Con un toque de magia

En La Boca se estrena el primer infantil del año: La nota mágica, de Luis Borda, una comedia musical dirigida por Ricky Pashkus
Laura Ventura
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27 de junio de 2014  

Crédito: Silvana Colombo

Felipe Colombo abre los cajones de un mueble de boticario pintado de azul que le gustaría tener en su casa. Florencia Otero prefiere una silla roja con un respaldo labrado. Hay olor a pintura fresca en el ambiente. Estos objetos integran la escenografía de La nota mágica, la comedia musical que se estrena el domingo en el Teatro de la Ribera, en el barrio de La Boca, a metros de Caminito. El director Ricky Pashkus predica con el ejemplo. Fue el primero en llegar y supervisa con su varita y su experiencia los detalles de un ensayo general que pronto comenzará en esta sala oficial del Complejo Teatral de Buenos Aires.

La apuesta del realizador no se trata de teatro infantil, sino de teatro para toda la familia. Colombo confiesa que está convencido de que su mejor amigo, Benjamín Rojas, se descostillará de risa en varias escenas. Pashkus convocó a un elencazo para esta propuesta que debuta en los albores de las vacaciones de invierno y que resultaría muy difícil de reunir -por las agendas de los actores y el tamaño del cartel- en otro tipo de obra.

La nota mágica cuenta con un elenco brillante: Rodolfo Valss, Mariú Fernández, Germán Tripel, Esteban Masturini, Julián Pucheta, Francisco Ruiz Barlett, Pedro Velázquez, Sofía González Gil y Julieta Gonçalves le dan vida a La nota mágica, de Luis Borda. Además, esta obra cuenta con una banda de músicos integrada por Juan Ignacio Vaccaneo, Andrés Ollari, Luciano Buongiorno, Pedro Ahets, Santiago Cerviño y Fabiana Betelu, y con arreglos y la dirección vocal de Marcelo Macri.

El título original es El perrito petitero y la nota mágica, pero luego fue apocopado. Escrita por el músico Luis Borda, esta obra toma la leyenda de la pérdida de esta poderosa nota del pentagrama que Carlos Gardel pudo hallar y sacarle lustre con su voz. Este mito está ubicado en el seno de un grupo de amigos que juega en su barrio.

–¿Hacer teatro infantil es lo mismo que hacer teatro para toda la familia?

Ricky Pashkus: –Tengo la sensación de que sí lo es. Trabajé con Hugo Midón, pero no me dediqué al público infantil en particular. Creo que cuando decimos que no nos gusta el teatro infantil o cómo actúan en él es por la percepción de algo mal hecho. Llevar a un chico al teatro no es ir a quedarse como una planta sentado en la butaca. Hay que apostar a recuperar la capacidad de juego de los adultos.

–¿De qué modo se abordó el texto?

Pashkus: –En un comienzo el San Martín nos asignó el horario de las 20. Entonces elaboramos muchas ideas y chistes, nada burdo, claro, para un público diferente, muy amplio, que vendría a esa hora. Finalmente logramos el horario que queríamos, que es este que haremos. No le saqué nada de la versión anterior, es el mismo espectáculo, pero el horario hace que cambie el público. Esto fue algo muy positivo. Por ejemplo, leímos poesía de Kavafis para poder acercarnos al material.

Florencia Otero: –¡Ricky está loco! Es la persona más intuitiva que conocí en el último tiempo. Nos hizo jugar, subirnos a ese absurdo.

–¿De qué modo aparece lo mágico?

Felipe Colombo: –Aparece, pero no como te imaginarías que puede ocurrir en otras historias, con esa fantasía. Lo mágico es el valor que hay en tener confianza en uno mismo, las capacidades que tiene una persona y que pueden surgir gracias al entorno que lo contiene.

Pashkus: –De modo muy natural, en un barrio, un grupo de amigos jugando, adoptando roles, tiene la capacidad de cambiar todo el tiempo. En esas peripecias comprenden que son ellos mismos quienes construyen su autoestima y valoración.

–Florencia, vos tenés mucha experiencia en obras infantiles y en musicales, ¿en qué cambia tu trabajo de musicales cuando te dirigís al primer público?

