Una nueva forma de relacionarse que vale para toda la región

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
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22 de marzo de 2016  

LA HABANA.- Ben Rhodes, uno de los arquitectos de la apertura con Cuba de Barack Obama, dejó una frase ayer ante los periodistas extranjeros que repite cada vez que puede: "La política con Cuba es la política con América latina".

Para la Casa Blanca, el deshielo con la isla no sólo es el prólogo de una nueva era en la relación entre Washington y La Habana. Es, también, un nuevo comienzo con toda la región que busca dejar atrás una historia turbulenta. La Casa Blanca propone llevar la mirada hacia el futuro e inaugurar un vínculo de "asociación respetuosa", con eje en la economía, la seguridad y la defensa de la democracia y los derechos humanos.

"Un nuevo día", graficó Obama, en español, en La Habana.

La política exterior de Obama no ha estado exenta de críticas o de tropiezos. Medio Oriente ha quedado hundido en el caos por la guerra civil en Siria, el surgimiento de Estado Islámico y el estancamiento entre palestinos e israelíes. Además del pacto nuclear con Irán y los avances en la lucha contra el cambio climático, hay dos áreas donde Obama logró progresos. Una es su "giro a Asia", su prioridad. La otra, el renovado vínculo que imprimió con América latina. Obama ve en ambas regiones buenas oportunidades para lograr progresos. Son dos puntos centrales de su legado.

El vínculo con América latina ha cambiado. Atrás quedó la era en la cual Washington imponía el Consenso de Washington o el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un sueño de George W. Bush que Hugo Chávez se encargó de sepultar cuando el petróleo valía mucho más de lo que vale ahora. Atrás quedó también la era del respaldo a dictaduras o invasiones.

"Obama le ha quitado el rasgo imperialista a Estados Unidos, al menos en el sentido tradicional", comentó a LA NACION Jon Lee Anderson, periodista de la revista The New Yorker, que conoce muy bien la región, durante una charla en el centro de prensa de la Casa Blanca en La Habana.

La economía aparece al tope de la agenda. Susan Rice habló días atrás de la "nueva América latina". Dijo que había oportunidades inmejorables para invertir en energías renovables, y enumeró iniciativas para apoyar a los emprendedores, vistos como catalizadores del desarrollo. Dijo que Estados Unidos seguiría invirtiendo para que los jóvenes fueran exitosos en la economía global.

"Tenemos que hacer más para preservar y construir sobre el progreso que hemos hecho, incluyendo sacar a millones de personas de la pobreza en las últimas dos décadas, y Estados Unidos está listo para trabajar con nuestros socios para afrontar estos retos", completó. "Hoy, Estados Unidos está más profundamente involucrado con América latina de lo que hemos estado en décadas", apuntó, luego.

La incógnita es cuánto durará. No son pocos quienes miran la campaña presidencial y fruncen el ceño cuando Donald Trump dice que quiere construir un muro con México, una política que, desde ya, generaría un duro retroceso en los avances con la región. Hillary Clinton, que aparece con posibilidades mucho mejores para quedarse con la Casa Blanca, aparece a las claras como una garantía de continuidad de las políticas de Obama.

Funcionarios de Obama reconocieron que querían venir temprano este año a Cuba para que la apertura fuera irreversible. Vale para toda la región, en un momento que Rice definió como "transformacional".ß

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