Garbage
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La banda de Butch Vig y Shirley Manson reflota luego de una tormenta interna que casi la deja fuera del juego.
Garbage viene haciendo discos de hard pop inteligente sobre el deseo y el desastre, rompiendo y empezando de nuevo, desde hace exactamente una década. La cosa no les resulta fácil. Bleed Like Me es recién su cuarto álbum en todos esos años –el primero desde Beautifulgarbage, de 2001– y hacerlo casi los lleva al fin. La primeras y problemáticas sesiones llegaron a un parate cuando el guitarrista y baterista Butch Vig –una celebridad por derecho propio gracias a su trabajo de producción junto con Nirvana, Sonic Youth y Smashing Pumpkins en los 90– abandonó el grupo y terminó de matarlo.
Cuatro meses más tarde, Vig regresó y Garbage retomó el trabajo. El resultado es el siguiente: el primer álbum de Garbage que suena como si Vig, el guitarrista y el tecladista Duke Erikson y Steve Marker, y la bola de fuego escocesa Shirley Manson en la voz, conocieran de verdad aquello sobre lo que estaban escribiendo, cantando y protestando. “I’ve held back a wealth of shit/I think I’m gonna choke” [Junté una fortuna de mierda/ creo que me voy a ahogar], dispara Manson en “Why Do You Love Me”, un bouquet de alta velocidad de guitarras filosas y herrumbradas. En estos temas, ella puede oler su propia sangre. Eso se oye en alta y despiadada fidelidad. “Bad Boyfriend” abre el disco como una porción de Blondie rellena de miel y cubierta por una capa gruesa de Deep Purple: mucha guitarra, más una batería cortesía de Dave Grohl, el rock moderno de John Bonham, y una pegadiza sección de saxo electrónico que te da la idea de cómo habría sonado Nevermind de Nirvana si Vig hubiera soltado su Phil Spector interior. Manson hace el rol de depredadora coqueta con toda facilidad (“I know some tricks I swear will give you the bends” [Conozco algunos trucos que te juro te van a dejar sin aire]). Pero no se hace ilusiones acerca de los placeres sin culpa. Antes de terminar la canción, Manson se rinde a la inevitable traición que hay a la vuelta de la esquina: “If you can’t love me, honey/Go on, just pretend” [Si no podés amarme, cielo/ dale, sólo simulá]. A los tres minutos de comenzado el álbum, la mala noticia ya está frente a tus ojos: si querés algo de la peor manera, seguramente ése sea el modo en que lo consigas.
Los dos primeros tercios de Bleed Like Me son, sin duda, el mejor material de estudio de Garbage desde la primera mitad de su debut de 1995. La densidad y el detalle de las guitarras que embisten en “Bad Boyfriend”, “Right Between the Eyes” y “Why Do You Love Me” hacen que uno se pregunte si en otra vida Vig, Marker y Erikson no habrán sido miembros de Blue Öyster Cult. Tienen la edad suficiente como para haber conocido la new wave en esta vida y de primera mano, por eso no sorprende que en “Run Baby Run”, el espíritu de 1982 le salga mejor y con más frescura a Garbage que a los cachorros del revival como Kasabian o Bloc Party.
Rodeada por un bosque negro de acordes power distorsionados, Manson ruega y reza como una Deborah Harry en la cima de un riff de guitarra vital y de una línea de bajo que New Order envidiaría. Después, Manson muestra el gran afecto que siente por Patti Smith en el gélido de synth pop de “Metal Heart”, enfrentando la corrosión con una fuerza y un aplomo que prueban que no es necesario distorsionar escabrosamente la voz (tomen nota, Marilyn Manson y Trent Reznor) para mezclar dolor con máquinas.
Una sensación de repetición –de estar andando en círculos– se siente hacia el final del disco, como si el drama y el desgaste de haberse separado y vuelto a juntar los hubiera dejado sin la fuerza, el tiempo o las canciones suficientes como para mantener el gran entusiasmo estridente del comienzo. Pero por lo que sea que los cuatro hayan pasado para llegar hasta aquí, valió la pena aunque sea sólo por el tema del título: una magnética lectura de “Walk on the Wild Side”, de Lou Reed, en la que, esta vez, todos terminan cayendo. Sobre un lecho de guitarra acústica que reverdece salpicado de Mellotron al estilo Sgt. Pepper y con metales de funeral mariachi, “Bleed Like Me” interpela a personajes enfermos, adictos, suicidas: Avalanche, la anoréxica; Chrissie, el chico que quería ser chica y es cantada por Manson con un susurro quebrado que por momentos la hace sonar como Courtney Love (antes de que se convirtiera en un personaje del programa de pleitos judiciales Court tv ). Manson no abunda ni en amor ni en detalle sobre las víctimas que nombra, entre las que está ella misma. “Deberías ver mis cicatrices”, canta con estremecedora dulzura en el puente. Te va a resultar difícil no mirar.
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