Eduardo Frigerio, que en los 90 compuso para Pappo Napolitano, es el cráneo musical detrás de las canciones de la estrella de Disney
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Alla fuera hay una chica de san isidro llenando setenta y siete veces el Gran Rex. Martina Stoessel, que tiene 16 años y es hija de uno de los productores históricos de Tinelli, es desde hace un año la heroína de una fábula adolescente de comedia musical que cruza Glee con Hannah Montana, el primer gran fenómeno local producido por Disney y exportado al resto de América latina y Europa: Violetta.
Eduardo Frigerio es uno de los satélites de esa revolución. Desde su productora Néctar, en Saavedra, compone esos temas que son declaraciones de amor, amistad y libertad, de sueños cumplidos de alcanzar la fama, que después ella convierte en discos de platino (los tres discos que editaron, Violetta, Cantar es lo que soy y Hoy somos más, vendieron más de 440 mil copias). Esas canciones, según él, no son mucho mejores que las que grabó para Resistiré en 2003 o Dulce amor el año pasado, pero tienen a Martina al frente. "Nuestros temas están bien, pero ella tiene una energía que no se puede creer."
Antes de convertirse en un hit maker de televisión, Frigerio estudió arquitectura, coaching, canto, teatro y apareció, en 1987, tocando la guitarra en el segmento "Todo nuevo" de Badía y compañía. Cuando lo escuchó, Juan Alberto le preguntó de dónde había salido y lo mandó a firmar un contrato con EMI. En plena ola hiperinflacionaria, grabó un disco solista con el que nunca logró despegar del show íntimo en los bares, así que abrió una inmobiliaria mientras grababa algunos jingles para radio.
"Decodifico la necesidad musical de los demás", explica Frigerio
Un día le propuso a su amigo Sebastián Borensztein, hijo de Tato Bores, que armaran juntos los musicales de Tato de América, el programa de Canal 13. "Vos tirame una letra, decime qué artista viene y yo te compongo una canción asociada", le dijo. Era 1992 y, aunque nunca antes lo había hecho, los temas le salían en diez minutos. Y un día el invitado fue Pappo. Sebastián escribió la letra de "Mi vieja", Eduardo acomodó las notas y Pappo se cruzó, puteando, con el tema que lo iba a relanzar al mainstream. "Es una canción para chicos con voz de faso y campera de cuero", analiza. "Pappo la odiaba, pero el chiste funcionó."
Reina Reech, que trabajaba con Tato como diva de sus musicales, lo convocó al año siguiente para su primer trabajo infantil: hacer las canciones de Colores, en ATC. "Ahí aprendí a decodificar la necesidad musical de los demás", cuenta. Desde entonces, se dedicó a componer para televisión: en 1996 la cortina que había compuesto para la novela Alén, luz de luna fue nominada a los Martín Fierro y, en los últimos años, además de hacer canciones para varios éxitos del prime time, compuso para Axel, Panam, Gaturro.
Esta tarde, en su estudio, Frigerio tiene una hoja en blanco en su escritorio que dice "Violetta, tercera temporada, once canciones". Antes de sentarse a componer, la producción de Disney le pasa un brief con conceptos y aspectos clave del guión y de la historia. "La pregunta que me hago es si yo compraría la canción", dice. "No es un tema de estructura ni de estilo, puede ser un rap, pero lo importante es lo que me produce." Federico San Millán, su socio, trabaja en los detalles, decide que acá va un Hammond y allá un rasguido, pero antes Frigerio se ocupa de la letra y de la melodía. "Eduardo sabe contar historias con estribillos pegadizos", dice Martina. "Y sabe escuchar: cuando una nota me queda incómoda, lo hablo con él y la cambia."
"Yo soy la canción", dice él. "Trabajo para que la gente la cante de nuevo."
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