Cinco películas que no sabías que estaban basadas en historietas
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Desde hace mucho tiempo que el séptimo arte usa al subalterno noveno, el cómic (el octavo de este dudoso podio es la fotografía), para proveerse de historias. Ya en plena segunda guerra, y a menos de cinco años del nacimiento de Superman, empezaron a aparecer seriales cinematográficos como el excelente Las aventuras del Capitán Marvel (1941), basados en superhombres de historieta que podían partir un tanque de un puñetazo, acaso para apuntalar, al menos en el imaginario público, la confianza en el poderío y la invulnerabilidad de los Estados Unidos ante el enemigo.
La historieta nació junto al cine a fines el siglo XIX y ambos no solo están hermanados por esta coincidencia onomástica sino también por su narración visual, secuencial y elíptica. A diferencia de una novela o de una obra de teatro, en la adaptación de un cómic a la pantalla la mitad del trabajo ya está hecho. Sin embargo, por largo tiempo estas transposiciones no se hicieron con demasiado respeto por el material de base dado que el prestigio del noveno arte como arte a secas era nulo.
La más fastuosa versión fílmica de un cómic hasta su momento, Superman (1978) de Richard Donner, con Christopher Reeve,Gene Hackman y Marlon Brando, una superproducción legendaria por sus excesos, tuvo necesidad de cinco guionistas –incluido el autor de El padrino, Mario Puzo– y aún así ninguno parece haberse preocupado por inyectar un mínimo de coherencia al relato (en particular, en un final insólito en el que Superman invierte la rotación de la Tierra y eso, por algún motivo, hace que el tiempo vaya para atrás ¡pero solo para algunos personajes!). Es como si la premisa de un hombre que vuela hubiera eximido, por años, de la responsabilidad de dirigirse a un público racional. Igual, Superman –disponible en iTunes y en Google Play–es de la películas más entretenidas de su década, especialmente por los diálogos brillantes que empiezan cuando la narración se muda de Kansas a Metrópolis y que hacen que se parezca un poco a una comedia de Howard Hawks.

Por la misma época, Robert Altman intentó una adaptación también millonaria pero más meditada de otro personaje de historieta igualmente famoso, Popeye (1980), con Robin Williams y Shelley Duvall en los protagónicos y música de Harry Nilsson. Esta resultó una decepción en la boletería, mientras que Superman recaudó casi diez veces su presupuesto récord de 50 millones de dólares. El camino a seguir para las próximas adaptaciones de historietas estaba claro. En la actualidad, cuatro de las diez películas más vistas de la historia están basadas en cómics de superhéroes. Y pareciera que ya no quedan demasiados sin adaptar. La última semana llegó a la pantalla de Netflix La vieja guardia, basada en el trabajo homónimo del novelista y guionista Greg Rucka y el dibujante santafesino Leandro Fernández, en la que Charlize Theron (quien venía de encarnar a otra heroína de cómic en Atómica) interpreta a una guerrera inmortal.
En este punto corresponde señalar que obviamente la historieta no se agota en superhéroes o personajes cómicos. Paralelamente a esta explosión de adaptaciones iniciada con Superman y seguida por Batman de Tim Burton (luego la posta pasó de DC a Marvel), el género alcanzó la reputación de una forma artística respetable, en particular tras la invención de la "novela gráfica", un dispositivo de marketing para venderles historietas a los lectores de libros. Esto, sumado al crecimiento de las editoriales independientes y la expansión global de títulos de países con una larga tradición en el rubro como Francia y Japón, consolidó a la historieta como fuente abundante de relatos –no muy distinta de la literatura– en la que abreva todo tipo de cine, no solo el que requiere de gigantes verdes y mutantes adolescentes con problemas hormonales. Esta es una lista de cinco películas disponibles en diferentes servicios de streaming que nunca habrías imaginado que estaban basadas en cómics.
Un historia violenta (A history of violence, David Cronenberg, 2005).
La carrera de David Cronenberg, el antiguo rey del horror venéreo, venía de un período errático con películas como Existenz (1999) o Spider (2002) hasta que éste film lo devolvió a, como suele decirse, plena forma. Paradójicamente, es de los pocos títulos de su filmografía en los que no participó de la escritura del guion, que pertenece al debutante Josh Olson, basado en la novela gráfica del mismo título de John Wagner (Judge Dredd) y Vince Locke. Los dos textos parten de la misma premisa: un inofensivo padre de familia de un pueblo chico podría ser (quizás no, aunque obviamente sabemos que sí) un fugitivo buscado por la mafia. Al promediar la historia, ambas toman vías divergentes: el cómic ingresa en un territorio típicamente cronenbergiano, con una fugaz incursión en el body horror pero, curiosamente, la película elige evitarlo y privilegia un ominoso descenso a una leve irrealidad nocturna, con villanos fuera de toda escala humana, al modo de David Lynch. La película se vuelve también una reflexión sobre su tema y, en este punto, sí asume una postura característica de su realizador, ya que presenta la violencia como un virus. Este es uno de esos casos raros en que una adaptación resulta más prolífica en ideas que el texto que le dio origen. Aquí comenzó, además, una fructífera alianza de Cronenberg con Viggo Mortensen que se prolongó a lo largo de tres films. Disponible en HBO Go y en iTunes.

