Brené Brown, la llamada de la valentía: un personaje para descubrir

Paula Vázquez Prieto
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18 de mayo de 2019  

Brené Brown: la llamada de la valentía (Estados Unidos, 2019) / Duración: 76 minutos / Disponible en: Netflix / Nuestra opinión: Muy buena

Hay una escena muy divertida en la película de Amy Poehler, Entre vino y vinagre. Cuando el grupo de amigas que comienza su esperado fin de semana de vacaciones con una cena en un lujoso restaurante de Napa descubre una celebridad entre los comensales, todas inician las apuestas: ¿Cher? ¿Dua Lipa? ¡¿Hillary Clinton?! "No", dicen las entusiasmadas testigos. "¡Brené Brown!". "Pero..., ¿quién es Brené Brown?", pregunta la desconcertada camarera. Esa intriga es la que la película despeja en unas frases: "La que da charlas TED sobre vulnerabilidad", "la investigadora que cuenta historias", "la del famoso podcast con Oprah". Todas esas claves intentan resumir el personaje, esa especie de extraña celebridad de la Academia, escritora de best sellers sobre coraje y vulnerabilidad, cuyas charlas tienen tanto de motivación como de stand up. El gag se completa cuando Brené las expulsa simpáticamente de su mesa al grito de: "¡No podemos ser generosos con los demás sin límites!"

El documental Brené Brown: la llamada de la valentía intenta captar esa misma esencia del personaje que el grupo de amigas de Entre vino y vinagre le explicaba en breves definiciones a la joven camarera. Para ello no hace más que ponerla en escena y seguir el ritmo que ella propone, en el que destaca su extraordinaria capacidad de narradora. Brown además de investigadora de la Universidad de Houston sobre temas como la vulnerabilidad, el coraje y la íntima relación entre esas variables, es una comediante nata, con un sentido notable del efecto de sus anécdotas en la audiencia (el relato de las tapas de sus libros y los chistes sobre Downton Abbey son geniales) y un eficaz control de su gestualidad. La película no necesita demasiado: entiende que el camino consiste en despojar sus historias de toda pátina de solemnidad y contagiar a sus consejos del guiño cómplice de una amiga canchera.

Todo el discurso de Brené Brown está apoyado en sus investigaciones. Datos, resultados y casos de análisis son citados una y otra vez como base de sus libros, y también como hilo conductor de la charla que la película registra. La transparencia de la forma contribuye al efecto: son las anécdotas de su marido en la playa, de su hija en la clase de natación, de los CEO que la contratan como instructora motivacional, las que condensan sus descubrimientos y al mismo tiempo sintetizan el estilo de su humor, en las antípodas de la condescendencia. Nunca asoma la palabra "autoayuda" y la puesta en escena evoca la cercanía de un concierto, con la rockstar deambulando por el escenario y los espectadores aplaudiendo sin cesar desde las butacas.

"Lo inventé todo. Así de bueno soy", dice, con una sonrisa cómplice. Y es cierto, es así de bueno.

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