Pablo Echarri: "No voy en contra de la gente que piensa diferente, pero voy a favor de mi país"

Este jueves se estrena El kiosco, película de Pablo Gonzalo Pérez que el actor protagoniza
Este jueves se estrena El kiosco, película de Pablo Gonzalo Pérez que el actor protagoniza Crédito: Patricio Pidal/AFV
Pablo Mascareño
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23 de marzo de 2019  • 00:01

"Para mí, la simpleza es un valor". Así arranca Pablo Echarri la charla con LA NACION. Casi una declaración de principios. Un fundamento que lo define tanto a él como a Mariano, el personaje que interpreta en El Kiosco, el film de Pablo Gonzalo Pérez que se estrenará el próximo jueves. "A medida que voy creciendo, me doy cuenta que cuando me encuentro con gente simple, me encuentro con gente evolucionada. Lo complejo me va resultando involucionado". Georgina Barbarossa, Roly Serrano, Mario Alarcón y Sandra Criolani lo acompañan en los roles protagónicos de la nueva película de tinte costumbrista y radiografía social.

En la ficción cinematográfica, esta vez, el actor le da vida a un hombre que, llegando a los cincuenta, decide patear el tablero, abandonar la zona de confort de un trabajo establecido, e independizarse comprando un kiosco de barrio. Indemnización, ahorros y préstamos permitirán la jugada hazaña de libertad. In crescendo dramático al fin, no todo saldrá como lo espera: una barrera ferroviaria que se transformará en un túnel bajo nivel arruinará el futuro de ese modesto emprendimiento de venta de golosinas.

—Hablabas de la simpleza como un valor. En ese sentido, el dilema de Mariano es simple por lo cotidiano que resulta su situación y su planteo, pero para nada superficial.

—Él desprecia su trabajo y se siente desolado, cada mañana, al tener que ir a cumplirlo. Cuando le ofrecen un retiro voluntario, encuentra la posibilidad para poder concretar su sueño pequeño y grande al mismo tiempo. Busca ser libre y dejarle algo a su hija como legado material y moral.

Trailer de El Kiosco - Fuente: YouTube

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—A su vez, su mujer, más joven, comienza a ser reconocida como artista plástica. A pesar de las buenas intenciones aparecen ciertos rasgos de competencia y de frustración en él.

—Comienza a aparecer la sensación de debacle y retroceso. Las parejas necesitan evolucionar de forma paralela para que no se perciba una diferencia que pueda tallar demasiado profundo y que sea contraproducente.

Pablo Echarri sabe de lo que habla. Comparte la misma pasión por la actuación que Nancy Dupláa, su mujer, con quien tuvo dos hijos: Morena y Julián. Además, Pablo mantiene un vínculo más que fluido con Luca, el hijo de Nancy y el periodista Matías Martin. A diferencia de lo que plantea el film, Pablo y Nancy transitan con fluidez la vocación en común. Lejos de generar conflictos se convirtió en la oportunidad para poder abordar juntos diversos trabajos, como sucedió en 2016 con La Leona, el título que emitió Telefe con muy buena audiencia.

Dilemas éticos

"Mariano es un hombre de principios, algunos, quizás, hoy vistos como anticuados. Principios muy férreos. Él está marcado por lo que le inculcó su padre. De hecho, no puede sacarse de encima ese kiosco que era un sueño y se transforma en una pesadilla. Pero su mujer, que ama a su marido, ve que la rigidez de esos principios está socavando la estabilidad familiar.

Quien defiende valores nunca se arrepiente de hacerlo, sobre todo cuando se trata de valores éticos

—Así como le sucede a tu personaje, a vos sostener determinados valores, ¿te ha jugado en contra alguna vez?

—Los valores nunca juegan en contra, pero sí generan conflictos, porque permiten ver puntos de vista diferentes. Quien defiende valores nunca se arrepiente de hacerlo, sobre todo cuando se trata de valores éticos.

—Hay mucho de idealismo en estas cuestiones.

—El idealismo trae buenas consecuencias, pero hay que estar dispuesto a sortear escollos y pagar costos.

—La tranquilidad de conciencia no sería moneda de cambio.

—La intransigencia del idealista no es negociable, no puede andar por la vida traicionando sus principios. Sabe que va a padecer más si no es fiel a sus ideas. A largo plazo, siempre son positivas las resonancias. Que un hijo agradezca o imite esos valores, es la mejor satisfacción.

"Soy un tipo de convicciones férreas, de principios. Lo que cuenta la película está muy cerca de mí", sostiene el actor
"Soy un tipo de convicciones férreas, de principios. Lo que cuenta la película está muy cerca de mí", sostiene el actor Crédito: Patricio Pidal/AFV

—¿Te reconocés en el idealismo de tu personaje?

