Antes de traer al país su nuevo show unipersonal, el ex Tequila y Los Rodríguez habla del exilio, su relación con Andrés Calamaro y de las ventajas de moverse solo
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Es difícil imaginar cómo una maniobra cargada de desesperación y terror termina finalmente en una aventura reveladora. Corría 1976 en Argentina, y la familia Rotemberg era una de las tantas que tenía que buscar destino fronteras afuera tras la instalación de un nuevo gobierno de facto. Ariel, con tan sólo 16 años, era una adolescente curtido bajo el miedo en un país que ya estaba experimentando uno de sus peores inviernos, por eso Madrid resultó ser, en plena recomposición tras la muerte de Francisco Franco, su perfecta válvula de escape. Al año siguiente, Rot ya formaba Tequila, su propia banda de rock encargada de nutrir los cimientos de un género hasta el momento inexplorado en esas tierras; una década más tarde conocería a Andrés Calamaro, participaría en sus discos, y se asociarían para dar un nuevo batacazo a ambos lados del Atlántico con Los Rodríguez; y finalmente le daría recorrido sobre ese suelo a una extensa carrera solista que lo consolida como uno de los hijos postizos más prolíficos y respetados del rock en España.
Hoy, 5 años después de su última visita al país, Ariel Rot regresa con "Solo Rot", un show unipersonal e íntimo que lo tiene en guitarra o piano a cargo de una selección de canciones que repasa sus más de treinta años de trayectoria. Una gira repartida en diversos puntos (18/5 La Trastienda - La Plata, 19/5 Teatro Lavarden - Rosario, 25/5 Teatro Independencia – Mendoza y 27/5 La Trastienda - Buenos Aires), que lo reencuentra a solas con su territorio natal. "Siempre es un poco inquietante", asume Rot al teléfono desde su residencia en Madrid. "Mis visitas a la Argentina son tan poco constantes que siempre es como si fuese la primera vez. Es movilizador porque me encuentro con familia, con amigos, con mis recuerdos, con mi infancia, se mezcla todo. Tengo muchas expectativas más en lo emocional que en lo profesional".
¿Por qué la decisión de plantear un show de estas características?
Nunca lo había hecho. Vengo de esa escuela de rock de tocar siempre acompañado, así que fue un gran desafío y un gran aprendizaje. Es algo totalmente distinto, y yo creo que mi sensación es como la de haber dado un empujón más a mi nivel artístico, por decirlo de alguna manera. Lo preparé mucho. Para mí es casi como haber hecho un nuevo disco.
¿Y qué virtudes le encontrás a este formato?
Creo que este formato le da un gran lugar a la canción en sí, y un gran lugar a la interpretación vocal. Yo pienso que es ahí donde las canciones crecen. En este formato, cuando hay humor, hay más humor, cuando hay emoción, hay más emoción. Es muy importante la comunicación y la expresión, a parte de la preparación técnica, porque claro, hay solos, hay música, no es simplemente agarrar la guitarra y tocar las canciones como si fuera un fogón. Es un espectáculo trabajado.
De muy chico tu familia tuvo que dejar el país, dejar los amigos, asumir cambios profundos... ¿Qué recordás del momento del exilio a Madrid? ¿Qué significó para vos en ese momento?
En principio fue una liberación, porque eran tiempos donde yo vivía muy asustado, salía a la calle muy asustado. Ser joven, tener el pelo largo, ver pasar un patrullero, un Falcon, eran cosas que nos hacían cagar de miedo. Lo primero fue respirar la libertad de la calle que había en España, creo que es el país del mundo donde más se vive la calle. En ese momento simplemente pasar delante de un grupo de policías y sentir que no te iba a pasar nada, era una novedad en mi vida. Luego también la aventura, la sensación de empezar un cuaderno nuevo.
A un año de llegar a Madrid, Tequila ya era un realidad y tenía éxito, ¿cuál creés que haya sido la clave?
Tocar rockanrol en castellano y con una actitud, con un desenfado, con una provocación que aquí no existía. Aquí el rock era muy under, era como urbano, no tenía ese espíritu festivo que teníamos los Tequila y que en realidad era un síntoma, una señal, de lo que iba a pasar en España en los próximos años: una gran fiesta, la fiesta de la libertad que fue España durante los 80. Teníamos los ingredientes como para ocupar ese lugar. Éramos una banda muy eficaz. Yo sólo tenía 17 años pero ya tocaba muy bien la guitarra, teníamos un directo muy poderoso, una imagen muy poderosa, y fue como una especie de cóctel químico donde echás una sustancia e inmediatamente todo cambia de color. Eso fue un poco lo que pasó en España con Tequila.
¿Se los sigue reconociendo como pioneros del rock allá?
Sí, sí, a Tequila se lo tiene muy presente, fue el principio de todo, con lo bueno y con lo malo que tiene eso. Íbamos a sitios donde jamás habían escuchado una guitarra eléctrica, jamás habían escuchado rock, no había escenarios, no había infraestructuras, no había producción, no había nada, lo fuimos inventando sobre la marcha. Eso te desgastaba, pero también era divertido.
