El dúo regresó al país para brindar un show memorable en Niceto
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En lo mejor de una versión extendida de "La réalité" –una de las perlas del disco Dimanche à Bamako, que Manu Chao produjo para Amadou et Mariam en 2005- las luces se tornaron frenéticas e intermitentes sobre el escenario de Niceto, y los músicos que acompañaban a Amadou Bagayoko y a Mariam Doumbia (un bajista, un tecladista, un baterista y un percusionista –todos de raigambre afrofrancesa) se movieron por el escenario rebotando como arlequines, arengando al público, pidiendo aplausos y sacudiendo sus dreadlocks. Pero Amadou y Mariam, detrás de sus lentes negros, parecían no participar en esa alta excitación que, paradójicamente, ellos mismos creaban desde sus voces y desde la Stratocaster plateada que él punteaba. Amadou y Mariam apenas se movían, apenas bailaban; la ceguera los dejaba quietos, en el centro del remolino y a la vez ajenos. Como verdaderos antirockstars.
El show había comenzado diez canciones atrás con una versión minimalista de "Mogo", del disco Folila –en rigor, el disco que vinieron a presentar, donde aparecen como invitados Santigold, TV on the Radio, Nick Zinner, Jake Shears y Theophilus London-. Entonces Amadou y Mariam cantaron acompañados por una suave melodía de guitarra, poniendo al frente lo que los hizo brillar antes que nada: sus voces.
Los dos son ciegos –él perdió la vista a los 16 años, por cataratas; ella a los 5, por un sarampión mal curado-, oriundos de Bamako (la capital de un país llamado Mali, que no puede salir del ranking de los veinticinco más pobres del mundo) y llevan más de treinta años de matrimonio en la que sea, acaso, la historia de amor más larga en la industria global de la música. Pero sólo en los últimos diez este amor, esta música, ha traspasado las fronteras africanas, transformando a sus protagonistas en portavoces de un movimiento de renovación continental saludado en el mundo entero. Así, enfundados en ropas tradicionales y lentes negros de diseño, Amadou y Mariam se convirtieron –al borde de los 60 años de edad- en el producto de exportación más relevante de Mali, en embajadores notables de una cultura lejana y desconocida.
En Palermo, Niceto Club se llenó el sábado 27 de octubre porque Bamako siempre estuvo cerca: la fórmula de afrorock, blues, soul-funk y folclore-beat convocó a un público mixto en el que hubo rastas y antropólogos de nostalgia psicobolche y amor por la world music (los primeros, de la misma edad que Sam Bagayoko, el hijo de Amadou y de Mariam que rapea en SMOD, otro de los refrescantes grupos malienses, también producido por Manu Chao; los segundos, más cerca de la edad del matrimonio Bagayoko-Doumbia). Pero todos llegaron bien dispuestos a bailar los hits de Dimanche à Bamako, aquel disco que había traído al dúo por primera vez en el año 2006, cuando participó de la última edición del Festival BUE en una carpa de acústica cuestionable donde su show se tornó caótico y desprolijo.
Amadou et Mariam necesitaban una segunda oportunidad en Buenos Aires para lucirse y demostrar por qué son el combo más celebrado de la África subsahariana. "Beaux dimanche" –otro hit del disco producido por Manu Chao- estuvo entre lo más festejado (y coreado), al tiempo que los tracks de Folila ("Africa mon Afrique", "Wily Kataso", "Chérie") y de "Welcome to Mali" ("Sebeke", "Batoma"), el disco producido por Damon Albarn, pasaron con menor énfasis. En una hora y media, la guitarra afrogaláctica de Amadou encontró los momentos más intensos del show, ampliando las versiones grabadas con nuevos punteos en clave beat/blues/disco y en diálogo permanente con la percusión del djembé. Y los bises dobles (primero con "Je pense à toi", "Chérie" y "Sebeke"; después con "La paix" y con "Africa") sellaron una anhelada noche de justicia musical.
Por Javier Sinay
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