—Mucho. Y me reconozco en el ir en busca de los sueños. Soy un tipo de convicciones férreas, de principios. Lo que cuenta la película está muy cerca de mí. Me es más fácil vivir siguiendo ideales que habiéndolos traicionado.

Apenas saliendo de la adolescencia, Pablo Daniel Echarri se dedicaba a la venta de ropa en Avellaneda, ciudad lindante con su Sarandí natal. Atrás había quedado el colegio industrial abandonado antes de tiempo ("lo dejé porque no era lo mío"). El ideal aparecía dibujado en el imaginario como una fructífera cadena de locales de indumentaria. "Mi idea era ser comerciante". Pero a los veinte, el gato, mejor dicho el arte, metió la cola. "Cuando encontré esta vocación descubrí la diferencia entre tener un trabajo y amar lo que uno hace. A diferencia de mi personaje, no tuve tiempo de frustrarme porque fui detrás de mis sueños a los veinte años".

—Muchas veces el idealismo se hace trizas. ¿Qué sucede con los sueños cuando los contextos no son favorables?

—Las nuevas generaciones son las que más conscientemente van detrás de sus sueños, a pesar de las coyunturas. Lo veo en mis hijos, sobre todo en mi hija y en Luca, el hijo de Nancy. Seguramente porque conviven en familias que van detrás de sus sueños, que la pelearon y que lo lograron. Y que, a pesar de haber tenido consecuencias negativas por algunas expresiones de índole político, siempre van detrás de la convicción. Los pibes y las pibas tienen muy claro hacia dónde ir. Ninguno va detrás de conseguir el laburito que les dé solamente una buena paga. Los pibes tienen un sentido de pertenencia y de libertad muy grande.

—No siempre se puede.

—Desde ya, no en todas las casas se puede respirar eso. Es bien distinto en un hogar donde los padres no tienen trabajo o sobreviven haciendo algo que no les gusta. Por otro lado, en muchos casos prima el miedo a perder el trabajo o a no volver a conseguir uno. Entonces, gana el miedo.

Pablo Echarri: Para algunas personas no soy santo de su devoción por el hecho de haberme expresado"
Pablo Echarri: Para algunas personas no soy santo de su devoción por el hecho de haberme expresado" Crédito: Patricio Pidal/AFV

—Más allá de una definición semántica, ¿qué es el miedo? ¿Cómo ha operado en vos?

—Es un factor absolutamente destructivo. A mí me ha pasado que, cuando dejé el miedo de lado y fui detrás de lo que amaba, me trajo muy buenos resultados, porque se propician las condiciones para lograrlo.

—En torno a estos dilemas, está instalado el concepto de Ley de la Atracción.

—Es casi una cuestión metafísica, imperceptible. Hay que confiar en esas leyes. Hay que otorgarle más fuerza al sueño por cumplir que al miedo que impide hacerlo. Eso da una fuerza única, directamente proporcional. Está quien no puede arriesgarse por diversas razones, pero yo recomiendo jugarse.

Costos y beneficios

—Hace un momento hablabas de "consecuencias negativas por algunas expresiones de índole político". En ese sentido, expusiste tu ideología apoyando el modelo de gestión de Néstor y Cristina Kirchner. ¿Qué costo pagaste por eso?

—El costo más grande, si se puede decir así, fue en pasar de tener una ascendencia general en todo el público, por no conocer mi pensamiento o mi ideología, a dividir esa ascendencia. Eso fue concreto, claro.

—¿Podríamos decir que perdiste público?

—Para algunas personas no soy santo de su devoción por el hecho de haberme expresado. Es un acomodamiento lógico. Si querés tener una ascendencia general, tenés que hacer lo que la gente quiere. Si uno dice siempre que sí, la gente te quiere. Cuando empezás a decir que no, te dejan de querer. Desde ya, se puede optar por ser como el otro quiere que seas.

—Pagando el costo de no ser auténtico.

—Cuando no sos auténtico, las consecuencias internas son realmente grandes. Cuando comencé en esto quería que todo el mundo me quisiera, entonces me comportaba de manera tal para lograrlo. Era extremadamente amable, hacía cosas que no quería y cumplía con lo que el otro sí quería. Estaba todo bien, pero en un momento me pesó. Me sentía tan desgraciado por comportarme así que comencé a probar con algunas cositas. Esas cositas me empezaron a traer consecuencias, pero fue bueno porque ya no hacía lo que no quería.

Echarri ya estuvo en cine este año con Happy Hour; este jueves estrena El kiosco y, próximamente, el film boliviano Muralla
Echarri ya estuvo en cine este año con Happy Hour; este jueves estrena El kiosco y, próximamente, el film boliviano Muralla Crédito: Patricio Pidal/AFV

—Hablabas de perder ascendencia. Concretamente, ¿qué sucedió con tus colegas y con el público?