En 2008 decidieron reunir a Tequila, ¿cuál fue la necesidad de ese reencuentro?
Bueno, para mí fue una aventura muy divertida. Por un lado fue volver a ocupar mi rol de guitarrista de rock, que lo tenía un poco abandonado, hacía mucho que no disfrutaba de él y fue fantástico. Aparte, el de Tequila es un repertorio muy agradecido para un guitarrista de rock. Estar a un costado del escenario, no tener que cantar, no tener que cuidarme la voz, reencontrarme con viejos amigos... Luego, la banda sonaba muy bien y realmente el espíritu de Tequila se recuperó para esa gira. Pero bueno, fue un paréntesis, siempre me lo planteé así. Yo ya tenía material para mi siguiente disco, y también quería recuperar mi compromiso. No se puede vivir siempre de vacaciones...
¿Y nunca se habló de volver a reunir a Los Rodríguez?
Sí, varias veces se habló, pero siempre costó bastante terminar de enfocarlo, que coincidieran agendas, objetivos. Estas cosas pasan mucho: "No estaría mal...", y tal, y empezás a ver en qué anda cada uno. Pero bueno, finalmente nunca se terminó de dar. Algo parecido fue cuando me junté con Andrés e hicimos la gira que se llamó "Dos Rodríguez". Lo bonito de la música es reunirse con amigos, con gente talentosa y compartirla, entonces esa puerta esta siempre abierta. Y si está cerrada, no está cerrada con llave.
En una entrevista dijiste que siempre hubo un fondo doloroso en Los Rodríguez, ¿a qué te referías con eso?
Bueno, yo creo que con Los Rodríguez lo que pasó fue que tardamos bastante tiempo tiempo en que funcione la cosa, y no me refiero a triunfar, simplemente que funcione. Entonces, siempre estaba esa situación de que Andrés había venido un tiempo a ver qué pasaba; si las cosas no funcionaban no tenía por qué quedarse aquí en España realmente, y yo creo que todo ese tiempo nos desgastó mucho. Cuando llegó finalmente la bonanza y los buenos tiempos nosotros ya llevábamos tres o cuatro años juntos y ya estábamos un poco tocados. Es cierto que el éxito siempre triunfa, así que hubo mucha alegría, evidentemente, pero siempre quedaba pendiente esa cosa del "hasta cuándo".
A pesar del final, con Andrés siempre tuviste una relación muy cercana artísticamente... Mucho, con Andrés compartimos incluso... no se si llamarlo "cama", porque era una especie de cucha en el autobús del Polaco. Te estoy hablando de cuando girábamos por Argentina y nos tirábamos veinte horas viajando en colectivo. Quiero decir que fuimos socios durante diez años, una relación muy intensa la que tuvimos, tremendamente cercana, y yo creo que eso siempre está ahí. Nos damos nuestros tiempos, respetamos nuestras fobias, pero creo que ninguno de los dos puede olvidar eso: ratos de tanta intensidad, tanta necesidad y tanta urgencia.
¿Qué pensás del rock que hoy se hace en España?
Creo que le falta riesgo, tiene poca locura... Yo lo siento como bastante correcto, como un poco boy scout, esa es la sensación que me da. Aunque también hay muchas cosas que desconozco, no soy un tipo que tiene horas y horas para estar investigando en Internet cada grupo o cada cosa que sale. Pero creo que no hay una escena efervescente, está muy apagado todo. Y por otro lado, los medios le dan la espalda al rock en España. No existimos en la radio, no existimos en la televisión. Se acabó eso.
Después de más de 30 años de rock, parece que tuvieras una relación bastante especial con el mercado. Siempre trabajaste para tener el control y no sufrir las presiones...
Tal vez aprendí la lección muy de chiquito, ¿no? Pensá que con Tequila yo firmé mi primer contrato con 17 años, y era algo durísimo, teníamos que cumplir con muchísimas obligaciones. Además, nos llegó el éxito de una manera fulminante y llegó el fracaso también de una manera fulminante. Aprendí las dos caras de la moneda en apenas cuatro años. O sea, yo a los 23 años me podría haber retirado y ya prácticamente me había pasado de todo. Yo creo que eso te da una mirada. Y mucho más ahora que estoy solo y no le tengo que rendir cuentas a nadie y puedo hacer las cosas cuando quiero y como quiero.
Se están cumpliendo 20 años de El amor después del amor de Fito Páez, disco en el que vos participaste, ¿qué recuerdos tenés de esas grabaciones?
Musicalmente mi aporte fue mini, un solo o algo así. Pero sí, estuve muy presente sobre todo en la parte europea de la grabación del disco. Cecilia -Roth- y Fito estaban en un gran romance y yo también (ja, ja), entonces estuve muy cerca... Lo recuerdo como una época fantástica, maravillosa. Incluso, justo antes Fito había sacado Tercer mundo y se había venido para España sin banda, así que con Los Rodríguez nos aprendimos su repertorio e hicimos un show con él. Convivimos un mes en una misma casa, todos juntos. Siempre con Fito recordamos muchísimo ese mes madrileño que nos unió para siempre.
Por Juan Barberis
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