Este sábado, a los 83 años, falleció "Donvi" Vitale, padre de Lito y Liliana, fundador de M.I.A. (Músicos Independientes Asociados)
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El viejo problema que apunta Fabián Casas: ¿cómo dar cuenta de una persona en su totalidad? Y, en este caso, el problema es doble porque la persona en cuestión atravesó el camino de su vida con una intensidad equivalente sólo a su discreción. Hablamos de Rubens Marcos Vitale, más y mejor conocido como Donvi. Un hombre que hasta este sábado, antes de dejar el plano físico, pareció atravesar la historia argentina del último siglo como si fuera un personaje de Roberto Arlt.
Los episodios se suceden como en un caleidoscopio: Donvi de niño, introducido al anarquismo por los linyeras que visitaban Maza, su pueblo natal; Donvi mirando a Bairoletto y su pandilla de bandidos rurales mientras juegan un partido de paleta; Donvi retirado por un patrullero después de tomar una fábrica; Donvi presentando una extraña invención en un programa conducido por Antonio Carrizo; Donvi como secretario ad honorem del gran guitarrista Oscar Alemán; Donvi quemando ejemplares de El Descamisado en la parrilla familiar de Villa Adelina; Donvi escuchando a oscuras Atom Heart Mother y armando los ficheros de M.I.A. (Músicos Independiente Asociados) con su compañera Esther Soto; Donvi explicando los primeros rudimentos de la autogestión a los Redondos; Donvi tirando las partituras por el aire y empujando a improvisar a alumnos como Andrés Calamaro o Fer Isella; Donvi renovando su sirviñaco con Esther y peinando infinitamente a sus nietos; Donvi entregando El Goyete –su premio- a tipos como Hugo Fattoruso y Palo Pandolfo; Donvi frente a su inmensa biblioteca, subrayando cada libro y esgrimiendo como nadie el secreto arte de la conversación.
Una de las últimas veces que lo vi fue, justamente, frente a su biblioteca: si no me equivoco, durante febrero o marzo de este año. Habíamos llegado hasta la casona de los Vitale para rodar algunas escenas de un documental que permanece inédito. Además de registrar a Pablo Dacal cantando una canción de Leonardo Favio con Lito sentado al piano, nuestro objetivo era el diálogo con Donvi sobre la canción popular. Por entonces, el querido Rubens andaba con un bastón de tres patas, el pelo largo y una camisa color mostaza. Movilizado por la naturaleza del documental, llamó a la productora e hizo su única exigencia: quería que maquillaran sus orejas. La maquilladora quedó perpleja, pero no le quedó más remedio que hacer su trabajo. Donvi estaba chocho. Ese gesto –en apariencia absurdo- encierra la picardía de los maestros zen y todos los condimentos del universo Vitale: teatralidad, música, humor, concepto, ternura y profundidad histórica. En una palabra, sabiduría.
Esa misma tarde, viajamos a Villa Adelina para visitar la casa donde había nacido M.I.A.: es decir, el colectivo artístico que fraguó el núcleo duro de la autogestión en la música argentina. El grupo de artistas (entre los que estaban sus hijos Lito y Liliana, Alberto Muñoz, Juan Del Barrio, Verónica Condomí, Nono Belvis, Kike Zanzol, etc.) nucleado alrededor de su familia para fundar el sello Ciclo 3 y calentarse las manos en los años del terrorismo de Estado. Caminamos por el barrio, rodamos unas secuencias y, al cabo de un rato, un montón de vecinos comenzaron a acercarse. Querían abrazarlo y, sobre todo, charlar con él. Fue un momento muy emocionante que, recién ahora, puedo ver como el cierre de un círculo: Donvi no dejaba cabos sueltos.
Una semana atrás, Esther nos comunicó sobre su delicado estado de salud. Finalmente, este sábado nos llegó el mensaje de Liliana: "Se fue del cuerpo en paz, sin dolores, sin quejas, sin deudas. Se tomó su tiempo como siempre, hizo lo que quiso, como quiso, cuando quiso. Dio clases hasta el último minuto, puso a prueba en silencio esta vez nuestra capacidad de soltar el tiempo. Él tenía tiempo, nunca estaba apurado, no se dejó apurar, ni gobernar. Sólo por ella, su chica, dio marcha atrás o negoció o bajó alguna consigna porque nada fue más importante que el amor que supieron vivir. Cambió todo lo que pudo, pensó, se desdijo, dudó, lloró, luchó hasta el último instante de parado, dejó una estela de enseñanza".
La primera de ellas, es una distinción: Donvi no era un poeta. Es un poema.
Buen viaje, maestro.
Por Martín E. Graziano
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