—Ya había gente que no me quería. Y, cuando fui detrás del modelo político en el que creo para lograr la Argentina que quiero, eso se profundizó. Lo noté, vi esa consecuencia. Pero, una vez pasado el impacto, me fue profundamente satisfactorio. Fue como la demostración de que ya no tengo que hacer malabarismos para que todos me quieran. Ahora me quiere el que me quiere querer.

—Podríamos decir que ahora quieren al verdadero Pablo.

—Al que es. El Pablo al que quería todo el mundo, era un Pablo bastante mas falso, menos auténtico.

—En estos casi cuatro años, con un gobierno al frente del país con el que no compartís sus ideas, ¿te ha faltado trabajo?

—No, pero se ha modificado el esquema laboral. Ha venido trabajo de otro tipo.

—Por tu adhesión al modelo del gobierno anterior, ¿recibiste agresiones en la calle?

—Algunas. Simples.

—¿Qué te sucedió?

—Alguien desde un auto gritándome cuando el coche pasa, con cierto componente de cobardía; o alguna cara adusta. Soy adulto, lo asumo.

Con su pareja, Nancy Dupláa, en la presentación de Happy Hour, que se estrenó en febrero
Con su pareja, Nancy Dupláa, en la presentación de Happy Hour, que se estrenó en febrero Crédito: Gerardo Viercovich

—Hace un tiempo, mientras paseabas con tu familia por Miami, protagonizaste alguna situación incómoda.

—Hemos sufrido con Nancy y los chicos alguna agresión allí.

—A partir de aquella experiencia, y parándote en el pensamiento de los agresores, ¿sentís que, por una cuestión ideológica, sea cual fuere, existen ciudades vedadas y otras permitidas para transitar?

— Es un pensamiento tan básico y tan equivocado que me compadezco de quien tiene esa forma de pensar. Pienso que quien rompe esa barrera para agredirme es una persona menos evolucionada, entonces me deja de lastimar.

—Pero, convengamos, que no es agradable. Algo debe doler.

—Las agresiones me lastiman. Si no hay una razón aparente, ¿cómo no lo vas a sentir? Pero si uno está fuerte por dentro, esa agresión no hace mella.

—¿Vivís tranquilo?

-Muy tranquilo. Sé que actúo de forma respetuosa y mis defensas son positivas. No voy en contra de la gente que piensa diferente, lo entiendo y acepto, pero yo voy a favor de mi país.

—¿Cómo ves a la Argentina hoy?

—La veo entrando en la realidad previsible, en el cuarto año de un gobierno neoliberal profundo. Es de los gobiernos neoliberales más fuertes, descarnados, que nos han tocado. Sacando el terrible genocidio de la década del 70, cometido por un gobierno militar y neoliberal, en cuestiones económicas lo veo más cruel y profundo. Veo el país en una debacle constante, sin posibilidades, como consecuencia de un altísimo endeudamiento, del que no vamos a recuperarnos a no ser que haya un sistema económico contracíclico al pensamiento liberal. Esta sí es una pesada herencia. El mote de pesada herencia que utilizó este gobierno para tratar de demonizar al kirchnerismo fue un mote de relato. Un país desendeudado, más allá de los problemas estructurales que podía tener, estaba en el mejor de los mundos como para pensar en un esquema de desarrollo. Es imposible pensar hoy en una posibilidad de desarrollo, lo tenemos absolutamente vedado.

—Cuando se exponen denuncias sobre corrupción que vinculan a la expresidenta Cristina Kirchner y a funcionarios de su gobierno, ¿entra en tensión tú ideología? ¿Dudás del apoyo otorgado? ¿Cómo te parás ante eso?

—Desde que tengo uso de razón, la política es un lugar plausible de hechos de corrupción. La connivencia entre algunos gestores políticos y empresariales, y la posibilidad del retorno en contratos abultados, es conocida desde el comienzo de los tiempos. Existe.

—¿Dirías que es endémico de un sistema?

—Es endémico de un sistema y quienes lo llevan adelante son personas que han decidido eso. Decir que la política es corrupta, porque el sistema político puede dar lugar a la corrupción, es una falsedad. Por eso, un pensamiento de corrupción no me desbarata mi pensamiento político o mi convicción. En tal caso, lo dejo para que la Justicia, Justicia independiente, por otra parte, lo juzgue y llegue a la verdad luego de una recolección de pruebas. Cuando me hablás de los procesamientos de Cristina, te digo que un procesamiento es un juicio en camino, donde, más allá de las indagatorias, tienen que existir las pruebas para llevar adelante y para lograr las condenas. En el caso de que esas pruebas, que deben ser verdaderas, fruto de una Justicia independiente y no de una persecución política, arriben a una condena o juzgamiento, cada cual se hará cargo de lo que se tenga que hacer cargo. Lo que se hizo hasta ahora, en torno a ciertas prisiones preventivas sin tener condenas firmes o pruebas necesarias, es más una persecución política que una Justicia independiente y libre tratando de hacer justamente eso, justicia.