Otero: –Los chicos son muy sinceros. Soy tía de diez sobrinos. Te dicen "me gustó" o "no me gustó". No hay más vueltas que ésa. Busco que se crean el cuento y eso hace que tengas que trabajar vos misma, como actriz, con la ilusión, con volver a ser un niño. Si yo misma no me lo creo, los chicos menos todavía.

–¿Se va cayendo el prejuicio de que una sala oficial no puede albergar al musical?

Otero: –Tengo el recuerdo de las obras que iba a ver cuando era chica, donde los artistas no hacían todas las disciplinas. Había algunos que cantaban en el cuerpo de baile o entre los actores. Ahora esto no es así y todos nos preparamos para poder hacer las tres cosas. Actores como Julio Chávez se ponen a hacer un musical y a tomar clases durante muchos meses. Que pasen estas cosas ayudó a que se dejara de pensar que los musicales son textos livianos.

Colombo: –Admito que no soy público de musical, pero cuando vine de México me impactaron esta tradición y escuela de musical tan increíble en Buenos Aires. Creo que hoy ya no existe más este prejuicio. Veo a mis compañeros con todo ese talento y pienso que cada uno de ellos podría hacer cualquiera de los personajes. Entonces no sería lógico que se subestimara al musical. Después de esta experiencia, quiero pertenecer a este mundo.

Pashkus: –Un día voy a hacer el A Chorus Line del musical argentino, para contar los entretelones de este género. Hay un clisé, que es que mucha gente que tiene esta virtud y que se dedica al musical reniega de él, preferiría hacer una obra de texto… como si fuese un padecimiento tener este don.

La obra tiene dos lecturas, explica Pashkus, una más literal con moraleja ("me encargué de que quedara bien clara, bien explícita, y no es otra más que la voz propia es la más importante"), y otra más absurda: "Infantil, divertida, simple y vistosa… como mi hija", acota Colombo.

Es la primera vez que Pashkus, Colombo y Otero se lucirán en un teatro oficial. Si bien el primero trabajó como coreógrafo con Hugo Midón (Locos ReCuerdos) y con Gerardo Hochman (Cyrano), es su debut como director en este circuito. El realizador, acostumbrado a grandes puestas en escenarios comerciales (Los productores, Hairspray, Sweeney Todd, El joven Frankenstein y Pingo argentino, entre otras), convocó a Colombo, "una figura de la tele" para el protagónico, y a una estrella del musical, como es Otero, con quien nunca había trabajado.

–Ricky, ¿cómo armaste este elenco?

Pashkus: –En cada espectáculo armo los elencos de modo distinto. En el teatro comercial las presiones son diferentes a las del off. Pero en ambos elijo en general guiado por la intuición y por la fe. Lo mismo ocurre con el teatro oficial: el protagonista tenía que ser un actor conocido y, por ende, de la tele. Esta era la condición que tenía del San Martín. Luego de llamar a Felipe reuní a un dream team de artistas, que me dijeron que sí de inmediato. Lo curioso es que llamé a gente que en su mayoría no conocía. Todos me dijeron que sí sin preguntarme el tamaño de su papel porque querían trabajar en este circuito.

–¿Cómo fue el desafío tras tantos recitales [con Erreway y con su banda RoCo], de incursionar en el musical, Felipe?

Colombo: –Viniendo de donde vengo, de otro tipo de teatro, que me llamara Ricky y para hacer teatro en el San Martín es algo que venía esperando hace mucho tiempo. Era un sueño.

–¿Por qué a Ricky se lo llama maestro?

Colombo: –Porque tiene la capacidad de poder transmitir al otro que el mejor maestro de cada persona es uno mismo, no tanto por enseñarte qué y cómo se actúa en un musical. Ricky te enseña cosas de vos mismo, aspectos que incluso pueden no gustarte, pero que te van a servir para otros trabajos, para tu carrera, incluso para tu vida.

La nota mágica

De Luis Borda

Teatro de la Ribera, Pedro de Mendoza 1821.

Jueves y viernes, a las 14; sábados ?y domingos, a las 15.30.

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