Netflix: Amor. Boda. Azar, una comedia romántica más curiosa que efectiva
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Amor. Boda. Azar (Love. Wedding. Repeat, Reino Unido / 2020) / Dirección: Dean Craig / Guión: Dean Craig / Fotografía: Hubert Taczanowski / Elenco: Sam Claflin, Olivia Munn, Eleanor Tomlinson, Freida Pinto / Duración: 100 minutos / Disponible en Netflix / Nuestra opinión: buena.
Amor. Boda. Azar es una comedia romántica despareja, que pierde cuando intenta ser graciosa y no logra construir un romance inolvidable. Sin embargo, el encanto de su protagonista y el espíritu lúdico de la trama la convierten en una película curiosa; que entretiene más por la intriga que genera su propuesta que por su efectividad como comedia romántica.
La película escrita y dirigida por Dean Craig (guionista de Muerte en un funeral) está basada en un film francés, Un plan de table, pero más allá de lo que Amor. Boda. Azar haya tomado de ese original, el fantasma que recorre la película es el de Cuatro bodas y un funeral. Aquí también hay una boda; un grupo de amigos ingleses, cada uno con su peculiaridad; un protagonista que no puede tener una relación amorosa sólida; exparejas del infierno; una norteamericana atractiva; y hasta una dinámica divertida entre hermano y hermana. Es difícil no pensar en aquel clásico de la comedia romántica y, por supuesto, las comparaciones no le hacen ningún favor a Amor. Boda. Azar.

En la primera parte, los esfuerzos del film están concentrados en el humor, con una seguidilla de chistes, entre torpes y repetitivos. El objetivo de hacer reír, en mayor parte, no se cumple; con la excepción de algunas intervenciones de la comediante Ailsing Bea, que consigue sacarle el jugo a un personaje un tanto desgraciado. Pero cuando todo parece perdido, llega una vuelta de tuerca algo caprichosa que lleva a los personajes a tener un mayor desarrollo y suscita interés en la historia.
Sin entrar en spoilers, basta con decir que ese cambio está relacionado con el tema del azar que plantea la película. A partir de este giro, los personajes que eran apenas bocetos de distintos tipos de personas se hacen más humanos y despiertan una mayor empatía. Al fin, el espectador puede ver una verdad detrás de tanto chiste y comprometerse más con la historia. Cuando la película se pone más o menos seria, al contrario de lo que suele suceder, gana en humanidad.
Uno de los aciertos del film es la elección de Sam Claflin como protagonista. Armado con su carisma, el actor logra mantener el interés en la historia, aunque sólo sea para conocer el destino de su personaje y su posible romance con el de Olivia Munn (al que no se le da la importancia necesaria). Ni el encanto del protagonista consigue la alquimia romántica requerida por este tipo de película, pero el desarrollo de los acontecimientos en la última parte le permite a Claflin tocar otras notas que las de la comedia fallida y demostrar que está para más.
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