—Con miras al 27 de octubre, ¿apoyás una eventual candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner? ¿O te interesa una renovación en el Justicialismo con posibles nombres como los de Roberto Lavagna, Sergio Massa, o Juan Manuel Urtubey?

—Mi respuesta es Cristina Fernández de Kirchner con la posibilidad de un acercamiento de otras fuerzas para poder generar un gobierno de unidad que le de la posibilidad de llegar a los números para ganar. Ella me lo ha demostrado, me lo ha comprobado, durante ocho años de gobierno, que ese es el país al que yo quiero arribar. Un país con ese nivel de desarrollo interno, con un modelo que pone a los científicos en primer plano, donde hay un mercado interno fuerte que se apoya. Y donde el Estado promueve el desarrollo de las economías emergentes. Un gobierno que piensa en un sistema antimonopólico. Los países desarrollados han hecho ese camino. Incluso Donald Trump, que es un loco mesiánico que odia a los pobres, está generando un sistema industrial y comercial de apoyo y proteccionismo.

A futuro

—En los últimos años, la producción te ha cooptado. ¿Qué estás produciendo actualmente?

—Estoy desarrollando dos proyectos. Uno es un thriller que sucede en la triple frontera. No lo pienso como actor, sino como productor. Está en etapa de desarrollo, y sería para televisión. Y, con Rodrigo Grande, a quien le produje Al final del túnel, su última película, estamos desarrollando, junto con Axel Kuschevatzky, su próximo guión.

Trailer de Muralla - Fuente: YouTube

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—Más allá de El Kiosco, ¿qué proyectos te involucran como actor?

—Filmé mucho en los últimos años y se han apelotonado todos los estrenos durante esta temporada. Se estrenó Happy Hour y se estrenará Muralla, película que filmé en Bolivia sobre trata de personas.

Entre los nuevos títulos, el actor se encuentra grabando, a través de Paramount para Telefe, Atrapa a un ladrón, seriado de diez episodios basado en un clásico de Alfred Hitchcock, junto a Cecilia Rosseto, Alexandra Jiménez, Diego Alonso, Juan Pablo Geretto y Carlos Belloso. Además, a mitad de año, es probable que regrese a los escenarios. Lejos de cierta tendencia temática impuesta por ser efectiva, su idea es mostrar materiales provocadores como sucedió, en 2008, con la versión de The Pillowman, dirigida por Enrique Federman, que lo contó como protagonista y exhibiendo una faceta poco conocida, que lo alejaba del rol de galán: "A mí me gustan los proyectos revulsivos y generar incomodidad".

—Luego de La Leona, ¿existe en carpeta algún proyecto junto a Nancy Dupláa?

—Aquello fue muy intenso, nos trajo muchas satisfacciones. Pero, por ahora, la profesión nos lleva por caminos diferentes.

Es recurrente el deseo de la industria en reunirlo, en algún proyecto de ficción, con Natalia Oreiro, con quien estuvo en pareja durante seis años en la década del 90. Sin dudas, de concretarse alguna vez, generaría gran expectativa. De todos modos, en el presente, no existe tal posibilidad.

Con Natalia (Oreiro) hemos tenido una relación hermosa hace ya muchísimos años. Nos hemos querido mucho y nos apreciamos mucho

—¿Trabajarías, nuevamente, con Natalia Oreiro?

—Te diría que sí. Lo único que me genera dudas es lo que se provocará alrededor. Sería utilizado para generar mil y un presunciones sobre el pasado que tenemos en común con Natalia y para tratar de generar un conflicto presente. Estar en un proyecto donde lo que más va a llamar la atención tendrá que ver con lo extra artístico me genera dudas, pero habría que ver, analizar qué producto sería. No lo descarto. ¿Por qué lo voy a descartar? Con Natalia hemos tenido una relación hermosa hace ya muchísimos años. Nos hemos querido mucho y nos apreciamos mucho. Conocemos lo que somos como persona, sabemos de qué madera estamos hechos. Podría ser una experiencia muy positiva.

—Hay cierto morbo en torno a esta idea. ¿Lo percibís así?

—El morbo es muy grande. Y hoy, a partir de las fakes news, se hablan de cosas que no existen. Antes, los medios ponían signos de preguntas, hoy se afirma. Y uno tiene que salir a rebatir y a contestar algo que te agota, te resta tiempo. Por otra parte, no es justo, es entrar en ese juego. Pero, si surge un proyecto que valga la pena, lo estudiaremos en profundidad.

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