Un maravilloso signo del tiempo que viene

Elisa Carrió
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14 de marzo de 2013  

Conocí al cardenal Bergoglio en la Iglesia de San Nicolás. El padre Guillermo Marcó me pidió que hablara con él. Empezaban los días mas difíciles para la Nación. Me confesé y él me contestó: a partir de ahora esta confesión la tiene la Iglesia, porque yo soy cardenal, me dijo.

Muchas veces lo vi humilde y sencillo. Otras, más jesuita y negociador. Y es así porque es hombre y él más que nadie sabe que Cristo ha venido a curar a los enfermos y no a los sanos. No crean que un papa no es un hombre, tampoco es un santo, sólo es un pastor.

Desde mi conversión, nunca fui a Roma, siempre a Jerusalén y a Tiberíades, donde está la Iglesia de Pedro, porque el lujo romano y los negocios de Roma me resultaban incompatibles con mi fe naciente. Ojalá que como pastor permita que el Cristo sin lujos y sin negocios y en la belleza de la Cruz triunfante tenga lugar en Roma.

Le pido como cristiana que no se olvide lo que muchas veces le reiteré: es incompatible con los Evangelios que mucha gente sea privada de la Eucaristía por ser considerada pecadora. Él sabe más que nadie lo que debe hacer.

Muchísimos creyentes y no creyentes festejamos hoy a este nuevo pastor. Y me parece muy buena su decisión de elegir el nombre de Francisco, porque Francisco es el rico que se despojó y por eso, de tan pobre, fue inmensamente rico.

Para los que creemos en una nueva civilización humanista, creyente, solidaria y con amor por la verdad y la justicia, el relámpago sobre la cúpula del Vaticano fue un símbolo. La gaviota en Habemus Papam, el segundo signo. Y el nuevo papa de América del Sur, un maravilloso signo de que los tiempos están llegando. No hay que olvidar el mensaje de la Virgen de San Nicolás: será en el Sur, porque en el Sur están lo que creen sin haber visto.

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