónicos a través de Wikileaks con información dañina para Clinton.

Mueller concluyó que el gobierno ruso de Vladimir Putin estuvo detrás de ese hackeo. Mueller también vinculó a Putin con la campaña de desinformación desplegada en redes sociales desde la llamada "granja de trolls" en San Petersburgo, Rusia, la organización llamada Agencia de Investigación de Internet (IRA, según sus siglas en inglés). El Kremlin ha negado ambas acusaciones, y ha rechazado de plano cualquier vínculo con cualquier injerencia en la democracia de Estados Unidos. Las agencias de inteligencia de Estados Unidos también acusaron al gobierno de Putin de intentar torcer el desenlace de la última elección a favor de Trump.

Para Mueller, ni la campaña de Trump ni nadie asociado a la campaña "conspiró o coordinó" con IRA o con el gobierno de Putin, "a pesar de múltiples esfuerzos de individuos afiliados a Rusia para asistir a la campaña de Trump", según señala la carta de Barr.

Una pregunta sin respuesta

A la par de la investigación acerca de esa supuesta conspiración, Mueller debía determinar si Trump había intentado obstruir con la pesquisa. Esa sospecha había cobrado magnitud luego de que el mandatario echó al exdirector del FBI, James Comey, poco después de asumir el 20 de enero de 2017.

En la que quizá sea el tramo más polémico de la carta de Barr, el Fiscal General sostiene que Mueller dejó el interrogante sobre esa acusación abierta, al afirmar que "no exonera" a Trump del delito de obstrucción de la Justicia, aunque tampoco llega a acusarlo.

La clave estuvo en las dificultades para definir si Trump tuvo o no la intención de influir en la investigación. En su carta el Congreso, Barr sugiere que el informe de Mueller concluyó que el presidente pudo haber llegado a actuar para obstruir con la investigación federal, pero remarca que, para presentar una acusación formal, los fiscales deben probar "más allá de toda duda razonable, que una persona, actuando con intenciones corruptas, participó en una conducta obstructiva". Mueller nunca entrevistó cara a cara a Trump, quien respondió preguntas por escrito.

Barr indica que, al dejar el tema sin resolver por faltas de evidencias, "la ausencia de tal evidencia tiene que ver con la intención del Presidente con respecto a la obstrucción".

Al final, las principales conclusiones del informe de Mueller y las determinaciones de Barr y su fiscal General Adjunto, Rod Rosenstein, respecto de qué hacer con ese informe terminaron por darle munición política a republicanos y demócratas para perpetuar la pelea por uno de los escándalos políticos más delicados de la historia del país, y un presidente divisivo y controvertido, amado y odiado como ninguno de sus antecesores.

Los críticos de Trump hicieron hincapié en que Mueller no había exonerado al presidente del delito de obstrucción de la justicia, mientras que sus partidarios celebraron una "completa y total exoneración", aun cuando la realidad fuera más compleja.

"Felicitaciones, Presidente Trump", tuiteó su asesora Kellyanne Conway. "Hoy ganó la elección 2016 de nuevo. Y recibió un regalo para la elección 2020."

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