Vivir sin generar basura: una familia se convierte en un símbolo para los alemanes

Una pareja logró reducir a sólo un frasco los deshechos de los últimos dos años
Pablo Sanguinetti
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23 de mayo de 2016  

Shia Su, con los desechos de dos años
Shia Su, con los desechos de dos años Fuente: LA NACION - Crédito: Shia Su

BERLÍN. - Meter castañas en el lavarropas o lavarse el pelo con harina pueden parecer ideas estrafalarias, pero para Shia Su son herramientas que la ayudan a conquistar un objetivo de enorme impacto político, social y económico: vivir sin generar basura.

Esta alemana de 32 años lleva desde 2014 estudiando y poniendo en práctica formas de reducir los desperdicios que genera junto con su marido en su casa de la ciudad de Bochum. La experiencia queda registrada en su blog, un diario de hallazgos, tropiezos y consejos en la carrera hacia una vida libre de desechos.

"No tiene sentido que sigamos usando cosas que se producen para ser usadas una sola vez y luego van a parar a la basura, como los envases", explica la bloguera a LA NACION.

Shia comenzó por eso a comprar en supermercados especiales que venden mercadería a granel y sin envases, mientras iba descubriendo recetas caseras para reemplazar artículos cotidianos.

Así llegó a saber que la harina de centeno no sólo lava el pelo, sino que también reduce la dependencia de productos más agresivos como el shampoo. "El pelo se engrasa menos y por lo tanto no hace falta lavarlo tanto", asegura.

También probó el poder limpiador de las castañas, que molidas y secadas al sol le sirven como un jabón de ropa ecológico. "¡Funciona!", dice con una carcajada. Su blog y un libro que publicará en junio ofrecen más alternativas verdes y diversos recursos como los que le permitieron reducir casi un 100% los desperdicios que produce con su marido.

"Toda la basura que reunimos entre los dos durante un año cabe en un frasco de un litro de capacidad", detalla. Se trata sobre todo de plásticos inevitables como las ventanitas transparentes de los sobres, el blister de un remedio o el envoltorio de un regalo. A eso se suman otros desechos reciclables como 84 gramos de metal, dos kilos de papel, algunas botellas y basura orgánica, que la pareja convierte en compost.

Para comparar: incluso en Alemania, un país de fuerte espíritu ecologista pero muy industrializado, se generaron 611 kilos de basura por persona en 2012, unos 1,7 kilos por día. El promedio europeo, algo inferior, es de 422 kilos.

Pero el experimento de Shia tiene repercusiones que van más allá del guiño al medio ambiente. "No se trata sólo de evitar la basura, sino también de quebrar esta locura consumista". Es el concepto detrás de Zero Waste (Basura cero), un movimiento internacional con seguidores en todo el mundo que postula un consumo responsable para reducir la llamada huella ecológica y aumentar la sensación de plenitud.

Sólo en Alemania hay una decena de experimentos similares a los de Shia. En Estados Unidos, la joven neoyorquina Lauren Singer es otra estrella del movimiento y la francesa asentada en California Bea Johnson escribe también un blog sobre el estilo de vida sin basura que sigue desde 2008 con toda su familia.

En todos los casos, se trata de apostar por un consumo más consciente, escapar de las compras compulsivas de bienes que se vuelven obsoletos rápidamente, recurrir a mercaderías ecológicas y aplicar recetas alternativas para reemplazar productos contaminantes.

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