Violencia armada: el terrorismo supremacista revela sus paralelismos con el ascenso de EI

Una mujer reza, ayer, en el memorial a las víctimas de la masacre de El Paso
Una mujer reza, ayer, en el memorial a las víctimas de la masacre de El Paso Fuente: AFP
En ambos subyace una ideología apocalíptica que predice y promete acelerar una guerra entre civilizaciones que consumirá al mundo,Max Fisher the new york times
Max Fisher
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7 de agosto de 2019  

WASHINGTON.- Varios académicos expertos en terrorismo observan preocupantes similitudes entre el ascenso de Estado Islámico (EI) y el auge del terrorismo nacionalista blanco, cuya más reciente expresión se vio en la matanza de El Paso.

"El paralelismo es asombroso", dice Will McCants, un destacado experto en el tema. Y con cada nuevo atentado esos paralelismos son cada vez más notorios.

Los expertos dicen que las similitudes no son fruto del azar en absoluto. El terrorismo nacionalista blanco está teniendo una evolución inquietantemente parecida a la del jihadismo bajo el liderazgo de EI que ayuda a comprender por qué los atentados del supremacismo blanco se han vuelto frecuentes y letales.

En ambos casos subyace una ideología apocalíptica que predice -y promete acelerar- una guerra entre civilizaciones que consumirá al mundo. Y ambos impulsan una violencia teatral e indiscriminada que supuestamente desencadenará esa batalla definitiva, pero que en los hechos apenas le concede al asesino un fugaz instante de empoderamiento y de atención mundial para su cruzada.

En los rincones más oscuros de las redes sociales hay reclutas voluntarios que se reúnen para retroalimentar su propia radicalización. Para esos reclutas, la ideología oficial no es más que una vía de escape para una tendencia preexistente hacia el odio y la violencia.

Las diferencias entre el nacionalismo blanco y EI siguen siendo enormes. Mientras los líderes de EI condensaron el fanatismo de sus seguidores en un gobierno de corta vida, el nuevo nacionalismo blanco no tiene la menor estructura de liderazgo. "Para los que estudiamos el extremismo en las redes, esto se veía venir desde hacía tiempo", dice J.M. Berger, autor del libro Extremism y miembro de VOX-Pol, un grupo que estudia el extremismo en internet, en referencia a las similitudes entre EI y el nacionalismo blanco. En retrospectiva, es fácil ver por qué.

La abyección de EI que sacudió al mundo se ha convertido en un modelo natural -tal vez especialmente- para los extremistas que ven a los musulmanes como enemigos.

Una vez que se dispara, ese ciclo continuo en el que violencia y radicalización se retroalimentan puede cobrar terrible fuerza propia: cada ataque potencia la radicalización y la ideología apocalíptica en las redes, lo que a su vez conduce a nuevos atentados.

Las lecciones que deja son preocupantes. Es casi imposible erradicar un movimiento animado por ideas y descentralizado en las redes sociales. Tampoco es fácil prevenir ataques cuando según la ideología de los perpetradores cualquier blanco es tan bueno como el próximo, y cuando demandan conocimientos mínimos, como abrir un foro en un sitio de internet.

Además, los cambios globales que jugaron un rol crucial en el ascenso de EI no han hecho más que acelerarse, y Berger advierte que entre esos cambios está la proliferación de redes sociales. "Cuando se abre una inmensa nueva arena de comunicación, también se abre un vector de contagio", dice Berger.

El nihilismo que define cada vez más al terrorismo global surgió por primera vez en el crisol del sectarismo del Irak ocupado por Estados Unidos. Un fracasado delincuente jordano, Abu Musab al-Zarqawi, supo explotar el caos que trajo la invasión liderada por Estados Unidos para masacrar a ocupantes y musulmanes iraquíes por igual haciendo circular videos de sus matanzas.

Más allá de todas sus pretensiones religiosas, Al-Qaeda, al igual que la mayoría de los grupos terroristas, ha asesinado civiles en pos de sus objetivos globales, como la expulsión de Estados Unidos de Medio Oriente.

Pero Al-Zarqawi parecía impulsado por el sadismo, por sed de notoriedad y por una ideología apocalíptica que al parecer entendía a medias.

Al-Qaeda se opuso, temiendo que Al-Zarqawi molestara al mundo árabe y que los distrajera de los objetivos más concretos del jihadismo.

Por el contrario, Al-Zarqawi se hizo tan popular entre los reclutas jihadistas que Al-Qaeda lo autorizó a luchar en su nombre. Tras su muerte, su grupo resurgió convertido en EI. El impensado ascenso de ese grupo reveló un nuevo abordaje del terrorismo, y ahora permite entender por qué el nacionalismo blanco está confluyendo en creencias y métodos similares.

Mientras que los grupos terroristas del pasado apelaban a los anhelos y odios políticos de sus reclutas, Al-Zarqawi encontró la forma de activar en ellos el deseo de sangre en sí mismo. Para muchos habitantes de Medio Oriente, la invasión de Estados Unidos a Irak había puesto el mundo patas arriba. Al-Zarqawi, y después EI, prometía enderezarlo, y explicaba sus razones: el mundo se encaminaba velozmente a una guerra de fin del mundo entre musulmanes e infieles.

Los panfletos ideológicos, el discurso de reclutamiento y las historias de radicalización durante el ascenso de EI se repiten como un eco, palabra por palabra, en las historias detrás de nacionalismo blanco actual. Para este último, el mundo carretea hacia una guerra global entre blancos y no blancos.

El desembarco, una bizarra novela francesa de 1973 que se ha convertido en un libro profético no oficial para muchos nacionalistas blancos, relata el esfuerzo concertado de los extranjeros no blancos para sobrepasar y someter a los europeos, que responden con una brutal guerra genocida.

Los así llamados "manifiestos" dejados por los terroristas que atacaron en Christchurch, Nueva Zelanda, y en El Paso también advierten de esa guerra supuestamente en ciernes.

Según Maura Conway, experta en terrorismo de la Universidad de la Ciudad de Dublín, para que se produzca la radicalización solo hace falta que haya un grupo de personas con creencias compartidas. Y si bien las represalias de los blancos ante los cambios demográficos y sociales no son algo nuevo, las redes sociales ahora permiten que los blancos receptivos a su versión más extrema se encuentren unos a otros.

Y al igual que descubrieron los miembros de EI, los extremistas blancos han encontrado en las redes sociales un sitio donde postear videos de su ataques e ideas, que a su vez se viralizan y dan inicio a un nuevo ciclo. En 2015, Berger escribió que EI había sido "el primer grupo que empleó esas tácticas de amplificación en las redes sociales". Pero ya entonces agregó: "Y no serán los últimos en hacerlo".

Traducción de Jaime Arrambide

Por: Max Fisher
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