La vida de Adele (La vie d’Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013)
Esta película ganadora de la Palma de Oro en el festival de Cannes (que, por primera vez, le fue entregada al director Abdellatif Kechiche y a las dos actrices principales, Léa Seydoux y Adèle Exarchopulos, como "corresponsables" del film), está basada en la novela gráfica Le bleu est une couleur chaude de la francesa Julie Maroh. Si bien ambas están centradas en el romance de dos mujeres jóvenes, la inexperta Adèle y la más experimentada y un poco mayor Emma, la película de 179 minutos (editada, según se reportó, de más de 700 horas de metraje) se separa de la historia del cómic para volverse una exploración casi voyeurística y de forma abierta sobre sus dos personajes centrales. Tanto la autora de la historieta como una parte de la crítica cuestionaron esta aproximación del film (y sus muy explícitas escenas sexuales) porque consideraron que su mirada sobre la relación de dos lesbianas es distintivamente masculina y heterosexual y que sus escenas de sexo son indistinguibles del porno. Pero aun con estas objeciones, la película crea un retrato vital, anárquico y complejo de sus protagonistas, como pocas otras veces se vio en el cine. Disponible en Qubit

Desde el infierno (From Hell, Albert y Allen Hughes, 2001)
Esta película de los hermanos Hughes, está basada en la extensa novela gráfica (en este caso el aliento es ciertamente novelístico: once volúmenes de 64 páginas) escrita por Alan Moore y dibujada por Eddie Campbell. Moore (Watchmen) es un excéntrico que suele repudiar las adaptaciones al cine de sus historietas (por las que no percibe dinero y hasta rechaza el crédito en los títulos) porque considera que jamás les hace justicia. Normalmente, esto sonaría como el capricho de un artista pretencioso y ególatra pero, hasta el momento, no se equivocó. Esto no quiere decir que Desde el infierno sea una película deplorable, pero sí que es un relato del mito de Jack El Destripador normalizado y convencional, contado como una película de vampiros de la era victoriana y notablemente inferior al más rico, imaginativo y hasta psicodélico ensamblado por Moore y Campbell. Protagonizada por Johnny Depp y Heather Graham. Disponible en iTunes

Ghost World (Terry Zwigoff, 2001)
Daniel Clowes escribió y dibujó durante más de quince años el más famoso de los comics independientes norteamericanos, Eightball, un conjunto de historias entre surrealistas y siniestras visiblemente influidas por el cine de David Lynch. Típicamente, el cómic incluía relatos breves y algunos de más largo aliento, serializados a lo largo de múltiples números, a veces durante años. Tal resultó el caso de Ghost World, que fue publicado entre 1993 y 1997. El cómic no fue tanto adaptado como reescrito por el historietista junto al director Terry Zwigoff (Crumb) para esta película sobre la relación entre dos amigas inteligentes, cínicas y tempranamente desencantadas del mundo antes de iniciar su vida como adultas. El film fue elogiado como una de las representaciones más honestas del ennui de los adolescentes de la Generación X, un sentimiento potenciado por sus locaciones casi desiertas, su humor desganado y su ritmo cansino. El guion recibió una nominación en los premios Oscar. Con Scarlett Johansson y Thora Birch. Disponible en Qubit

La muerte de Stalin (The death of Stalin, Armando Ianucci, 2017)
Inspirándose en el comic La mort de Staline, de Fabien Nury y Thierry Robin, Armando Ianucci (Veep, Avenue 5) escribió y dirigió esta comedia negrísima acerca del evento mencionado en el título: la transición política en la Unión Soviética tras la muerte del dictador que pasó treinta años en el poder. Los días finales del terror stalinista son mostrados aquí como una enloquecida carrera por el poder entre Georgy Malenkov (Jeffrey Tambor), el segundo de Stalin; Lavrenti Beria (Simon Russell Beale), el temible jefe de la policía secreta soviética y brazo ejecutor -literalmente- del líder y Nikita Kruschev (Steve Buscemi), el reformista que finalmente triunfaría. Los actores no solo hablan en inglés sino que preservaron sus acentos nativos, como para potenciar la idea de la universalidad de esta historia. Aunque la película empezó a filmarse antes de que Trump alcanzara el poder en los Estados Unidos, esta mirada sobre el autoritarismo ganó una capa extra de sentido tras ese acontecimiento. Disponible en Flow y en Claro Video.
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