Un paso más hacia el final de la red terrorista

Antonio Caño
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6 de junio de 2012  

WASHINGTON.- Estados Unidos alcanzó en un ataque de aviones no tripulados (drones) en Paquistán al número dos de Al-Qaeda, Abu Yahya al-Libby, lo que revitaliza el debate sobre los éxitos de la administración norteamericana en su última y más eficaz estrategia contra el terrorismo y sobre el uso de esos mortíferos robots militares, cuya actuación empieza a tener serias repercusiones diplomáticas y políticas.

Fuentes estadounidenses afirmaron que Al-Libby estaba anteayer junto a otros 14 militantes de Al-Qaeda en el lugar que fue impactado por una bomba, lo que supone el mayor éxito obtenido por el ejército norteamericano desde la muerte de Osama ben Laden, el año pasado.

Al-Libby era considerado uno de los principales jefes operativos de la red terrorista, con influencia para decidir ataques en todo el mundo, en especial en Paquistán y Afganistán. Su muerte representa un paso más hacia la completa liquidación del grupo responsable de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

La ofensiva incentivó una polémica sobre la utilización de los drones. El gobierno de Paquistán, que desaprueba ese tipo de arma, ya presentó una protesta oficial a los diplomáticos norteamericanos. Islamabad considera que los ataques con drones son una violación de su soberanía.

Un alto funcionario paquistaní confesó a la cadena CNN que nunca son avisados previamente de los ataques y que, en esta ocasión, desconocían qué había sucedido con Al-Libby.

Estados Unidos reconoció que esos bombardeos, pese a la precisión que permiten sus modernas tecnologías, mataron en algunas ocasiones a civiles. Una de esas matanzas, hace seis meses, provocó que el gobierno paquistaní cortara la ruta de suministro a Afganistán a través de su país, un asunto que todavía no fue resuelto.

Polémica

La muerte de inocentes y el uso creciente de los drones se convirtió también en tema de polémica dentro de Estados Unidos. Organizaciones de derechos humanos y rivales del presidente Barack Obama se quejaron de esa estrategia. En especial dentro de la derecha se compara la política de George W. Bush de cárceles secretas, torturas y detenciones ilegales en Guantánamo con la de Obama de muerte instantánea por los bombardeos de los drones.

Algunas de estas críticas se apoyan en un artículo publicado por The New York Times que recopilaba todos los ataques de drones desde el comienzo de la presidencia de Obama y detallaba la participación que el mandatario había tenido en la autorización de los ataques.

Tal fue el uso y abuso del artículo que el diario publicó anteayer una aclaración sobre lo que se decía y no se decía en él. Entre lo que no se decía, pero que circuló intensamente, era que Obama había autorizado la muerte de una militante de 17 años o que David Axelrod, entonces el principal asesor político de la Casa Blanca, participó en las reuniones sobre los drones.

Las facilidades que ofrece una tecnología tan eficaz y en la que no se corre ningún riesgo de vidas propias abre una nueva era en la forma de hacer la guerra y presenta numerosos interrogantes morales.

Aunque todavía no es un escándalo, será motivo de alguna discusión en la campaña electoral. Los drones ayudaron a darle a Obama una imagen de fuerza. Pero, quizá, pueden contribuir también a darle una imagen de crueldad.

© EL PAIS, SRL

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